26 diciembre,2024 4:33 am

Las remesas son “sangre, sudor y lágrimas”, no solamente estadísticas, dicen migrantes

 

Tlapa, Guerrero, a 26 de diciembre de 2024.-  Irse a trabajar a Estados Unidos (EU) sigue siendo un objetivo de vida para cientos de jóvenes de la región Montaña, y un buen sector de éstos lo logra, con el respaldo de redes familiares que les facilitan el préstamo inicial para el pago de 22 mil 500 dólares que cobran “polleros especiales”, con quienes pasan sin contratiempo la frontera, asegura el también migrante Santiago Vázquez Palomar.

“Los envíos de dólares de nuestros familiares no son sólo números, sino como dice el dicho, ‘son sangre, sudor y lágrimas’”, dice por su cuenta Ana Lilia Germán Trinidad, quien recuerda que para ganárselos tienen que trabajar mucho, en los trabajos más pesados del campo o la construcción; en restaurantes, tiendas, talleres y otros empleos muy pesados.

Un tío de Ana Germán pasó la frontera por primera vez hace 40 años y, desde entonces, encabeza la red familiar que respalda a otros miembros a través de préstamos, contactos de traslado o trabajo.

Ese camino abierto por él lo han seguido hermanos de la entrevistada, que radican en los estados de California y Washington, en el oeste de EU.

Santiago Vázquez, de Chimaltepec, asegura que su hermano pagó “22 mil 500 dólares. Más de 400 mil pesos”, que dentro esta modalidad salió a principios de diciembre y llegó sin problemas a Nueva York, pues hace tiempo que se conectaron a “polleros efectivos, que son gente de allá mismo”.

Agrega que ellos no tendrían mayor complicación en pasar a mexicanos por la frontera, pues sólo llevan a dos o tres migrantes en sus camionetas, y lo más seguro es que a los agentes migratorios de allá “les den algo. Porque mi hermano me dijo, y lo dice otra gente, que cuando abren las cajuelas y los ven, solo dicen que no hay nada y cierran rápido y pasan”.

Quienes usan esta vía van con trabajo seguro, y lo primero que hacen es juntar para pagar, “parte aquí y parte allá, con pura familia”.

Después de pagar la deuda del pollero, la mayoría envía para “levantar casa de material”, que se construye en etapas, o para invertir en locales o cuartos para renta, o para atención de enfermedades u otras necesidades de familia.

En todo caso, envían para forjar un patrimonio familiar que, de otra forma, la economía regional no les permitiría, “por eso siempre mandan, aunque sea poquito”, dice Santiago Vázquez.

Originaria de Cuyustlahuac, del municipio de Alcozahuca, Ana Germán Trinidad es egresada de la Universidad Intercultural del Estado de Guerrero. Cree que a ella y otros jóvenes tal vez les cueste más trabajo hacer vida en la Montaña, pero está convencida de que “en México también se puede asegurar un futuro de trabajo y dignidad”, aunque está consciente que cruzar la frontera sigue siendo un ideal para cientos de jóvenes mixtecos, tlapanecos y nahuas, de unos 20 municipios de la región, con la esperanza de alcanzar una mejor calidad de vida, “pero sobre todo pensando en nuevas generaciones, pues los jóvenes que se van viven el sacrifico del trabajo pesado, pensando en sus hijos que aún no nacen”.

“Sangre, sudor y lágrimas”, dice Ana Lilia Germán, parafraseando a Churchill, y agrega que en sus familiares migrantes ha observado también esa tristeza especial por la ruptura de la comunicación familiar, como su abuelo, “que nunca pudo comunicarse con sus nietos, pues él no podía hablar bien el español, menos el inglés, y pues aunque se veían por video, nunca pudieron decirse nada y eso le daba mucha tristeza”.

Así, mientras persista la falta de empleo y el mal pago que hay, como los múltiples proyectos fallidos de dependencias, presuntamente contra la pobreza; mientras persista el racismo institucional, expresado en exclusión social y la condición de alta vulnerabilidad en que está situada la población regional, las remesas seguirán batiendo récord y oscilando, en Tlapa, como “corazón de la Montaña” y no sólo como municipio, con alrededor de 400 millones de dólares; en Guerrero, en torno de los 3 mil millones y en México, por arriba de los 65 mil millones de dólares, lo que nunca se debe leer con alegría, pues como Ana Lilia recuerda, las remesas también son símbolo de esfuerzos indecibles.

Texto y foto: Martín Equihua