
Texto y fotos: DPA
Oporto, Portugal, 25 de abril de 2018. Los transeúntes despistados no dan crédito al ver las largas colas que se forman ante la librería Lello. Se trata de una escena habitual en el número 144 de la rua das Carmelitas de Oporto, en el norte de Portugal. A menudo, la fila da la vuelta a la calle y la tienda cobra incluso una entrada de cuatro euros (4.8 dólares). Mientras que en muchos lugares se lamenta la desaparición de las librerías, a ésta no dejan de llegar visitantes de todo el mundo.
La librería Lello siempre ha sido considerada como una de las más hermosas del mundo, pero un pequeño aprendiz de mago es el culpable de que en los últimos años se disparase la cifra de visitantes.
“Si uno es fan de Harry Potter, debe venir aquí al menos una vez”, dice Jan, un alemán de 23 años, ante la estrecha fachada de estilo gótico. La escritora británica J.K. Rowling vivió a principios de la década de 1990 en Oporto, donde fue profesora de inglés. Al parecer, las escaleras de la escuela de magia de Hogwarts están inspiradas en la librería Lello.

“Desde principios del siglo XXI aumentó el número de visitantes pero desde entonces casi no hemos vendido libros”, explicó a DPA el portavoz Manuel de Sousa. Por eso, la librería estuvo al borde de la insolvencia hace cuatro años, pero alguien tuvo la idea de cobrar entrada. “Fue muy controvertido también a nivel interno, hubo muchas discusiones”, confiesa.
Uno de los que estaba en contra es José Manuel Lello, que dirige la librería desde 1980 como miembro de la quinta generación de una familia de libreros. Fue su tatarabuelo quien fundó la librería, editorial e imprenta en 1881. Los escépticos a cobrar entrada alegaban que no eran un museo o un parque temático de la literatura. Pero tras meses de debate, el jefe se dejó convencer a regañadientes y resultó ser una idea afortunada.
Además de cobrar entrada desde 2015, la librería también se adaptó al nuevo público y los libros de Harry Potter ocupan ahora un lugar muy destacado. También se venden traducciones de obras de escritores portugueses como Fernando Pessoa o José Saramago y la mitad de los libros que ofrecen están en inglés, alemán, francés, español e italiano. Pero la estrella en todos los idiomas es Harry Potter. Si se compra un libro, el precio de la entrada se descuenta al pagarlo. Y por supuesto que también han empezado a vender souvenirs como jabones, postales y perfumes.
El cobro de entrada no ha disuadido a los visitantes, al contrario: en 2017 la cifra creció un 20%, hasta los 1.2 millones. Y la mayoría no entran sólo para hacerse una foto. El volumen de ventas pasó de un millón de euros en 2015 a 5.1 millones en 2016 y a 7.2 millones el año pasado. También se disparó la cantidad de libros vendidos, de 50 mil ejemplares en 2015 a 280 mil en 2017, y la plantilla pasó de siete a 45 empleados. El negocio marcha tan bien que en 2016 se destinaron dos millones de euros a trabajos de renovación.

“Los turistas ya no sólo gastan dinero en las vinotecas a orillas del río Duero”, bromea Sousa, que muestra con orgullo la librería de estilo modernista. Impresionan los revestimientos de madera y los techos elevados, pero el centro de todas las miradas es, por supuesto, la famosa escalera de peldaños rojos que lleva al piso superior.
Considerada como la “catedral de los libros” en Portugal, la librería Lello está en su ubicación actual desde hace 112 años. Los hermanos José y Antonio Lello encargaron su construcción a principios del siglo XX al ingeniero Xavier Esteves. Fue el primer edificio de hormigón armado de Oporto y su inauguración en 1906 se convirtió en un acontecimiento nacional.
Entonces se dio cita la élite política, cultural y social donde hoy pasean los fans de Harry Potter. Durante la visita, Sousa tiene que pararse continuamente para que pase la multitud. “En verano es todavía peor, llegamos a tener 5 mil visitantes al día”.
Sousa sabe que tienen mucho que agradecerle a J.K. Rowling. Pero, ¿es consciente la autora? “Nunca más ha vuelto, quizás la invitemos”.


