La periodista mexicana que viajó 150 veces con tres papas
La carrera de Alazraki en el Vaticano comenzó por casualidad: como estudiante de periodismo en Roma hizo varias contribuciones para la cadena mexicana Televisa. Moda, cine, monumentos, “cosas ligeras”, como ella dice. Roma, Italia, 24 de febrero de 2019. Armada con un sombrero mexicano y un micrófono, salió “como una loca” de su escondite detrás de las plantas y le hizo una pregunta a Juan Pablo II. Han pasado 40 años desde aquella escena, y era la primera vez que Valentina Alazraki viajaba con un papa. Nadie ha pasado más tiempo en el cielo con un pontífice que la periodista mexicana de 64 años.
La decana de la prensa vaticana no se perdió tampoco hasta ahora ninguno de los 27 viajes del papa Francisco al exterior. Anteriormente había volado 23 veces con Benedicto XVI y 100 veces con Juan Pablo II alrededor del mundo. En algunos países estuvo varias veces.
Las fotos que decoran las paredes del estudio de Alazraki en el norte de Roma documentan sus encuentros con los papas: un cálido apretón de manos de Juan Pablo II, un beso en la mejilla del papa Francisco. De manos de este último recibió incluso un pastel en el avión para su 60 cumpleaños. También el pesebre de Navidad en su apartamento fue un regalo del papa argentino.
Pero acompañar a los papas en el avión no significa que todos los periodistas se puedan acercarse a ellos como lo ha hecho Alazraki. Los reporteros ocupan la parte trasera del avión, mientras que Francisco va sentado con su séquito vaticano en la parte frontal de la nave.
En los vuelos de ida al extranjero, el papa visita a los periodistas, les da la mano y recibe los regalos que algunos de ellos traen consigo. En los vuelos de regreso da conferencias de prensa, tradición inaugurada por el papa Juan Pablo II. “Fue el primer papa que concedió entrevistas en las alturas, y lo hizo mientras la salud se lo permitió”, dice Alazraki.
La carrera de Alazraki en el Vaticano comenzó por casualidad: como estudiante de periodismo en Roma hizo varias contribuciones para la cadena mexicana Televisa. Moda, cine, monumentos, “cosas ligeras”, como ella dice. En 1978 cubrió la muerte de Pablo VI y se suponía que regresaría a México poco después, pero a petición de su redacción se quedó un mes más para narrar la elección del papa Juan Pablo I quien murió sólo 33 días después.
“Así que me dijeron que me quedara más tiempo. Al ser elegido Juan Pablo II, todos comprendieron inmediatamente que era completamente diferente a los papas anteriores. Así que mis jefes me preguntaron: ‘¿Por qué quieres regresar a México? Hablas italiano, conoces el Vaticano, y ahora ha sido elegido como papa un hombre excepcional'”. Valentina Alazraki entrevista a Juan Pablo II en su primera visita a México, 1979. Foto: tomada del blog de Jovel Álvarez, “Papel y Lápiz”.
Para Alazraki, comenzaron años que retrospectivamente llama históricos. De hecho, las imágenes de los viajes que relató pasaron a la historia: el papa Juan Pablo II en la India, donde conoció a la Madre Teresa. O en Sudáfrica con Nelson Mandela. O en Cuba, junto a Fidel Castro. O en el Muro de los Lamentos en Jerusalén. “Durante los primeros diez años, fue como ir tras un hombre que está escribiendo historia”, dice Alazraki.
Junto con los papas cambiaron también los viajes. Juan Pablo II emprendió viajes largos y frecuentes, lo que le permitió construir una relación humana con los periodistas. “Cuando algún dictador latinoamericano comenzaba a dar sus discursos demagógicos a su llegada a un aeropuerto, siempre nos miraba como diciendo: ¡Lo que tenemos que soportar! En ese momento nos convertíamos en sus cómplices”.
Benedicto XVI era más reservado, recuerda la periodista: “La relación con nosotros en el avión se limitaba a las conferencias de prensa”. Benedicto XVI, a diferencia de Juan Pablo II o Francisco, siempre se ciñó estrictamente a los textos de los discursos preparados. “Con Francisco hay que estar muy atento porque las cosas más interesantes suelen ser las que improvisa”, dice Alazraki.
Pero no son sólo los papas los que marcan la diferencia. “Los teléfonos móviles y los ordenadores portátiles son una nueva fuente de estrés y han cambiado completamente la forma de trabajar de los periodistas”, dice Alazraki y añade que las medidas de seguridad son tan estrictas que ya no es posible aproximarse a un papa de la manera que se hacía en el pasado.
En la comitiva del papa todo está sujeto al protocolo y a un horario estricto. “Es todo menos un viaje turístico”. Del país que se está visitando no se ve nada. “Prácticamente vivimos entre aeropuertos, salas de prensa, estadios u otros lugares donde el papa celebra la misa. Somos como un pequeño paquete que corre todo el tiempo detrás de él”.
¿Pero viajar con los papas no se vuelve aburrido con el tiempo? Cada viaje es diferente, dice Alazraki. “Y los viajes no siempre dependen sólo del papa, sino de la situación del país y de la situación de la Iglesia en ese momento”. Cuando Juan Pablo II fue a Chile en 1987, el país era “súper católico”. “Cuando volvimos con Francisco el año pasado, la situación era completamente diferente”. La Iglesia chilena se encuentra en una profunda crisis de confianza después del escándalo de los abusos.
En comparación, el viaje a Panamá a finales de enero para participar en la Jornada Mundial de la Juventud fue más fácil para el papa Francisco, quien también causó sensación con su reciente viaje a los Emiratos Árabes Unidos, la primera visita de un pontífice a la península arábiga. Y también la primera de Alazraki.