20 julio,2019 5:08 am

La Greta del planeta

Efrén E. García Villalvazo
Mar de Fondo 
 
Estamos hablando de Greta Tintin Eleonora Ernman Thunberg, la niña prodigio, la que presenta síndrome de Asperger y Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad como muchos niños en estos tiempos, pero que a sus tiernos 16 años y tras una ola de calor que provocó incendios forestales en Suecia en lugar de asistir a la escuela los días viernes se sentaba en las escaleras del Riksdag (Parlamento sueco) con un cartel que a la postre formaría un cráter en la civilización actual: Skolstrejk för Klimatet, en español “Huelga por el clima”.
De entonces a la fecha se han manifestado más de 20 mil estudiantes en 270 ciudades de varios países del mundo, dando a luz la convocatoria mundial para detener el cambio climático que se denomina Friday for Future. Autora de varios discursos ante foros mundiales tan importantes como la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas a finales del 2018 y el Foro Económico Mundial a principios del 2019 se le debe reconocer una gran virtud que es la que la ha ayudado a recibir varios reconocimientos internacionales e incluso que se le considere como posible candidata al Premio Nobel de la Paz: dice la verdad de frente.
El mensaje es fuerte y claro: los gobiernos no hacen ni han hecho lo suficiente para atender el calentamiento global y sólo actúan de acuerdo a sus propios intereses políticos de corto plazo. Y las consecuencias las pagarán “los que vienen detrás”, los jóvenes y los niños. Cuántas veces hemos escuchado en el discurso oficial de cualquier nivel que se exige que se eduque a los niños para que cuando “sean grandes” sean ellos los que corrijan todo el desastre que estamos provocando ahora. En palabras más ordinarias, tenemos la poca vergüenza de pedirle a la generación que aún está en la escuela primaria –y peor aún, que todavía no nace– que se haga cargo del mundo que les dejamos, con evidentes grandes desventajas: agua escasa y contaminada, temperaturas en aumento constante, zonas polares y glaciares en franco retroceso, contaminación de mares con plástico y compuestos químicos y radioactivos innombrables, pérdida acelerada de la biodiversidad, migración de especies fuera sus zonas tradicionales. En una palabra un mundo contaminado, sin recursos, recalentándose y como la misma Greta apunta, como una “casa en llamas”.
Es en esta generación que una niña por lo menos se alzó de la masa informe que sigue el trillado camino de la conformidad y el consumismo desaforado y gritó “¡Ya basta!”. Y lo hizo con un letrerito, Skolstrejk för Klimatet, y el enfoque y la voluntad de hierro que favorece las acciones de un autista.
Recuerdo haber leído hace tiempo una novela de ciencia ficción, en un escenario en que en una Tierra con recursos disminuidos al máximo –¿o al mínimo?– por consumos abusivos, la generación de los hijos cazaban, juzgaban y ejecutaban a la generación de sus padres por la situación de desventaja que habían heredado de ellos. Y la pena era de muerte, la misma que habían –esa sí– heredado de ellos. ¿Qué distancia hay de esta primera crítica proveniente de la Generación del Reclamo para que se convierta en una exigencia durísima y de ahí se brinque a un ánimo revanchista por negarles su futuro debido a nuestros consumos excesivos actuales, muchos hechos a nombre de los propios hijos justificando que se les quiere dar “lo mejor”?
Qué decir de los excesos abusivos aceptados socialmente sin chistar. Parece mentira que en la antesala de los 1.5 grados Celsius todavía en muchas partes del mundo se queme combustible por diversión, tal como en las carreras de autos, motos, lanchas, tráilers y todo aquel movimiento de vehículos que no sea estrictamente para transportar gente y mercancía. Aquí mismo tenemos nuestro caso local, con la celebración del Acamoto, quemando combustible y llantas como un acto reverencial de reconocimiento a nuestra adicción a los combustibles fósiles.
O que tal la quema a nivel global de centenares –o miles– de toneladas de cohetes para celebrar la entrada del Año Nuevo en todos los países del globo durante 24 horas. Todo un ritual absurdo, sobre todo que a principios de diciembre del año pasado recién se había logrado un acuerdo sostenido con curitas y alambritos en la Conferencia de las Partes 24 celebrada en Polonia en donde más de 185 países se “pusieron de acuerdo” para cumplir muy serios y responsables compromisos de reducir emisiones de bióxido de carbono equivalente de forma inmediata.
Y qué decir de la apuesta de nuestro gobierno federal de buscar nuevos yacimientos de petróleo en aguas marinas y la construcción de una nueva refinería para mantenerse en el renglón de un desarrollo económico basado en la quema de combustibles fósiles en lugar de sumarnos a la tendencia mundial –firmada por acuerdos internacionales– de cambiar de manera inmediata hacia una economía nacional basada principalmente en el uso energías alternativas.
Toda esta preocupación, al menos a nivel de gobiernos y masas, apunta hacia unas hiperdesarrolladas y vistosas simulaciones que tienen como única virtud apaciguar a nuestras acongojadas conciencias.
En la propuesta positiva local, nuestro amigo Leonel Lozano en Acapulco nos invita a unirnos a una serie de actividades a finales de septiembre para apoyar a este movimiento global promovido por jóvenes, en especial, por Greta. Esperamos que muchos jóvenes locales se sumen a esta gran manifestación en contra del suicidio masivo que hoy protagonizamos y que no lo hagan solo por cumplir una moda, un challenge más para filmar y subir a redes. Que asuman una lucha por su futuro que sus padres no hicieron en su momento. La cita es en la cabaña de los Guerreros Verdes del Parque Papagayo.
Hay mucho en juego, y ya lo notaron los herederos del planeta.  Esos son los jóvenes y niños del día de hoy. La Generación del Reclamo.
 
Twitter: @OceanEfren
* El autor es oceanólogo (UABC), ambientalista y asesor pesquero y acuícola. Promotor de la ANP Isla La Roqueta y cofundador de su museo de sitio, además de impulsor de la playa ecológica Manzanillo