17 agosto,2026 6:31 am

La política es así

Silvestre Pacheco León

 

El jueves 6 de agosto fue detenido y sometido a proceso el ex gobernador de Guerrero Ángel Aguirre Rivero, acusado de haber ordenado destruir las videograbaciones de las cámaras de vigilancia instaladas en el Palacio de Justicia de Iguala, material que daría cuenta de la detención y desaparición de los jóvenes estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del año 2014 cuando viajaban en un autobús de la empresa camionera Estrella de Oro.

Pasaron 12 años de los hechos sucedidos en Iguala cuando Ángel Aguirre Rivero fue aprehendido bajo el cargo de obstrucción de la justicia y la desaparición de personas de acuerdo con las acusaciones en su contra formuladas por la Fiscalía General de la República basadas en los testimonios de la ex visitadora del Tribunal Superior de Justicia de Guerrero, Blanca María del Rocío Estrada Ortega y la ex magistrada y presidenta del mismo Poder Judicial del Estado Lambertina Galeana Marín, las cuales sostienen que el ex gobernador ordenó la destrucción del material videograbado por las cámaras instaladas en el Palacio de Justicia de Iguala para ocultar los hechos que relacionaban a su asesor y sobrino, Ernesto Aguirre Gutiérrez, con el cártel criminal de Guerreros Unidos, el cual habría ordenado la ejecución de los estudiantes porque supuestamente eran considerados sus enemigos, miembros del grupo criminal de Los Rojos.

El ex gobernador de Guerrero Ángel Aguirre Rivero ha sido un activo personaje de la política en el estado, de los más longevos, con un nutrido historial desde el gobierno de Alejandro Cervantes Delgado, sucesor en el poder local del cacique Rubén Figueroa Figueroa a principios de los ochenta.

Durante medio siglo el ex gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero, economista egresado de la UNAM, se desempeñó como servidor público y representante popular ocupando diversos cargos en el gobierno estatal. Fue coordinador del programa Fortalecimiento Municipal y luego secretario de Gobierno con Alejandro Cervantes Delgado. Con José Francisco Ruiz Massieu fue secretario de Desarrollo Económico y luego coordinador del salinista programa Solidaridad en la Costa Chica.

Fue diputado federal a finales de los noventa y dirigente estatal del PRI de 1993 a 1996, luego ocupó el interinato de gobernador en los últimos tres años del sexenio de Rubén Figueroa Alcocer quien renunció al cargo al conocerse como autor intelectual de la masacre en el vado de Aguas Blancas de Coyuca de Benitez contra los miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur en el vado de Aguas Blancas ocurrido el 28 de junio de 1995. Del 2003 al 2006 fue nuevamente diputado federal y en seguida senador de la República, todos esos cargos como miembro del PRI.

Ángel Aguirre Rivero renunció al PRI en 2010 porque su partido prefirió a Manuel Añorve Baños como candidato a gobernador y para conseguir su propósito no tuvo empacho en negociar con el PRD la candidatura, lo cual le abrió la puerta de la izquierda en Guerrero haciéndose gobernador con el apoyo de la coalición formada por el PRD, el PT y MC en tiempos de Rosario Robles como dirigente nacional perredista, cargo al que renunció tres años después a raíz de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa el 26 de septiembre del 2014 dejando como sucesor al académico Rogelio Ortega.

Retirado del poder pero no de la política, Aguirre Rivero desde el 2014 estuvo imposibilitado de acceder a algún cargo de representación popular por la permanente oposición de los padres de familia y de los normalistas de Ayotzinapa que lo señalaron como responsable de los hechos, sin embargo su activismo lo mantuvo como líder del casi desaparecido PRD y también de grupos regionales que hacen política en la izquierda. Cuando menos de dos personas de esas organizaciones he escuchado definirlo como un “tanque” de la política y quizá esas mismas influyeron en la idea de aprovechar cierta vena que tiene como escritor para contar su versión sobre los hechos políticos en los que ha sido actor. Eso explica que desde junio del 2018 se haya propuesto escribir una columna semanal en El Sur que bautizó con el título de La política es así, en la que ha dado cuenta desde hace ocho años de sus experiencias como gobernador y analista del acontecer político nacional, con algunas reflexiones sobre la vida pública del estado y del país y un recuento de anécdotas cuyo contenido a veces resulta mucho más ilustrativo de hechos relevantes que luego quedan opacados por la formalidad.

El ex gobernador Aguirre Rivero que en sus dos períodos en ese cargo sumó seis años, ha insistido en muchas ocasiones que su actividad política siempre estuvo animada por un interés genuino de ayudar a los demás aunque en su larga vida pública le gane el pragmatismo de mantenerse en el poder a toda costa, alejado de la justicia, mirando sus intereses personales antes que los de otros.

Con ese origen de costeño dicharachero y ladino, muy propio de los ganaderos nacidos en las cabeceras municipales de nuestro estado, que se sienten dueños de todo y se burlan del débil, Aguirre Rivero ha reproducido a lo largo de su vida ese modelo de cacique con tanta tierra fértil en Guerrero.

Su afán de mantenerse vigente y protagónico a la ofensiva contra quienes mira como potenciales enemigos, Ángel Aguirre se levanta desde su estrado provinciano para pontificar sobre cualquier tema. Lo mismo le da ofrecer un huipil como regalo a la presidenta de la República que recomendarle actuar en Guerrero en tal o cual sentido poniéndose por encima de quien gobierna para aconsejar en temas que no le resultaron destacables durante su gestión.

Ha criticado duramente a Morena porque repite los mismos errores que llevaron al PRI a su defenestración y trata de eludir toda responsabilidad que lo liga con muchos de los hechos violentos que se han sucedido en el estado.

Tlachinollan tiene a la mano todo el historial actualizado del ex gobernador que en estos momentos en que se le enjuicia vale la pena tener presentes como lo ocurrido en Aguas Blancas el 28 de junio de 1995, esa masacre de 17 campesinos que lo elevó al cargo del Ejecutivo, y también el de la Costa Chica en El Charco, municipio de Ayutla de los Libres donde el Ejército mató tres años después de lo ocurrido en el vado de Aguas Blancas a once campesinos del ERPI e hirió a cinco cuando estos ya se habían rendido.

Esos dos casos, más la desaparición de los normalistas en Iguala, son los tres emblemáticos que muestran la enorme distancia entre lo que decía y hacía, porque nunca hubo justicia, y le apostó siempre al olvido cobijado por la amplia capa de la impunidad que le dio el tejido de complicidades que construyó.

Espero que con su detención se logre saber el destino de los jóvenes estudiantes desaparecidos y que su castigo alcance al sobrino que pretendió salvar.