10 marzo,2019 8:00 am

Los primeros 100 días: la popularidad de AMLO

El Presidente no tiene perspectivas económicas optimistas y los apoyos directos que constituyen una parte toral de su gobierno pueden resultar insuficientes en caso de una mala economía.
Ciudad de México, 10 de marzo de 2019. Andrés Manuel López Obrador llega a sus 100 días de gobierno con un amplio respaldo entre la población. Su triunfo avasallador y su agenda de transformación le han significado al Presidente el aval de la mayoría de los ciudadanos. Esto significa que tiene un cómodo margen de maniobra para impulsar cambios profundos y que su partido tiene una muy buena oportunidad de seguir con su temporada de éxitos.
No obstante, la aprobación presidencial no es una cifra dada y tampoco representa el vaticinio de cómo se desempeñará un gobierno. Por el contrario, el apoyo de la opinión pública es una de las fuerzas políticas más rápidamente cambiantes. Una mala ejecución en los temas más relevantes para los ciudadanos —principalmente la economía y la inseguridad—, la pérdida de credibilidad de un gobernante, o su incapacidad para enfrentar problemas debilitarán su apoyo de manera irreversible.
López Obrador derrotó a un sistema de partidos caracterizado por gobiernos ineficaces, severos problemas de corrupción, altos índices de violencia y niveles de crecimiento económico mediocres. Logró captar el voto de segmentos poblacionales que se sentían marginados por sus gobernantes y generó expectativas en una población desencantada con la democracia y escéptica sobre la posibilidad de una mejor calidad de vida.
La mayoría de los mexicanos espera mejoras en la inseguridad, la economía y el combate a la corrupción con el gobierno de López Obrador. Pero, si estas expectativas no se cumplen, existen altas probabilidades de que su popularidad se vea mermada. Lo que suceda a futuro con la aprobación al Presidente dependerá de las promesas que cumpla, el rumbo de la economía, los niveles de inseguridad y violencia, y la fuerza con que lleve a cabo la lucha contra la corrupción.
Apoyo al cambio con condicionantes
Vicente Fox Quesada es el único Presidente de la era política moderna que arrancó su sexenio con un acuerdo de más de dos terceras partes de la población. Al igual que con López Obrador, gran parte del apoyo de Fox derivaba de una elección con implicaciones trascendentales. En el año 2000, era el fin de 70 años de gobiernos priistas. En el 2018, fue el ocaso del sistema de partidos y, más concretamente, la derrota de la mafia en el poder.
No es de sorprenderse que ambos políticos generaran un gran optimismo entre los mexicanos. Vicente Fox se dedicó a atenuar las expectativas durante su etapa de transición. López Obrador, en cambio, las ha exaltado cada día desde que resultó electo.
El sexenio de Fox exhibió altibajos en la popularidad del Mandatario tras episodios como el impopular paquete fiscal de 2002 y picos de violencia por la creciente presencia del crimen organizado. Fox perdió la elección intermedia, pero la estabilidad económica y la reducción en la pobreza que se registraron en su sexenio le permitieron al PAN conservar el poder y el Mandatario dejó la Presidencia con más de 60 por ciento del apoyo ciudadano.
López Obrador no tiene perspectivas económicas optimistas y los apoyos directos que constituyen una parte toral de su gobierno pueden resultar insuficientes en caso de una mala economía. Por otro lado, y a diferencia de Fox, sí enfrenta una severa problemática de violencia e inseguridad.
López Obrador ha decidido seguir una estrategia mucho más agresiva que la de Felipe Calderón con la presencia social de las Fuerzas Armadas a través de la Guardia Nacional. En principio, cuenta con el acuerdo de la mayoría de los ciudadanos, pero se trata de un movimiento muy riesgoso que, de no dar resultados, resultará tan costoso para el Presidente como lo fue para Calderón en el 2011 y 2012.
Recordemos que la ciudadanía apoyó la decisión de Calderón de luchar contra el crimen organizado. Sin embargo, el escalamiento de la violencia hizo que para la segunda mitad del sexenio al menos la mitad de la población cuestionara la estrategia y una tercera parte estuviera a favor de frenar la lucha. El saldo de muertos abonó a la derrota del PAN en 2012 a pesar de que Calderón tenía niveles de aprobación por encima del 60 por ciento.
Sobre la corrupción
López Obrador también será evaluado por los resultados que ofrezca en materia de combate a la corrupción. Parte de la victoria contundente de Morena en 2018 se explica por el sexenio de Enrique Peña Nieto, que es percibido como el más corrupto de la historia reciente.
Peña Nieto implicó tal decepción para la opinión pública que, a pesar de haber arrancada su sexenio con bajas expectativas, los escándalos de corrupción y la desconexión del Mandatario con la ciudadanía lo convirtieron en el presidente con mayores índices de desaprobación hasta el momento. El PRI quedó reducido a su mínima expresión en 2018.
A pesar de los fuertes calificativos que López Obrador lanzó en campaña contra la corrupción de Gobiernos anteriores, ha tomado la decisión de no perseguir a los funcionarios que los integraron. Ha optado, en cambio, por enfocarse en erradicar la corrupción en su propio Gobierno. En un País plagado de corrupción, esto representa una meta mayor que lo coloca en una zona en la que necesariamente debe dar resultados.
Otras consideraciones
Contrario a sus dos antecesores, López Obrador es un político cercano a la gente y goza de gran credibilidad. Como todo capital político, esta credibilidad no representa un cheque en blanco y debe ser cultivada. No obstante, el Presidente no pocas veces hace afirmaciones carentes de sustento o desacompañadas de acciones.
También, considera que su superioridad moral valida acciones que en otras condiciones él mismo condenaría, como la construcción de la refinaría en Tabasco por invitación o la ausencia de licitaciones en contratos del Banco del Bienestar.
En el mismo sentido, las consultas populares mal ejecutadas metodológica y políticamente lo enajenan de segmentos importantes de la población, como el reciente ejercicio sobre la termoeléctrica en Morelos.
Todas estas vertientes sustentan la cifra que denominamos aprobación presidencial. En este momento, los vientos de la opinión pública soplan a favor del Presidente, pero el sexenio apenas comienza y el límite a ese apoyo se encontrará contundentemente en la ausencia de resultados y la decepción ciudadana.
Texto: Lorena Becerra / Agencia Reforma
Foto: Especial: Agencia Reforma