
Acapulco, Guerrero, a 1 de febrero de 2025.- La colonia Progreso, producto de una de las tantas expropiaciones ejidales por la expansión del municipio durante la década de 1940, es aún atractiva para ser habitada o establecer un pequeño negocio porque es concurrida y es céntrica, pese al deterioro de sus áreas comunes y el alza de la inseguridad en los últimos años.
Como pocas colonias de Acapulco, la Progreso cuenta con varios parques y está cerca de diversos servicios, resaltaron vecinos consultados por El Sur por motivo de ser una de las 10 zonas consideradas dentro de la estrategia de seguridad Guerrero por la Paz. Pidieron el mejoramiento del espacio público y alumbrado en las calles porque en las noches está “muy solo”.
El mercado, el Centro Avanzado de Atención Primaria a la Salud (CAAPS), la Unidad Deportiva de Acapulco (UDA) y las canchas de la avenida Durango son algunos de los espacios más utilizados y cada uno presenta su propio desgaste interno y en sus alrededores que no han sido atendidos por el gobierno después del huracán Otis.
La toma de tierras y la expropiación del ejido
El 28 de enero de 1947, en los albores del gobierno de Miguel Alemán Valdés (1946-1952), se publicó en el Diario Oficial de la Federación el “acuerdo por el cual se considera de utilidad pública, la realización del plan de financiamiento presentado por la Junta Federal de Mejoras Materiales de Acapulco, Gro., consistente en adquirir los terrenos ejidales que se indican”.
El documento considera que “la mayor parte de los terrenos ejidales circunvecinos del Puerto de Acapulco, no reúnen las condiciones necesarias para su aprovechamiento en la ganadería o agricultura y sí, en cambio, puede darse a los ejidatarios terrenos en mejores condiciones, provistos de obras de riego, casas habitación, escuelas, etc., etc., en otros lugares de susceptible aprovechamiento para los campesinos”.
La Junta Federal de Mejoras Materiales adquirió los terrenos ejidales Pie de la Cuesta, El Jardín, Santa Cruz, El Progreso, El Placer, La Garita, Icacos, El Veladero, Las Cruces, El Marqués y Revolcadero, para la realización del Plan Regulador del Puerto de Acapulco.
La académica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Elmy Lemus Soriano, indica que cada ejido expropiado respondió a un proyecto urbanizador distinto, en el caso de El Progreso “se estableció una colonia proletaria donde el metro cuadrado fue vendido a razón de 4 pesos”, dinero que “sirvió para la urbanización y la construcción de un complejo sistema de abastecimiento de agua y de electrificación del puerto”.
Antes de la expropiación, apunta el académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Francisco Gómez Jara, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), el Partido Comunista local y la Unión Fraternal de Mujeres Trabajadoras de la luchadora social María de la O, conglomerados en el Comité Directivo Defensor de la Propiedad Urbana y Rústica de Acapulco, se pronunciaron a finales de 1945 y principios de 1946, por una planificación del municipio “con absoluto respeto a los intereses de la mayoría de la población”.
En su texto Acapulco: despojo y turismo, Gómez Jara señala que la segunda actividad del comité en ese último año consistió “en organizar la invasión de terrenos baldíos para fundar la colonia Progreso. Toman los terrenos situados a un costado de la fábrica La Especial, y más tarde, obligan a la Junta Federal de Mejoras Materiales a urbanizar. Es el primer acto de paracaidismo en el puerto”.
El mercado de la Progreso, referente de la colonia
Los padres de Leobardo Robles Martínez llegaron de Chilpancingo a la calle Nuevo León en 1945 y él nació en 1960, sus primeros recuerdos son de un campo con pocas viviendas y de un río del Camarón “chingón”, donde nadaba y podía sacar pescado; “ahora es una porquería”.
Sus padres vendían fruta y legumbres como parte de los puestos del mercado de la Progreso dispersos en esta calle y en la Chihuahua y la Coahuila, los caminos eran de tierra y la mayoría de los vecinos eran comerciantes que venían de otros municipios del estado.
El mercado abrió sus puertas en su ubicación actual de la esquina de la avenida Durango y la calle Bernal Díaz de Castillo el 1 de agosto de 1970, cuando la colonia estaba en pleno proceso de urbanización.
El vecino histórico de la colonia indicó que un momento importante para el mercado y la colonia fue el huracán Paulina, donde murió “demasiada” gente por el derrumbe de las casas habitadas, además de las personas arrastradas de las colonias altas del anfiteatro que bajaban en el caudaloso río.
El huracán Otis voló el techo del mercado, repuesto meses después por la gestión de los mismos locatarios. El basurero que se encuentra a un costado se desbordó, al igual que otros muchos puntos de Acapulco; en la visita de la semana pasada parecía limpio, pero a veces el camión de la basura tarda hasta cuatro, cinco días sin pasar, y en sólo 24 horas ya está lleno porque vecinos de la Progreso y otras colonias tiran sus desechos ahí.
El mercado se salvó de ser rapiñado porque desde temprano los locatarios cerraron el paso y a más de 15 de meses del meteoro, el mercado es uno de los más repuestos del municipio, pero el carnicero consideró que aún no se han recuperado de los daños de Otis “porque bajaron mucho las ventas”.
Un edificio de departamentos recién remodelado enfrente del mercado ejemplifica, como otros nuevos ubicados en la avenida Niños Héroes, la vitalidad de la colonia, pero Leobardo Robles expuso que desde el gobierno panista de Felipe Calderón (2006-2012) ya no se puede andar en la noche y pidió que la renovación de la franja turística también alcance a la Progreso porque el drenaje de la calle Nuevo León está colapsado.
Frente al mercado de la Progreso se encuentra uno de los cinco parques de la avenida Durango, donde los vecinos de la colonia y de otras partes del municipio vienen a jugar y a practicar distintos deportes pese al deterioro que muestran algunas de sus áreas.
En el parque colindante a la avenida Michoacán se puede ver por las mañanas al grupo de unas 15 mujeres que practican zumba, y en las tardes están niños y adolescentes jugando futbol o voleibol.
José Guadalupe Piceno Linares, de 34 años, recordó sus tardes de adolescencia cuando bajaba a echar la reta en este parque y fue testigo de su transformación de tener cercas alambradas como paredes a los actuales barrotes instalados hace unos 10 años.
El parque tiene dos canchas, en una sobrevivió el techo al huracán Otis y en la otra no, es esta segunda donde ya ni están las pequeñas porterías de metal ni las canastas de basquetbol, sólo se ve hierba crecida en los alrededores.
En el parque de enfrente se practica el patinaje en sus rampas grafiteadas, que son utilizadas diariamente por jóvenes que conviven con el olor de los conocidos burritos de la avenida Niños Héroes, uno de los tantos puestos de comida que cada vez más son instalados en esta vía que por las tardes y noches es frecuentada para comer.
Sin embargo, alrededor de las 10:30 de la noche ya no hay tanta gente, el alumbrado público falla y José Guadalupe dejó de ir a la UDA porque la avenida se vuelve solitaria y hay una sensación de inseguridad.
La cancha de beisbol de la gran unidad deportiva está descuidada, la alberca de clavados está sin agua y las gradas de la cancha de futbol están descarapeladas, pero la dirección afirmó a este periódico que 600 personas acuden diariamente a practicar distintos deportes.
Como diría José Guadalupe, es mejor vivir en esta colonia que en otras porque “todo está cerca”.
De los cinco parques el más deteriorado es el que está a un costado de la iglesia San Cristóbal, el columpio y la resbaladilla tienen partes oxidadas, algunos barrotes de las orillas están tirados desde Otis y nadie recoge la basura.
Las abandonadas instalaciones del Centro Cultural Progreso, inaugurado en 2014, alguna vez albergaron talleres de distintas disciplinas, su último impulso lo tuvo al ser sede de la Escuela de Iniciación Artística de Acapulco G65, pero ésta se mudó en noviembre pasado a la avenida Constituyentes.
El memorial de las víctimas de la violencia de la iglesia San Cristóbal
En la banqueta de la entrada de la iglesia San Cristóbal está cimentada una pequeña cruz negra con el nombre de José Manuel Sánchez, quien murió en este lugar el 14 de septiembre de 2018.
Siete días después fue inaugurado el Memorial de Víctimas de las Violencias, iniciativa de la organización Cáritas Acapulco, la fundación Santina de Italia y la Arquidiócesis de Acapulco, que consiste en la colocación de cuadros color crema en los que están inscritos nombres de personas asesinadas y desaparecidas.
El mural de mujeres y niños tomados de la mano está dañado por el paso del huracán categoría 5, pero ya se está buscando su restauración, comentó el sacerdote Adolfo Silva Pita, al frente de esta iglesia desde el 14 de marzo del año pasado.
El último viernes de cada mes se celebra una misa en honor a las víctimas de la violencia y la iglesia promueve la paz desde la niñez en la catequesis, indicó el párroco de 55 años, quien llegó a la colonia cuando tenía cinco y el ambiente era más “seguro”.
Por ser una de las primeras colonias del municipio, observa, mucha gente tiene familiares viviendo en la colonia Progreso, normalmente gente adulta mayor, y los jóvenes que se mantienen son emprendedores de negocios.
Es una colonia con “potencial” por estar céntrica, pero hacen falta “servicios públicos de calidad”, una parte de la calle de un costado no ha sido pavimentada después de que una fuga de agua fue reparada, la ruta alimentadora del Acabús ya no pasa, hay baches y no hay alumbrado público en algunos partes.
El CAAPS, los talleres mecánicos, las cenadurías…
Atrás de la iglesia se encuentra el mercado campesino, que ocupa cada vez más las banquetas del entorno y encierran al CAAPS, cuya infraestructura data de la década de 1950, pero su nombre actual es de la década de 1990; por contar principalmente con ginecólogos, sólo atiende partos.
Actualmente los trabajadores sindicalizados se encuentran en protesta por las evidentes malas condiciones en las que laboran desde el paso del huracán Otis, por ejemplo, en el segundo piso se trasmina el agua, denunció una trabajadora. En 2022, el entonces secretario de Salud federal, Jorge Alcocer Valera, anunció que se convertiría en el Hospital de la Mujer.
En contraste, a un costado está una reluciente Unidad de Salud IMSS-Bienestar Vallarta, no obstante, los problemas de agua y de falta de trabajadores de limpieza, comentaron empleadas.
Tres cuadras más abajo, en la esquina de las calles Manuel Acuña y Sonora un eterno deshuesadero ocupa parte de la vía pública, y a lo largo de esta segunda calle y la paralela 18 de Marzo se encuentran un sinfín de talleres mecánicos que ocupan todo el espacio que pueden agarrar.
Un estudio de académicos de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) de 2023 registran 64 talleres en la colonia y demuestran con base en un cuestionario que el 70 por ciento no le da ningún tratamiento a los residuos generados, pese a que muchos son peligrosos.
El combate al dengue tiene como punto de referencia la colonia Progreso por la gran cantidad de restos de carros hacinados en las calles, el último programa municipal fue en junio pasado y se centró en los alrededores del multifamiliar Juan Álvarez de la calle 18 de Marzo, inaugurado en noviembre de 1958 y que también muestra su deterioro.
En la esquina de esta calle con la Ricardo Flores Magón hace años existía una cenaduría muy concurrida por los vecinos, actualmente sólo quedan en las noches algunos antojitos mexicanos dispersos en la avenida Michoacán.
Texto: Ramón Gracida Gómez / Foto: Carlos Carbajal


