28 octubre,2024 9:39 am

Los altares de muertos son más que un ritual, ayudan a procesar el duelo, dicen

Alejandra Carrillo / Agencia Reforma

Guadalajara

Algunos los hacen en miniatura, con papel picado y fotos pequeñas. Otros incluyen comida, las flores y los colores que dice la tradición. Incluyen a uno o a todos sus familiares y hasta a sus mascotas que partieron al “más allá”.

En las escuelas muchos lo dedican a funcionarios importantes, a héroes de la Patria o a íconos del cine y la música nacional. Otros van al panteón. De alguna u otra manera, la cultura del altar de muertos relacionado con tradiciones que van más allá de la Conquista sigue viva y celebrada incluso en el cine global.

“Es una de las tradiciones considerada como patrimonio inmaterial de la humanidad, es importante que no solamente nos quedemos con el chocolate y el pan de muerto sino que profundicemos en los orígenes ancestrales de esta tradición”, asegura la investigadora Rosa Alhelí Cervantes Macías, profesora del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la UdeG y quien trabaja en el Departamento de Teorías e Historias.

“Desde nuestros antepasados prehispánicos se trataba el concepto de la muerte de una manera distinta a la que conocemos, el acto de morir era el inicio de un nuevo camino hacia el Mictlán, un viaje en donde iban acompañados por el xoloscuincle que los guiaban” dijo.

En suma, el altar de muertos como lo conocemos hoy en México tiene su origen en una fusión de tradiciones indígenas prehispánicas y creencias cristianas que llegaron con la colonización española. Las costumbres ancestrales se integraron por los españoles con el calendario y las festividades católicas, como el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos celebradas el primero y segundo de noviembre respectivamente.

El origen

Antes de la llegada de los españoles, las culturas mesoamericanas como los mexicas, los mayas, purépechas y totonacas celebraban a la muerte y rendían tributo a sus antepasados.

Los mexicas, por ejemplo, tenían una festividad dedicada a Mictecacíhuatl, la “Señora de la Muerte”, y a su esposo Mictlantecuhtli, los dioses del inframundo o el Mictlán.

Los pueblos prehispánicos ofrecían en estos rituales alimentos, bebidas y otros objetos a sus muertos para que tuvieran provisiones en su viaje al inframundo así como flores, copal, panes de amaranto y ofrendas con sacrificios humanos, según plantean investigaciones de autores como Ximena Chávez Balderas en su libro Sacrificio Humano y Tratamientos Postsacrificiales en el Templo Mayor de Tenochtitlán.

Hasta el siglo 16 todavía se hacía este ritual a los señores de la muerte.

“Poco a poco se fueron modificando estos rituales, porque finalmente recordar a los difuntos es un fenómeno que se ha dado a nivel mundial en todos los tiempos”, dice la doctora Cervantes.

Según han investigado en el CUAAD, hasta el siglo 20 en las familias de Guadalajara era una costumbre hacer el altar en las casas, pero como ha cambiado también el acceso al espacio privado, hoy los espacios culturales recuperan la tradición porque es generadora de identidad cultural.

“Los altares representan a la tierra, con el cempasúchil, el fuego en las veladoras, el agua que se deja para la sed de los visitantes y el aire con el papel picado que se mueve en el ambiente libremente”, explica.

Para ella es importante seguir recuperando la tradición del altar de muertos, especialmente para los niños y los jóvenes.

“Estamos en un tiempo donde todo tiende a estandarizarse, todos vestimos igual, compramos los mismos objetos y celebramos igual, tiende la globalización a estandarizarnos, pero nosotros, a diferencia de otros países, tenemos un pasado muy rico, una historia maravillosa que si nosotros olvidamos va a desaparecer, esas costumbres de recordar a nuestros difuntos vamos a ver solo en películas y museos. Es como abrir la puerta para dialogar con el pasado”, dijo.

Complemento para el duelo

Alejandra Martínez Fernández, profesora del Departamento de Clínicas de Salud Mental del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la UdeG, señala que los altares de muertos forman parte de un ritual importante para procesar el duelo por un ser amado.

“Son espacios donde es socialmente aceptado que las personas expresen dolor, llanto, enojo y tristeza, pueden conectar con la experiencia del duelo por la persona fallecida y ayuda a digerir y procesar lo ocurrido”, señala la especialista.

“Son rituales funerarios que no son opcionales, sino que son necesarios para ayudar a procesar sentimientos difíciles. Durante la pandemia todos estos ritos fueron restringidos, así como las velaciones e incluso las misas dedicadas a los fallecidos, y sí se observó de manera importante que se estaban experimentando duelos complicados y hasta patológicos”.

Mientras tanto en el altar de muertos se puede hablar del familiar fallecido, honrarlo, dedicarle pensamientos y ofrendas, recordarlo y compartir con otros anécdotas importantes.

“Hablarlo es terapéutico, ayuda a procesar lo que está ocurriendo”, dice la maestra Martínez Fernández.

“Tienen la función de darnos acompañamiento de manera colectiva, como suele ser la elaboración de los altares, es acompañamiento de la comunidad de la persona que falleció y que está al mismo tiempo en duelo. También atienden la función de atender la parte espiritual y el significado de dónde está el familiar, si va a venir o estará en contacto. Los altares ayudan a la parte psicológica, social y espiritual”.

La especialista señala que a veces el acompañamiento social puede significar presión sobre la persona que vive el duelo, por lo que recomienda a quienes acompañen a los dolientes no ejercer ningún tipo de obligación emocional.

“Es muy importante dejar que el 70 por ciento del tiempo hable la persona en duelo y solo el 30 por ciento la persona que la acompaña. No es necesario darles consejos o pedirles animarse, salir o en general que cambien lo que sienten. Cada persona tiene su tiempo, su ritmo, su momento y no podemos forzar un estado emocional para la persona”.

“No hay que juzgarla ni decirle que está bien o mal lo que siente, lo que piensa o lo que hace. Hay que recordar que no existen dos duelos iguales, son únicos con sus factores particulares que influyen. Recordar que podemos pedir ayuda especializada en tanatología pero que en general tenemos la capacidad de recuperarnos de estos eventos, la pérdida es inevitable, pero cada uno lo hará de manera diferente”.

No solo en México

Si bien los altares son una celebración exclusiva de México, muchas culturas lidian con el duelo de formas distintas y todas tienen actividades para procesar la pérdida y para despedir a los difuntos.

En Bolivia, por ejemplo, algunas comunidades conservan los cráneos de sus seres queridos pues se cree que contienen parte del alma de los difuntos; en la isla hinduista de Bali se celebran cremaciones íntimas y en algunos casos masivas en medio de grandes fiestas para no impedir la transición de los difuntos hacia su siguiente estancia.

Hay culturas en donde no está permitido rezar o cantar y es requerido el silencio en las ceremonias de despedida. Incluso hay algunas culturas en las que no se sale a la calle durante el luto o no se toman baños durante cierto tiempo.

“Los rituales influyen profundamente en la manera en que procesamos nuestro duelo, en las formas en que se permiten o no se permiten expresar sus ideas, sentimientos y recuerdos. Afortunadamente en México se permite hablarlo, cantarlo, llorarlo, celebrarlo y acompañarlo”.

Foto: Archivo