
Acapulco, Guerrero, 21 de agosto de 2025. “Me retiro de la primera línea de la lucha social con la frente en alto”. Así informó el abogado defensor de derechos humanos Vidulfo Rosales Sierra su separación del caso Ayotzinapa y del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
En un comunicado fechado el 19 de agosto, Rosales, quien llevaba la representación legal de los padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala en 2014, indicó que continuará su activismo por los derechos humanos y por los pueblos indígenas y afromexicanos, pero “desde otras trincheras”.
Texto íntegro de la renuncia de Vidulfo Rosales:
En otras trincheras de lucha.
Tlapa, Guerrero a 19 de agosto de 2025.
A las organizaciones de Derechos Humanos, a las organizaciones sociales, activistas sociales y a todas las personas que luchan por un mundo más justo.
Con profundo pesar les informo que dejo de colaborar en el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
Agradezco a Abel Barrera por permitirme defender a los que menos tienen y por caminar al lado de nuestros pueblos a lo largo de veinticuatro años. Tlachinollan es la casa que me albergó y forjó como defensor y abogado.
Cómo olvidar los duros momentos que pasamos. Las horas aciagas de la desaparición de Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, Arnulfo Cerón Soriano, Vicente Iván Suástegui Muñoz.
Timbran en mi oído las palabras de Abel Barrera diciéndome que habría que ir a ver a los estudiantes de Ayotzinapa asesinados en la autopista del sol en Chilpancingo o aquella madrugada del 27 de septiembre indicándome que me tenía que trasladar a Iguala por la desaparición de los 43 estudiantes o la reciente llamada informándome que habían herido de muerte al defensor del agua Marco Antonio Suástegui Muñoz.
Estos hechos ominosos, nos cimbraron, pero también nos templaron. Seguimos adelante sorteando las amenazas y presiones de los perpetradores hasta conseguir una porción de justicia. Aunque claro, falta mucho por recorrer, el horizonte aún es gris y no se vislumbran luces de verdad y justicia en lo inmediato.
A la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC-PC), al Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la presa la Parota (CECOP), a las madres y padres de los 43, a la normal rural de Ayotzinapa, agradezco sus enseñanzas en la lucha que libran día a día por el agua, la tierra, por los sistemas normativos de los pueblos indígenas y Afromexicanos, por la educación pública, por la verdad, justicia y porque nos faltan 43 y miles más.
Me retiro de la primera línea de la lucha social con la frente en alto, con la seguridad de haber puesto un grano de arena en la pelea de nuestros pueblos, desde otras trincheras seguiré exigiendo que los derechos humanos sean una realidad, que los pueblos indígenas y Afromexicano tengan una vida digna y no seamos tratados como personas de segunda.
Mi compromiso con los pueblos indígenas, con las mujeres y hombres que luchan por mejores condiciones de vida sigue incólume. No puedo eludir mi deber de clase. Soy de una comunidad indígena enclavada en la agreste y encantadora Montaña de Guerrero, toda mi vida he caminado a contracorriente por senderos escarpados producto de la miseria y marginación, por ello tengo la capacidad de sentir las injusticias cometidas contra cualquiera y en cualquier parte. Fiel a esos principios continuaremos el proyecto de vida en la etapa que viene, en el lugar que las circunstancias nos coloquen.
No me queda más que agradecer tantas enseñanzas y decir que desde otra trinchera continuaremos en la lucha por la justicia y por los derechos humanos.
Atentamente
Vidulfo Rosales Sierra.


