20 julio,2019 4:56 am

La llegada a la Luna probó que no había fronteras para el hombre: Rodolfo Neri Vela

El guerrerense, primer astronauta mexicano, recuerda los 50 años de la proeza. El turismo y la minería, opciones para nuevas misiones al satélite, dice experta
Ciudad de México, 20 de julio 2019. Aquel verano de 1969, cuando Neil Armstrong se convirtió en la primera persona en pisar la Luna, hace 50 años, la mentalidad humana se transformó.
La misión Apolo 11, tripulada por Edwin Buzz Aldrin, Michael Collins y, a la cabeza, Neil Armstrong, probó que no había frontera que el hombre no pudiera superar si se lo proponía, considera el primer astronauta mexicano, Rodolfo Neri Vela.
“(La hazaña) tuvo un impacto profundo en la mentalidad de millones de seres humanos en el sentido de que muchas cosas se pueden lograr con disciplina, planeación y perseverancia”, advierte en entrevista.
“Las misiones Apolo inspiraron a varias generaciones de jóvenes a interesarse en la innovación, las ingenierías y la ciencia en todas sus ramas”.
Tal fue su caso, pues atestiguar la inigualable proeza, el ver a Armstrong y a Aldrin dando saltos en la Luna a través de las borrosas imágenes transmitidas en vivo hasta la Tierra, lo motivó a estudiar ingeniería en telecomunicaciones cuando apenas tenía 17 años y asistía a la Prepa 2 de la UNAM. “Aunque nunca pasó por mi cabeza, en mi juventud, el deseo de querer ir al espacio”, confiesa.
Pese a que el logro lunar coronó a Estados Unidos como el ganador absoluto de la carrera espacial frente a la Unión Soviética, con sus industrias y comunidades científicas fortalecidas gracias al programa Apolo, los beneficios se han extendido a todo el mundo.
Esto es así porque fueron creadas nuevas tecnologías que hoy día han sido aplicadas en infinidad de formas, detalla Neri Vela. Fue necesario, por ejemplo, inventar nuevos materiales que resistieran temperaturas extremas y fueran muy ligeros –por la gravedad–, con propiedades mecánicas nunca antes alcanzadas.
Pero, sobre todo, este singular hito científico y tecnológico hizo voltear la mirada hacia la propio globo y ser conscientes de su vulnerabilidad.
“Las primeras fotografías de la Tierra, tomadas por los astronautas desde la Luna, nos revelaron un planeta hermoso, pero frágil; inmerso en el negro del espacio y el ambiente hostil que lo rodea. Tomar conciencia de esto dio nacimiento al movimiento ecologista y la importancia de cuidarlo”, subraya.
Para el astronauta mexicano, el proyecto más importante después de la llegada a la Luna ha sido la construcción modular en órbita terrestre de la Estación Espacial Internacional, “la obra arquitectónica más emblemática del siglo XXI”, estima; un ejemplo de cooperación internacional que integró la participación de Rusia, Japón, Canadá, Estados Unidos y parte de Europa.
Asimismo, resalta los progresos obtenidos en la exploración marciana a través de rovers tan sofisticados como el Curiosity, que luego de varios años de su llegada a Marte aún envía a la Tierra importantes datos sobre la composición química de ese planeta.
“Está ayudando a la humanidad a dar el paso siguiente dentro de 20 años: la primera misión tripulada a Marte”, celebra Neri Vela.
Si bien la monotonía y la repetición hicieron que se perdiera el asombro en torno a enviar personas a la Luna, y las misiones Apolo dejaron de ameritar la primera plana de los diarios, un renovado interés de varias naciones por el único satélite natural de la Tierra está por llevar al ser humano de vuelta a él.
Entre estos nuevos esfuerzos está el programa de la NASA Artemisa –hermana de Apolo en la mitología griega–, que contempla el descenso lunar de la primera mujer en la historia y el ensamble de un portal orbital.
“Son proyectos que harán soñar a varias generaciones y permitirán el continuo desarrollo de la tecnología humana”, concluye el astronauta.
Razones para volver
A pesar de que la llegada del primer ser humano a la Luna fue, en buena medida, una demostración de superioridad, también hubo intereses científicos orientados a descifrar el origen de los cráteres lunares, la edad del astro y entender su sismicidad, detalla la astrónoma Julieta Fierro, para quien existen múltiples razones para regresar al satélite natural.
“Por intereses turísticos, de minería o (la instalación de) mejores telescopios, debido a la ausencia de atmósfera en la Luna, o (para probar) paneles solares más eficientes”, enlista la divulgadora.
Su colega Laurent Loinard, quien participó en el proceso de elaboración de la primera imagen de la sombra de un agujero negro, concuerda: “Los astrónomos estarían encantados de tener telescopios en el lado oscuro de la Luna, pues ofrecería condiciones de observación inigualables”.
Sin embargo, el investigador considera que una motivación para las nuevas expediciones es el desarrollo de tecnología y sistemas que, eventualmente, puedan llevarnos a Marte, un planeta potencialmente colonizable.
“Creo, personalmente, que los humanos terminaremos colonizando Marte, y el viaje a la Luna será recordado como el primer paso de un proceso mucho mas largo”, sostiene.
Una empresa difícil que requiere la suma de voluntades para poder conceptualizar una misión que lidie eficazmente con los diferentes retos que implica, enfatiza Juan José Díaz Infante, fundador de la Agencia Espacial Civil Mexicana.
“Marte es un problema de tiempo, no estás acostumbrado a viajar tres años en una nave espacial, sufriendo radiación y falta de gravedad. Llegar a Marte es un proceso complejo; plantearlo es un proceso complejo. Falta liderazgo, (hay) demasiados esfuerzos individuales. Falta cooperación en vez de competencia”, lamenta.
Al final del día, lograr concretar esto, con la Luna como un primer paso o no, va mucho más allá de una simple demostración de superioridad o de cualquier conflicto entre naciones.
“Saber sobrevivir en el espacio es saber sobrevivir en la Tierra. Cooperación es la clave”, concluye.
Producto de la Guerra Fría y aportación indirecta de los nazis
Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) entablan una dura disputa por quedarse con restos del cohete V2, el primer misil balístico de largo alcance del mundo. El cohete, desarrollado por los nazis, podía llevar casi una tonelada de explosivos a 300 kilómetros de distancia y fue responsable de la muerte de más de 7 mil personas, principalmente en Londres.
Terminada la guerra, ambos países encuentran varios V2 y empiezan a estudiarlos exhaustivamente, cada uno por su lado. Además, hacen todo lo posible por llevarse a sus países a científicos e ingenieros que hubieran estado involucrados en el diseño de esa poderosa arma.
Así es como Werner von Braun, diseñador en jefe del cohete V2 de la Alemania nazi, acaba trabajando para el ejército estadunidense, a cambio de un visado y el olvido de su pasado como miembro de las brutales SS.
Por su parte, altos mandos de la URSS buscan a alguien que pueda liderar su programa de desarrollo de misiles. Un nombre sobresale con fuerza: Serguei Koroliov, que había demostrado dotes excepcionales en cohetería amateur y parecía la persona ideal. Pero había un pequeño problema: se estaba pudriendo en un gulag de Siberia, víctima de la gran purga de Stalin. Ante la necesidad, también él fue perdonado a cambio de prestar servicios a la patria.
La Guerra Fría había empezado y los dos bloques se daban prisa en desarrollar sus propios misiles para poder alcanzar territorio enemigo en pocos minutos y sin casi oposición. Sin embargo, los misiles también abrieron la puerta a unos nuevos vehículos: los lanzadores espaciales, capaces de llegar al espacio y poner satélites y naves espaciales en órbita.
Así, la conquista del espacio se convierte en un nuevo escenario de la Guerra Fría. La URSS golpea primero: El 4 de octubre de 1957 pone en órbita el Sputnik, el primer satélite artificial de la historia.
Los estadunidenses reaccionaron poniendo muchos más recursos para recuperar el terreno perdido frente a la URSS. De hecho, el mismísimo Von Braun (el de los misiles V2) pasa a hacer cohetes para las NASA, lo cual, por otro lado, siempre había sido su sueño.
Todo esto no parece surtir mucho efecto. Los soviéticos son los primeros en lanzar un perro al espacio (la perra Laika), en lanzar a un hombre (Yuri Gagarin), en lanzar a una mujer (Valentina Tereshkova) y en hacer un paseo espacial.
En este contexto es cuando el presidente Kennedy hace un famoso discurso, en 1962, en el que se compromete a poner a un hombre en la Luna antes de que acabe la década
En la década de los 60 Estados Unidos realizaron una apuesta brutal para lograr el objetivo de llegar a la Luna antes que los soviéticos. Recursos casi ilimitados en forma de inversión, talento humano e instalaciones.
El final de la historia ya se sabe: la misión Apolo 11 certifica el fin de la carrera espacial.
¿Un futuro prometedor?
El alunizaje no fue un avance desinteresado de la ciencia. Lo que empujó a Estados Unidos fue el dominio geopolítico y la supremacía militar.
Es por eso que, tras el logro, los presupuestos de la NASA cayeron a una décima parte de lo que fueron en los años 60 del siglo pasado. El objetivo era llegar a la Luna primeros, y eso ya se había logrado.
En la actualidad, la aparición de empresas privadas, como SpaceX, del multimillonario Elon Musk, y nuevas agencias espaciales, como la China, están obligando a Estados Unidos, Rusia y Europa a despertar de su letargo
Texto:  Israel Sánchez / Agencia Reforma / Redacción
Foto: Agencia Reforma
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