13 diciembre,2025 4:02 am

La lucha armada no tiene sentido en una sociedad democrática, afirma uno de los iniciadores del EPR

 

Cualac, Guerrero, a 13 de diciembre de 2025.-  “Siempre fui inocente, sincero y hasta ingenuo… creía que todo mundo estaba en la guerrilla por convicción, por vocación humanitaria, pensando en las necesidades del pueblo”, pero no fue así, hubo muchos que “se aprovecharon y vivieron como reyes”, señala Margarito Nájera Moso, iniciador del Ejercito Popular Revolucionario (EPR) y miembro de otros grupos que creyeron en las armas como vía para tomar el poder político.

“Habiendo dinero salen los intereses de otro tipo”, continúa, y por ello cree que en la agrupación guerrillera “hubo una descomposición moral”, y que al criticar esas prácticas abusivas de algunos, “aparentemente nos expulsaron a muchos”, que enseguida fundaron el Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), donde surgieron nuevos problemas, desde el dinero hasta los protagonismos desmedidos, como el de Jacobo Silva, el Comandante Antonio, quien pensaba que su palabra era ley; y otra vez se dio una escisión de la que resultaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), sobre todo “con gente de Guerrero y de Oaxaca”.

Recuerda que al ser organización clandestina, sus miembros tenían vida privada, y para efectos de la organización se reconocían por seudónimos, cargos de estructura y operativos, “y aprovechando que nadie sabía de tu vida privada, les aparecían camionetas nuevas, casas, hijos en escuelas privadas…”, y cuando protestaron por esa situación “nos corrieron a la chingada”.

En entrevista con El Sur, en Cualac, el ex guerrillero cree que el “narcotráfico tiene una presencia que no imaginamos que tendría, y creció a la sombra del poder político… y hoy está presente en todos lados… son empresarios, políticos, comerciantes, religiosos”, y han echado raíces en muchas comunidades que los cuida y respalda, opina.

Treinta mil dólares por mes

Conocido en la vida clandestina y de militante como Pablo, Nájera Moso fue “comandante político y militar” en la zona de Zongolica, Veracruz, donde participó en procesos de organización social, y en el entrenamiento militar de aspirantes a guerrilleros, quienes tenían que “armar y desarmar un AK-47 y una pistola 9 milímetros, con los ojos vendados”.

Su zona, como “todas las zonas del país”, tenían un financiamiento de “30 mil dólares mensuales”, lo que servía para realizar operativos, entre los que destacaban secuestros que fueron importante base de financiación de su proyecto político que nunca contó con el respaldo social suficiente, salvo en pequeñas comunidades rurales y familias urbanas, como ha ocurrido con otras expresiones que han privilegiado las armas en la ruta de obtener poder. Entre esos secuestros recuerda el del empresario Harp Helú, a quien dice que también “educaron” y sensibilizaron socialmente.

No se arrepiente de su paso por una organización armada

La historia del EPR, según una versión, tendría más de medio siglo, habiendo surgido como Unión del Pueblo, y después, dada su primera ruptura, se transformó en PROCUP, y después en EPR, pero a lo largo de este periodo sufrió diversas rupturas, como parece ser mal crónico de los grupos de extrema izquierda que beben de fuentes ideológicas tenidas como sagradas y en torno a las que suelen comportarse religiosamente.

En opinión de Nájera Moso, “la lucha armada no tiene sentido hoy que se vive una sociedad democrática”, a pesar de todos sus problemas, y más claramente, no tiene sentido como vía para tomar el poder. “Lo tendría para atender otros problemas que afectan a la democracia, como los caciques, los narcos, los delincuentes que azolan a la sociedad”, reflexiona.

“Ya no tiene sentido andar de escondidos. La lucha armada se sustituyó por la lucha social abierta, masiva, pacífica, legal, en un proceso democrático al que nos integramos desde el 2012”.

Dice tener su concienia tranquila y que “no le debo nada a nadie”, ni se arrepiente de nada en su “modesta aportación, hecha por convicción, entregando todo, sin importar que incluso corriera el riesgo de la muerte”. Cree que la sociedad está en proceso de cambio irreversible, y que hay que seguir pugnando para alcanzar una sociedad más justa, sin el camino de las armas.

El EPR hizo su primera aparición pública en junio de 1996, en el aniversario de la matanza de Aguas Blancas, a la que se sumó alguna emboscada a policías en Cualac y otros actos simbólicos, como pequeñas explosiones en bancos.

Martín Equihua