
AMERIZAJE
Ana Cecilia Terrazas
Figuras imprescindibles para el siglo XIX, los pintores franceses Édouard Manet –considerado el principal pionero del impresionismo– y Berthe Morisot –la única integrante oficial, mujer, de ese movimiento– sostuvieron una particular relación amorosa, creativa, tan relevante que se considera que el vínculo pudo haber modificado el curso del arte moderno “mediante la colaboración, la competencia, el coleccionismo entre ambos y la influencia de estilos y técnicas”.
Esa es la premisa básica que se expresa en el catálogo y que orienta la exposición temporal Manet & Morisot, montada en uno de los museos más grandes de Estados Unidos, el Museo Legión de Honor –cuya curadora en jefe es Emily A. Beeny–, y abierta al público del 11 de octubre de 2025 al 1 de marzo de 2026 en San Francisco, California.
Manet & Morisot es la primera gran exposición dedicada a la relación e intercambio artístico, con admiración y amor –en el sentido más extenso entre los dos autores–, en la que no se enfoca a Berthe Morisot solamente como alumna, discípula, modelo y pintora seguidora de Manet, sino que se le coloca en un lugar igualmente importante e incluso se revelan los rasgos que el propio Edouard retomó de ella, como “su selección de temas y colores y el uso de pinceladas rápidas y al vuelo”.
Si bien dentro de la fuerte investigación documental y experta curaduría de todas las autoridades profesionales que coordinaron esta muestra no se encuentra confirmación para un amor carnal o de amasiato entre estos pintores, la forma de esa pareja resulta irrelevante ante la fuerza que cobró el amor constatable entre ambos, mismo que puede atestiguarse en la influencia pictórica, en la pasión con la que se retratan, en las conversaciones en cartas, en la mezcla de miradas sobre los lienzos, en suma: en el estilo híbrido de un modo impresionista de crear.
En el catálogo de la exposición se conjuga la palabra “Marisot” en alusión al vínculo tan fuerte entre ambos autores. Y se recuerda que Edouard Manet recomienda en un momento dado que Berthe se case con su hermano menor, Eugenio, quien es retratado por su esposa Berthe en la isla de Wight, en 1875.
En esta exposición se puede rastrear, literalmente, la relación tensa, sensual y dialogante entre Morisot y Manet a través de 36 pinturas, seis dibujos y algunos grabados prestados por varios de los museos y colecciones privadas más importantes del impresionismo, tanto de Estados Unidos como de Europa. La exposición fue organizada por los Museos de Bellas Artes de San Francisco –al cual pertenece el de la Legión de Honor– como por el Museo de Arte de Cleveland.
Una de las varias joyas que brinda esta exposición es que, por primera vez se exhiben juntas cuatro obras que son una suerte de serie-tertulia sobre las cuatro estaciones. Primero Morisot pintó –representados por una mujer arquetípica parisina– Verano e Invierno. Un año después, Manet retrató a la señora Primavera y a la de Otoño. Así, este cuarteto acaba siendo una extraña y hermosa suerte de coproducción.
Dos obras más son particularmente emblemáticas en esta exposición. La primera es la que se utilizó para la promoción y cartel titulada El balcón, de 1869, pintada por Manet poco tiempo después de haber conocido a Berthe –y a su hermana– en el Museo del Louvre en París. La escena de este balcón vista desde afuera, está caracterizada por la postura, presencia y presentación de una atractiva Berthe Morisot en primer plano, que en esos tiempos provocó se dijera que parecía –siendo una chica burguesa de familia acomodada– una auténtica femme fatale.
Otro cuadro de gran contraste colórico, de 1872, es el retrato titulado Berthe Morisot con un ramo de violetas, en donde Manet le otorga una extraña belleza a su modelo. La correspondencia misma entre Manet y Morisot –o la de ellos con amistades y familia– da cuenta de una danza constante entre pintor y pintora, en la que ambos aprenden uno de la otra y la otra del uno, sin que haya necesariamente un papel tutorial de Edouard Manet, lo cual así se consideraba, hasta antes de esta exposición.
Esta aproximación igualitaria entre Manet y Morisot resulta en sí una mirada actual y contemporánea, políticamente correcta, históricamente aceptable, románticamente encantadora y pictóricamente imperdible*.
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@anterrazas


