28 abril,2026 6:02 am

La extraña petición de Yolanda Andrade 30 años después

DE NORTE A SUR

Silber Meza

 

La actriz y conductora Yolanda Andrade, por mucho tiempo una figura relevante de la televisión mexicana en programas de entretenimiento, subió un video a Instagram donde lamenta la situación de inseguridad que padece México, en particular en materia de desapariciones. Conforme pasan los segundos, su reclamo va subiendo de tono; le pide a la presidenta Claudia Sheinbaum que se ponga “los pantalones” para enfrentar el problema de violencia que atraviesa el país y suelta un mensaje que llevaba tres décadas guardado: luego de citar el dicho de que el buen juez por su casa empieza, abre una caja sumamente dolorosa en la memoria del Culiacán de los noventa, y en particular de los familiares de Abraham Hernández Picos, Juan Emerio Hernández Argüelles y Jorge Cabada Hernández, los tres primos desaparecidos en la famosa colonia Las Quintas, tras asistir a una fiesta en la casa de Rolando Andrade.

Yolanda dice textualmente: “Rubén Rocha Moya, le pido por favor que se reabra el caso de los tres desaparecidos de Las Quintas, donde tiene que ver mi medio hermano Rommel Andrade. ¡Ándale, Rommel, habla!, vaya justicia por ese señor. No puede mi corazón quedarse callado”.

En el video, Yolanda reconoce que atraviesa una enfermedad, que está muy sensible, pero afirma que está perfectamente bien en sus capacidades mentales.

El caso al que se refirió es conocido en Culiacán como el de “los tres jóvenes desaparecidos de Las Quintas”, y es una de las grandes heridas abiertas de una sociedad que hace tres décadas no padecía los niveles de hiperviolencia que tenemos hoy en Sinaloa y en México.

La historia que han contado periodistas acuciosos –el gobierno nunca hizo su trabajo seriamente entre acusaciones de que Rolando Andrade había financiado parte de la campaña del entonces gobernador Renato Vega Alvarado–, empieza la noche del 29 de junio de 1996, durante la celebración de una fiesta en la casa de Rolando Andrade, padre de Yolanda y de Rommel.

Ese día –conforme a lo publicado por Noroeste, Ríodoce y La Jornada, entre otros medios– los primos Hernández llegaron a una fiesta en la casa de Rolando Andrade, que se dedicaba a la compraventa de cosechas, con inversiones diversificadas en las industrias de la madera y la construcción (y también se dijo que lavaba dinero para el banquero Carlos Cabal Peniche). Allí se toparon con su amigo Christian Álvarez, exnovio de Helga, la hija menor de Rolando Andrade. Christian y Helga discutieron. Una persona asistente a la fiesta le dijo a Rommel que estaban a punto de pegarle a Helga, su hermana, y él se lió a golpes con Christian. Los Hernández los separaron y Rommel, enfurecido, juró que se vengaría de ellos. Cuando los primos salieron de la fiesta, en las primeras horas del 30 de junio, la evidencia de las investigaciones advierte que unos policías municipales los interceptaron y, más tarde, los entregaron al equipo de seguridad de la familia Andrade.

Siempre se ha identificado a Rommel Andrade como el responsable directo de la desaparición, y esto siempre había sido negado por la familia, hasta ahora que Yolanda Andrade dice textualmente: “…donde tiene que ver mi medio hermano Rommel Andrade. ¡Ándale Rommel, habla!”.

La declaración se enmarca en la violencia cruel que padece Sinaloa, en particular Culiacán, con la escisión del llamado Cártel de Sinaloa y tras la muerte, en enero pasado, de Abraham Hernández, padre de Abraham Hernández Picos, uno de los últimos familiares visibles que pidieron justicia durante años.

Sobre el desenlace de la agresión de los primos Hernández hay dos grandes versiones; ambas apuntan a que fueron muertos por los Andrade. La primera es que los cuerpos de los tres jóvenes fueron ocultados entre los cimientos de una plaza comercial que nunca fue concluida en la colonia La Campiña, ubicada junto a Las Quintas. La mole de concreto quedó en obra negra desde entonces y allí sigue hasta la fecha.

La segunda es que los cuerpos fueron incinerados en el crematorio del DIF en la colonia Tierra Blanca, pero en ese entonces también había uno más en la ciudad de la empresa Moreh.

La herida nunca fue cerrada. Parte de la familia Andrade huyó a Las Vegas, en Estados Unidos, y poco o nada se ha sabido de ellos. La declaración de Yolanda Andrade remueve el doloroso caso y lanza el balón al gobernador Rocha Moya. La pregunta obligada es si el mandatario se animará a abrir de nuevo la indagatoria.