
LA POLÍTICA ES ASÍ
Ángel Aguirre Rivero
La historia se mueve con la fuerza de los pueblos que entienden su momento. Y el reciente discurso del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, no es un pronunciamiento diplomático más. Es, en esencia, la declaración doctrinaria de un nuevo orden mundial basado en el retorno del interés nacional, el fortalecimiento de las fronteras, la reindustrialización y la defensa de la soberanía como principio rector de la política exterior.
Desde mi experiencia como legislador, como gobernador de Guerrero y como actor político que ha vivido las complejidades de nuestra relación con Estados Unidos, entiendo que este discurso no está dirigido únicamente a Europa. Está dirigido también, de manera implícita, a México. Porque cuando Estados Unidos redefine su papel en el mundo, redefine también el papel de sus vecinos.
Rubio es claro en su diagnóstico: el mundo ha abandonado una ilusión. Afirma que tras el fin de la Guerra Fría, Occidente cayó en el error de creer que había llegado “el fin de la historia”, que el comercio sustituiría a la soberanía y que el mundo podría funcionar sin fronteras. Pero advierte con contundencia: “Era una idea absurda que ignoraba tanto la naturaleza humana como las lecciones de más de 5000 años de historia documentada. Y nos ha costado muy caro”.
Ese “costo” tiene nombre: pérdida de soberanía económica, debilitamiento industrial y, sobre todo, la crisis migratoria. El secretario de Estado no duda en señalar que “abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo”.
Estas palabras no deben interpretarse como una simple postura ideológica. Son la base de una nueva política de seguridad nacional de Estados Unidos, donde la migración deja de ser un fenómeno social y económico para convertirse en un asunto estratégico.
Para México, este cambio implica retos profundos.
Durante décadas, nuestra relación con Estados Unidos se ha sostenido en una interdependencia inevitable. Compartimos más de tres mil kilómetros de frontera, una integración económica sin precedentes y una realidad humana que no puede ignorarse. Pero en el nuevo paradigma que plantea Rubio, Estados Unidos espera algo distinto de sus aliados y vecinos.
Lo dice sin rodeos: “No queremos que nuestros aliados sean débiles, porque eso nos debilita a nosotros. Queremos aliados que puedan defenderse por sí mismos”.
Esta frase encierra una advertencia estratégica. Estados Unidos no tolerará que su vecindad inmediata sea un espacio de debilidad institucional, inseguridad o pérdida de control territorial. La seguridad nacional estadunidense comienza en sus fronteras, pero también en la fortaleza de sus vecinos.
Esto tiene implicaciones directas para México, particularmente en dos temas centrales: migración y seguridad.
El discurso de Rubio redefine la soberanía como el derecho y la obligación de controlar el territorio y las fronteras. Señala que “controlar quiénes y cuántas personas entran en nuestros países no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional”.
Esta afirmación coloca a México frente a una responsabilidad histórica. Nuestro país no puede limitarse a reaccionar a la política migratoria de Estados Unidos. Debe construir su propia política de Estado, basada en el control soberano de su territorio, el fortalecimiento institucional y la defensa de su dignidad nacional.
México no puede ni debe ser un país débil en su propia circunstancia.
Ser vecino de Estados Unidos no es una condena. Es una oportunidad, pero también una exigencia. Significa que nuestra estabilidad es parte de su estabilidad, y nuestra debilidad, un riesgo para su seguridad.
El nuevo orden mundial que describe Rubio también está basado en el retorno del poder económico como instrumento de soberanía. Reconoce que la desindustrialización fue “una elección política consciente” que debilitó a las naciones occidentales y las hizo dependientes de sus adversarios.
Para México, esto representa una oportunidad histórica. El proceso de relocalización industrial –el llamado nearshoring– puede convertir a nuestro país en el principal socio estratégico de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Pero esa oportunidad solo podrá aprovecharse si México fortalece su Estado de derecho, garantiza la seguridad y consolida su capacidad institucional.
Un país inseguro no puede ser un socio estratégico confiable.
Un país débil no puede ser respetado.
El mensaje de Rubio también deja claro que el nuevo orden mundial estará marcado por la competencia entre potencias, particularmente con China. Afirma que Estados Unidos mantendrá el diálogo, pero que “nada de lo que acordemos puede ir en detrimento de nuestros intereses nacionales”.
Este principio será la base de la política exterior estadunidense en los próximos años.
México debe entender esta realidad sin ingenuidad y sin temor.
Nuestra relación con Estados Unidos debe basarse en el respeto mutuo, la cooperación estratégica y la defensa firme de nuestros intereses nacionales. Pero ese respeto no se exige con discursos. Se construye con fortaleza institucional, con estabilidad política y con capacidad de gobernar nuestro propio territorio.
La historia enseña que los países que no definen su destino, terminan siendo definidos por otros.
México está en un momento decisivo. Puede consolidarse como una potencia regional, como el socio estratégico más importante de Estados Unidos, o puede quedar atrapado en la lógica de la debilidad estructural.
El nuevo orden mundial no será un mundo de naciones débiles.
Será un mundo de naciones soberanas, capaces de defender su territorio, su economía y su dignidad.
México debe decidir de qué lado de la historia quiere estar.
Del anecdotario
Dice una frase muy bella: “Vuelve al lugar donde naciste; allí encontrarás tu esencia original”.
He decidido pasar más tiempo en mi estado, particularmente en mi tierra querida: Ometepec.
Volver a los orígenes es una expresión que describe el acto de retomar las raíces y los principios.
Cada paso hacia atrás es un paso hacia adelante si sabes dónde estás.
Reencontrarme con mis amigos de infancia y mis recuerdos me nutren y me dan la fuerza y vitalidad para seguir adelante.
Los relatos de la costa me embelesan, como este que me platicaron del señor Constantino Zapata, Don Tante, abuelo de un amigo muy querido, el médico veterinario zootecnista Humberto Zapata Añorve, quien fungiera como alcalde de mi tierra en mi primer gobierno y luego secretario de Desarrollo Rural en mi segunda administración, donde tuvo un encomiable desempeño.
Allá por 1955, Don Tante Zapata tenía la encomienda de adquirir 3 mil toros con dinero que le enviaba un rico español que vivía en Martínez de la Torre, Veracruz.
Cuando cumplía con su misión, salían de Ometepec en una travesía que les llevaba tres meses, pues Ometepec carecía de vías de comunicación. Platica Don Tante que el arreo de los toros lo hacían a pie y unos cuantos a caballo, y que la mayoría de los arreadores eran indígenas mixtecos que conocían muy bien los cerros y montañas por donde conducían al ganado.
Partían de Ometepec a Tlacoachistlahuaca, luego a Tlapa, entraban al estado de Puebla y, al llegar a Izúcar de Matamoros, empezaban a bajar a Veracruz.
La única medicina que llevaban era para los toros, pero también para los humanos: la criolina.
Dígame usted, amable lector, si estas odiseas no son dignas de ser recordadas con honores.
Rescatar nuestra memoria arraiga con orgullo nuestra identidad. Honrar nuestra historia es mostrar nuestro amor a Guerrero. No es signo de soberbia, sino de humildad.
Don Tante Zapata también fue presidente municipal de Ometepec en los años 50. Platicaba que el presupuesto anual ascendía a 120 mil pesos y que no le alcanzaba ni para atender las mínimas necesidades del pueblo.
Un día le llegó el recibo de la luz que tenía que cubrir el alumbrado público y no tenía los recursos para su pago, entonces se dijo: ¿Me pusieron aquí para servirle a mi pueblo y no para servirme yo…? Se fue a su rancho, sacó su mejor semental y con eso pagó la luz. ¿Cuántos servidores de hoy tendrán esa filosofía, esa sensibilidad, ese compromiso con su comunidad como lo hizo Don Tante?
Creo que muy pocos.
La vida es así…


