
Trabajadores del volante de sitio o de los que se desplazan por toda la ciudad comparten la crítica a la falta de iluminación en las calles y a los baches
Acapulco, Guerrero, 20 de diciembre de 2024. El taxista Luis Lucas Zúñiga registra la caída de su economía por la pandemia de Covid-19, el turismo nunca se recuperó y la vida nocturna disminuyó, tras el impacto del huracán Otis todo se encareció, incluyendo el servicio de taxi.
Tiene 47 años, desde hace ocho maneja un Volkswagen azul con blanco de 7 de la noche a la 7 de la mañana, porque “no hay tráfico, no hay sol, la tarifa es diferente”.
Son 12 horas “no corridas, pausadas porque le das hasta las 10, la 1, nos paramos, cenamos, el café o nos juntamos para comprar la coca, la botana”.
“El riesgo está a todas horas, en el día y en la noche, una de las cosas que nos puede ayudar es el respeto ante todas y todos”, dijo ayer por teléfono el chofer nocturno que en una madrugada acudió al poblado de El Pedregoso por petición de un cliente, quien buscaba a una mujer casada, “pero el esposo ya lo esperaba y nos corretearon”.
“Me he metido a colonias donde nadie se ha querido meter: Sector 6, Radio Koko, La Sabana, La Venta”, destacó.
El taxista a veces funge de psicólogo o consejero matrimonial, y también llora, “pero yo con la cara volteada para que no me vean”, como un día que transportó una familia proveniente de Chilapa o Tlapa que buscaba un oftalmólogo porque un niño tenía pedazos de vidrio dentro de uno de los ojos.
Entre taxistas hay diferencias, uno es el taxista de sitio que trabaja con los hoteles y “nosotros que no pertenecemos a un sitio, andamos vuelta y vuelta a donde nos lleve el cliente”.
Por ello, cada chofer tiene una percepción diferente de los problemas, pero comparten la crítica a la falta de iluminación en las calles y los baches, “nosotros andamos en la calle y conocemos los baches a la perfección, en los últimos años ha habido mucha desatención”.
Por ejemplo, la zona de Cine Río, donde “está todo oscuro en la parte de Hurtado de Mendoza”; también la avenida Baja California “está horrible entre baches y topes, el gobierno municipal dijo que iba a pavimentar y sólo lo hizo frente al hotel Florida. La gente está decepcionada por una mala administración pública, el mayor tema que nos tocan es el gobierno”.
Un taxista define el costo del trayecto a partir de la distancia, de la calle y el horario porque en el día el precio mínimo es de 50 pesos y en la noche es de 80 pesos.
“La clientela acapulqueña es la que más se queja por los precios”, criticó el taxista y justificó el aumento del precio porque después del huracán Otis el 25 de octubre de 2023 “todo se encareció, hablamos de albañilería, herrería; el talachero nos cobraba por una llanta ponchada 60 pesos, 20 de propina, ahorita son 120, o sea, nos duplicaron los precios, igual el mecánico aumentó sus precios. Todo mundo aumentó sus precios”.
Los precios altos se han mantenido a más de un año de los estragos del huracán categoría 5, “se quejan de los taxistas de que cobramos más, pero de dónde yo voy a sacar para cubrir mis gastos, si doy los mismos precios que daba antes del huracán Otis pues no sería rentable”.
Por ejemplo, “te piden ir a Palma Sola y antes cobrabas 80 pesos, vas a cobrar 100 porque la calle principal sigue obstruida, tienes que dar vuelta hasta Santa Cruz y sí se alarga un poco el viaje”.
Los acapulqueños reclaman a los choferes por qué aumentan el costo de los viajes si el precio de la gasolina no ha subido, “pero el carro no vive sólo de gasolina, sino el mantenimiento, el gasto del carro es mecánica, combustible, servicio de ponchadura”.
El servicio de taxi ha aumentado un 20 por ciento, pero un chofer gasta en promedio al día entre 500 y 600 pesos en gasolina, otros 200 pesos de comida, café y otras pequeñas compras diarias, y a veces 100 pesos más de talachería por una llanta ponchada.
Para un taxista “los días son muy inciertos, a veces en los fines de semana mueves 20, 30 servicios y haces mil 500, un promedio de 15 a 20 servicios diarios”.
Un día normal representa mil 300 pesos, aunque “los taxistas que trabajan en la noche buscamos los negocios que nos dan comisión para llevar cliente, eso hace que te hagas tus 2 mil 500, tus 3 mil, pero son días que son muy escasos”.
El coronavirus Covid-19 de principios de 2020 cambió todo, “antes de la pandemia el turismo salía a divertirse en la noche, entonces los antros, todos los bares, los table, estaban a reventar en los puentes, en los fines de semana, no se diga en vacaciones como éstas”.
“La pandemia vino a marcar un antes y un después, entonces sí el turismo es el mínimo que sale por miedo, cuando estaba la pandemia por miedo a infectarse por el trauma de la acumulación de gente en los antros”, dijo Luis Lucas y estimó una reducción de hasta 40 por ciento en la movilidad.
Insistió: la pandemia fue “un antes y un después”, regresó el turismo, pero no al 100 por ciento “como antes y llega Otis y nos vuelve a tumbar de nuevo, y llegó John y nos vuelve a tirar y hasta ahorita no se ha recuperado”.
Ahora, los turistas acuden a la playa, luego a cenar y después a encerrarse en sus cuartos, “muchos traen paquetes de hoteles que les incluye todo y no salen”.
A las 7, 8, 9 de la noche, Luis Lucas aún observa a turistas “caminando en la Costera, pero a las 11 ya no hay nada, es poco el turismo que sale a divertirse en las noches”.
“Si hablamos de huracanes, a muchos les afectó mucho, pero para ciertos oficios nos beneficiamos, en el caso del transporte muchas unidades no trabajaron, se dañaron, entonces los pocos que estábamos trabajando sí había algo de trabajo”.
Pero también disminuyó la clientela porque muchos hoteles y negocios “dejaron de operar, lógicamente eso nos implica menos servicio porque movemos la mano laboral y el turismo”.
La actual temporada de vacaciones decembrinas ha logrado que aumente poco a poco el trabajo, “gradualmente, muy lentamente va mejorando el trabajo, pero muy lentamente, nada que ver con los años anteriores”.
En sus primeros años de taxista, sus viajes eran a las zonas de Diamante y Caleta, “y ahorita ya no, es raro el viaje que agarras a Diamante y si acaso a Caleta tienes uno, pero muy, muy raro”.
Los antros cierran a las 3 de la mañana y Luis Lucas tiene movimiento por llevar a los turistas a sus hoteles o los trabajadores a sus casas, “pero a las 4, a las 5 va mermando y antes a las 5 era de písale porque hay más esperando taxi”.
Para compensar esa caída de clientela, Luis Lucas tiene una “cartera de clientes” que le llaman por teléfono para ir por ellos donde estén y les da su número a los “potenciales clientes” que necesitan un taxi frecuentemente. El taxista también efectúa viajes de paquetería de productos de farmacias o tiendas Oxxo, “tengo mucho servicio de eso”.
Texto y foto: Ramón Gracida Gómez


