
Chilpancingo, Guerrero, a 4 de enero de 2025.- La promotora de la salud reproductiva en municipios indígenas de la Montaña baja, Isabel Dircio Chautla, señaló que la violencia obstétrica, el machismo, y la pobreza, son causas de la muerte materna que coloca a Guerrero en los primeros sitios de incidencia en el país.
En entrevista telefónica, precisó que, en los diálogos con compañeros activistas de derechos a la salud reproductiva en la entidad, coinciden en que los casos tienen diferentes contextos e incidencia en cada región.
En este sentido, consideró que la Secretaría de Salud debe tener una mirada del problema por regiones.
Incluso, señaló que se pensaba que la región Montaña alta era donde más casos se habían registrado, pero la mayor cantidad está documentada en Acapulco.
Explicó que en la presentación de un estudio de violencia obstétrica en Acapulco, en noviembre pasado, expertos señalaron que ahí se ubica la mayor cantidad de muertes maternas.
De acuerdo con el reporte de la Secretaría de Salud federal, que informa de manera general sobre este problema, Guerrero ocupa el cuarto lugar nacional en muertes maternas, con 35 defunciones hasta la primera semana de diciembre de 2024, además de 13 defunciones “tardías y (por) secuelas”.
Presenta también la mayor tasa de Razón de Muerte Materna en la gráfica Mortalidad Materna por Entidad de Residencia y RMM 2024, donde el promedio nacional es de 26.1 por cada 100 mil nacimientos estimados, y Guerrero tiene el mayor pico nacional con 53.3, seguido de Chihuahua con 48.9 y Campeche con 46.9.
En el primer cuatrimestre de 2024, Guerrero también tenía la mayor tasa de RMM.
La también representante de la organización Zihuame Xotlametzin AC, informó de su experiencia en el acompañamiento a embarazadas en Chilapa y municipios de la montaña baja.
Indicó que el año pasado hubo complicaciones de parto en mujeres jóvenes, en otras porque no tuvieron informacion oportuna, por la falta de recursos ir al médico de sus comunidades a las cabeceras municipales, o por miedo de ir solas.
Por ejemplo, indicó que si se enteran de un caso de muerte materna, de un mal parto o de maltrato, las mujeres ya no quieren ir a los hospitales, “porque las van a matar”. “Nosotras decimos que no es cierto, y las parteras en las comunidades, las acompañan a los hospitales”.
Aclaró que no todo el personal de salud violenta a las mujeres, sin embargo es un reclamo de diferentes lugares, de acuerdo son diferentes diagnósticos.
Consideró que uno de los principales retos del sector Salud, es de atención y otro de presupuesto, para que haya médicos, obstetras, ginecólogos, ya que la atención suele retrasarse por falta de personal y de medicamentos.
Asimismo, dijo que debe haber información para que las mujeres embarazadas, recuperen la confianza de ir a un hospital para recibir una atención digna.
Enfatizó que la violencia hacia las mujeres, y en este caso la violencia obstétrica, se debe atender con perspectiva de género.
Reconoció que hay avances en la capacitación y sensibilización del personal de atención médica, pero aún no están observando todo lo que las mujeres indígenas y afromexicanas deben pasar para llegar a pedir atención desde que salen de sus comunidades.
Incluso, dijo que el personaje genera confusión entre las usuarias y usuarios, por su lenguaje contradictorio.
Señaló el caso de hace unos años, un esposo que llevó al hospital a su hijo neonato, nacido en la comunidad con apoyo de una partera, y lo regañaron por no haber llevado antes a su esposa, porque la afectación del bebé era por complicaciones de parto.
A esa misma persona, con otro embarazo de su esposa, le dijeron que para qué la lleva antes, si todavía le faltaba.
“Les hablan de una forma no amable, donde se sienten cuestionados. No hay empatía y conocimiento de lo que ocurre con una embarazada”.
Texto: Lourdes Chávez


