23 junio,2019 6:00 am

Las 7 vidas de los gatos de Palacio Nacional… y la austeridad

Algunos llegan a pensar que los felinos tienen 155 años, pero es claro que no es así, aunque no se sabe si serán su descendencia. En el sexenio de Zedillo recibieron mayor atención. A cambio, controlan a las ratas.
Ciudad de México, 23 de junio de 2019. No es insensato creer que los gatos viven en Palacio Nacional desde la época del Emperador Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota. Fernando del Paso propagó la versión en Noticias del Imperio.
Ahí relata que Carlota no comía nada sin que un gato probara antes los alimentos. “No puedo imaginar cómo me las hubiera arreglado sin la Señora Kuchacsévich y sin el gato, que probaban toda mi comida antes que yo”, dice en la novela.
Algunos llegan a pensar que los gatos tienen 155 años, pero es claro que no es así, aunque no se sabe si serán su descendencia. Lo que es un acuerdo entre trabajadores es que la actual camada de felinos procede del sexenio de Ernesto Zedillo. Es posible que ya estuvieran antes, dicen, pero fue con Zedillo y su esposa, Nilda Patricia, con quienes recibieron más atención. Comida, agua, desparasitaciones. A cambio, los gatos controlaron a las ratas.
Tiene sentido: Zedillo, uno de los Presidentes más tacaños en la historia, que usaba relojes de plástico, hacía su propia cama e invitaba a comer a condición de que el convidado pagara, habría consentido a los gatos para ahorrarse el raticida.
Veinte años después, llegó a Palacio otro Presidente obsesionado con la austeridad republicana y juarista. Así, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha cancelado lo mismo la compra de medicamentos que los viajes de los científicos. Su gobierno no ha metido más gatos a Palacio, pero quienes cuidaron a los 19 que viven entre los jardines por donde se paseó Carlota, aseguran que planeaba sacrificarlos pensando en ahorrarse algunos pesos.
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Carmen Hernández tiene la licenciatura en Economía en la UNAM y estudios de doctorado en la Universidad de California. Entre 2014 y 2016 fue subdirectora de la Unidad de Comunicación Social de la Secretaría de Hacienda. En su hora de comida, acompañaba a su jefa, Hilda Ramírez, egresada del CIDE, a recorrer el Jardín de la Emperatriz alimentando a los gatos.
Desde entonces los rumores decían que eran de la época de Carlota o Zedillo. Lo cierto es que cada año aumentaban. La mayoría había nacido ahí, pero otros habían sido abandonados por los visitantes. Hilda Ramírez incluso adoptó a “Tiburón”, que dejaron en 2015. Ambas dejaron de trabajar en 2016. Hoy están en la iniciativa privada, pero Carmen siguió yendo cada semana a darles de comer.
Ella sabe de memoria el nombre de los 19 y de media docena de los que han muerto de 2014 a la fecha. Sabe que “Kira” es amarilla, atigrada y tímida porque deja de comer si se acercan a ella y no regresa. Que “Princesa” y “Calpurnia” son amigas, aunque antes se llevaban mejor. Que “Samurai” es una gatita de ojos rasgados que para llevarla a operar tuvieron que pedirle a los soldados que la atraparan. Que los hijos de “Mamá Gato” son “Bombonetes” y “Carrusel”. Que “Carrusel” se llama así porque es muy nervioso y cuando le llevan de comer da vueltas y vueltas. Que “Dorita” es la gata más feral de todo Palacio, porque nunca se acerca a comer y solo va a los croqueteros. Que “Gato Gordo” murió de un paro cardiaco después de que lo mordió un perro del Estado Mayor Presidencial. En tres cajitas de madera, tiene las cenizas de “Chimuelo” (2002-2015), “Gato Gordo” (2005-2015) y “Betsy” (2006-2015).
En marzo, sus ex compañeros le dijeron que como “medida de austeridad republicana” a todos los gatos de Palacio iban a sacrificarlos. “Creían que había una partida presupuestal para su comida, pero eso no es cierto, porque nosotros compramos el alimento”, dice.
La mañana del 28 de mayo le confirmaron que los sacarían. La economista de 36 años pensó en llevarlos a una asociación civil. Hilda, que en 2015 había denunciado por Twitter al dueño de un vocho con un león blanco a bordo en Eje Central, le aconsejó que lo hiciera igual.
“Amigos, tengo algo triste que contarles. Como algunos de ustedes saben, soy una señora de los gatos. Pero tal vez no sabían que los gatos que alimento y cuido (hasta donde puedo) son los de Palacio Nacional”, publicó en su cuenta, @Carmen_Hern.
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#ConlosGatosNo, el hashtag tuit de Carmen, alertando de la muerte de los felinos, se volvió trending topic.
En un país con más de 5.5 millones de gatos domésticos, según datos de la organización AnimaNaturalis, activistas y periodistas buscaron a Carmen. Su tuit inicial ha sido reenviado 17 mil veces. La diputada de Morena Leticia Varela Martínez emitió un comunicado de apoyo. “Por los que no tienen voz”, dijo.
De inmediato, la SHCP negó que fueran a matarlos. Aseguró que la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM iba a revisarlos. El vocero presidencial rechazó también que fueran a sacrificarlos.
“Los encontramos muy bien. No estaban flacos ni desnutridos, nada más con ligeros problemas en la piel y sólo había uno que no estaba esterilizado”, dijo el secretario de la FMVZ, Alejandro Rodríguez Monterde.
“Se dieron cuenta que les iba a costar mucho acabar con los gatos en pos de la austeridad, porque difícilmente los pueden acusar de corruptos”, considera Hilda.
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Hoy se puede observar a algunos gatos deambular por el Jardín de la Emperatriz, detrás del edificio donde se prepara la llegada de la familia presidencial.
A Carmen le han preguntado si le hubiera pedido personalmente a López Obrador que intercediera por los gatos y ella contesta que no. “Hay cosas más importantes que han sufrido de esta ‘austeridad republicana'”, dice.
Sin embargo, considera que esta amenaza es un ejemplo de las medidas de austeridad aplicadas sin un diagnóstico a fondo.
“Uno no hace austeridad matando 19 gatos”.
Texto: Jorge Ricardo / Agencia Reforma
Foto: Paola Urdapilleta / Agencia Reforma