27 diciembre,2017 8:35 am

Magdalena Brezzo: pensar la desaparición forzada desde el arte

“La vida en México ha perdido valor”, dice sin resignación la coreógrafa uruguaya Magdalena Brezzo. De su obra Cosas que suceden en México que no pueden ser dichas en México, explica: “La violencia tiene una base económica. La explotación se da en trabajos en serie. Y las desapariciones también se dan en serie. La repetición que se presenta tanto en el trabajo mal remunerado como en las desapariciones forzadas no tiene pausa y parece no tener fin”.

 

Ciudad de México, 27 de diciembre de 2017. Lo que sucede en escena no es ficción. Eso lo recalca quien dirige la acción, Magdalena Brezzo. “Yo soy una empresaria. No es que finja que soy una empresaria. No. En verdad ofrezco trabajo a la gente del público y si ellos aceptan, firmamos un contrato”.

Antes de cerrar la temporada de Cosas que suceden en México que no pueden ser dichas en México este diciembre en el Museo Universario de El Chopo –las últimas presentaciones ocurrieron del 14 al 17 de diciembre; la obra volverá en marzo de 2018–, Magdalena toma un micrófono para dirigirse al público.

“Estoy ofreciendo seis puestos de trabajo. Es para una jornada de una hora, remunerada. ¿Algún interesado?”. Cuando habla, Brezzo imprime a su voz un acento de mando. Palabras duras. Solicitud que va al grano.

Una vez que seis personas dejan su lugar de espectadores, Magdalena extiende un contrato para cada uno. “Yo hago trabajar a esas personas, no es una mentira. El contrato tiene peso legal”, aclara Brezzo en entrevista. “Por la seriedad de ese contrato, la gente no pude irse, quejarse de que ya se aburrió o abandonar su sitio, a menos que yo la despida. El contrato me da derecho a que estén ahí hasta que yo quiera. Y el trabajo es horrible”.

No exagera: los trabajadores se acomodan detrás de dos mesas, donde deben apretujarse para realizar una labor en serie, sin derecho a una silla. Además de incómoda y monótona, la labor exige condiciones ridículas. Hay un lápiz, una libreta, una montaña de gomas dentro de sus paquetes. Magdalena indica a cada uno en qué consiste la labor por la cual les pagará 10 pesos, según lo estipulado en el contrato.

Uno debe arrancar las hojas de una libreta y escribir la frase “Cosas que suceden en México que no pueden ser dichas en México”, pasarlo al siguiente trabajador, que lee la frase en voz alta y pasa la hoja al siguiente puesto de la cadena, el cual debe borrar completamente la frase. Para ello, debe desempaquetar una goma nueva, que será utilizada una sola vez. Tiene que usar las uñas.

“Puedes usar las tijeras, pero únicamente si te empiezan a sangrar los dedos”, ordena Brezzo.

Una vez que la frase es borrada, pasa al siguiente trabajador, que debe retirar los restos de goma por completo y a soplidos. “No está permitido que uses las manos”. Los dos trabajadores restantes están encargados de tomar una foto a la hoja y acomodarla en el piso con una goma.

“Si alguien lo hace más lento, lo despido, porque detiene el ritmo de toda la producción. Entonces busco a alguien más del público que tome su lugar”, dice Rezzo a El Sur.

Nadie comprende cuál es la finalidad del trabajo que realiza. Nadie, salvo la misma empresaria, que es Brezzo. “La violencia tiene una base económica –explica–. La explotación se da en trabajos en serie. Y las desapariciones también se dan en serie. La repetición que se presenta tanto en el trabajo mal remunerado como en las desapariciones forzadas no tiene pausa y parece no tener fin”.

Estas son las cosas que suceden en México y que uno de los trabajadores lee de las hojas que le pasa su compañero: Cada día desaparecen 17 personas. Cada tres horas y 25 minutos desaparece una mujer. En el Estado de México 53 por ciento de los desaparecidos tiene menos de 17 años. Cada 90 minutos buscan a un ser querido sus familiares y amigos.

“¿Cuánto cuesta la vida de una persona?”, pregunta Magdalena Brezzo. Sus hombros se encogen debajo de una chamarra negra, tuerce la boca como si la respuesta fuera amarga. Brezzo nació en Montevideo, Uruguay, y radica en México desde 1994. En la capital mexicana fundó la compañía Camerino 4 Danza Contemporánea y ha realizado más de 30 obras coreográficas, algunas de ellas, reconocidas con el Premio Nacional de la Danza que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Pero en Cosas que suceden en México que no pueden ser dichas en México no hay danza. No hay música. No hay instalación ni video. Brezzo se despoja de todos los elementos con los que ha trabajado desde sus inicios. “Renuncié a la imagen y al movimiento; yo, que desde hace años trabajo con bailarines”. El peso de la pregunta “¿Cuánto cuesta la vida de una persona?” merecía otro tipo de reflexión, que no se gestara en lo que siempre había hecho.

Esa pregunta tiene lugar en un país donde los desaparecidos suman casi 32 mil, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas. Las desapariciones en todo el país, sumadas a la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Guerrero en una sola noche, al fenómeno del feminicidio y la invisibilización de las desapariciones de mujeres, es lo que llevó a Brezzo a preguntarse cuánto vale la vida de una persona.

“Uno piensa que la vida tiene un valor intrínseco. En este sistema vale nada”, suspira Brezzo, al tiempo que mueve la cabeza en una negativa. “Matar o desaparecer a una persona en este país parece costar muy poco. Eso es lo que a mí me resulta cruel: la vida en México ha perdido valor”.

Brezzo aborda las desapariciones y los asesinatos en México desde una óptica que no se detiene en la actuación de militares, policías, crimen organizado o gobiernos; ella habla de la muerte también, desde un cuestionamiento al sistema económico: el trabajo en condiciones infrahumanas, el salario raquítico y la producción en serie.

De eso trata la obra Cosas que suceden en México que no pueden ser dichas en México.

En el salón de El Chopo, las hojas con borrones que un trabajador va colocando en el suelo comienzan a tomar forma. En lugares estratégicos, Magdalena coloca señalamientos con números: en uno de ellos, con gis blanco sobre una superficie negra, destaca el 43.

Esta pieza viva se ha presentado en Madrid, Barcelona y Ciudad de México. Tentativamente, en marzo de 2018 volverá a presentarse en la capital del país. “Jamás pensé en hacer una denuncia ni dar visibilidad a un problema, porque las desapariciones forzadas es algo que todos conocemos, se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad”, lamenta Brezzo.

“Suficiente”, anuncia Brezzo en el micrófono. Pueden pasar conmigo por su pago. Con obediencia, los trabajadores abandonan sus puestos en la mesa y se dirigen en fila hacia la patrona.

“Es impresionante: no necesitas tener una empresa física. Si tienes 10 pesos para pagarle a una persona, puedes asumir una posición de poder desde el dinero”. En todas las ocasiones que se ha presentado la obra, los ejecutantes aceptan el pago y las condiciones sin renegar. “Podemos pensar que el público es buena onda y entra en el juego. Pero también hay algo que como individuos hemos aceptado: quien tiene el dinero manda, genera, gesta, destruye o desaparece”.

Para cuando la hora de trabajo termina, ya es claro lo que han construido los trabajadores: un cementerio con todo y lápidas donde todos caben.

De eso trata Cosas que suceden en México que no pueden ser dichas en México.

 

Texto y foto: Tatiana Maillard.