4 febrero,2018 9:22 am

Mexicanos en los  Juegos de Invierno: sin recursos, misión casi imposible

Ciudad de México, 04 de febrero 2018. Germán Madrazo supo del esquí de fondo por una publicación que en 2016 le envió un amigo. Leyó que es un deporte invernal que exige el mayor de los esfuerzos. Para un maratonista como él, con cientos de kilómetros en las piernas desde temprana edad y que pasó los últimos 10 años de su vida participando en pruebas de Ironman, recorrer una distancia a campo traviesa sobre la nieve se antojaba como un reto.

Dueño de una tienda de ropa deportiva en McAllen, Texas, que le permite mantener a su esposa y a sus tres bebés, Madrazo se propuso calificar a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018, en Corea del Sur.

No tenía dinero, pero sí muchas ganas. En la ciudad donde reside desde hace 11 años no hay nieve. Tuvo que viajar a distintas ciudades de Estados Unidos en busca de ella. Consiguió un entrenador con quien empezó a trabajar a principios de 2017. Se endeudó. Sacrificó tiempo con su familia. En la última oportunidad, el pasado 21 de enero, clasificó en la prueba de los 15 kilómetros.

Germán Madrazo Baca, 43 años, queretano de nacimiento, es uno de los cuatro representantes que México enviará a los Juegos Olímpicos de Invierno que tendrán lugar del 9 al 25 de febrero. Es el único que no tiene doble nacionalidad.

Robert Franco (Free style) es un mexicoestadunidense de segunda generación; Rodolfo Dickson (Slalom y Slalom gigante) nació en Puerto Vallarta y fue adoptado por una pareja canadiense, y Sarah Schleper (Slalom gigante) es una esquiadora cuatro veces olímpica por Estados Unidos, está casada con Federico Gaxiola de la Lama, un corredor de bienes raíces mexicano.

Los cuatro atletas tienen en común que se han financiado su preparación. En su aspiración por representar a México en los Juegos Olímpicos de Invierno contactaron al presidente de la Federación Mexicana de Esquí, Carlos Pruneda, para pedir que los inscribiera en la justa. En el caso de Schleper comenzó el proceso para adquirir la nacionalidad mexicana rumbo a Sochi 2014, pero los documentos oficiales llegaron a destiempo.

El abanderado de la delegación mexicana es justamente Germán Madrazo. En una breve ceremonia realizada en las instalaciones del Comité Olímpico Mexicano (COM), a la cual no asistió Schleper, los tres hombres integraron la escolta.

La federación les entregó uniformes de competencia y de viaje, y pagará el traslado aéreo de todos aquellos que los acompañen para asistirlos en las competencias, entre ellos, Hubertus Von Hohenlohe, el príncipe mexicoaustriaco que participó en Sarajevo 84, Lillehammer 94, Vancouver 2010 y Sochi 2014.

Durante los primeros 10 meses de entrenamiento con el estadunidense Andrew Liebner, Madrazo viajó por periodos de 15 días a Michigan para aprovechar la nieve. Regresaba un par de semanas para estar con su familia y se marchaba otra vez. Rentaba habitaciones de máximo 20 dólares en Airbnb y comía alimentos preparados por él mismo.

El dinero para financiar los viajes a entrenar en lugares con nieve fueron donaciones de amigos, préstamos familiares y sobregiros a sus tarjetas de crédito en las que debe más de 12 mil dólares. Logró recaudar otros 20 mil dólares para sufragar los gastos. Pero si conseguir dinero fue complicado, aprender la técnica del esquí de fondo resultó doloroso.

Aprender a balancear su cuerpo con un par de esquíes delgados y largos le tomó semanas. Parte del entrenamiento se realiza con esquíes con ruedas en el pavimento. Ese año, Germán Madrazo recorrió más de 3 mil 500 kilómetros con sus roller skies. Las cicatrices y golpes en piernas y rodillas lo demuestran.

“Al mismo tiempo que aprendía la técnica empecé a competir porque tenía que ir sumando puntos. Enero y febrero fueron para aprender. Marzo y abril, para competir y tener muy malos resultados que me decepcionaban, pero jamás dije ‘no voy a seguir’. Todos me decían ‘pobre de ti’. Llegó un momento en el que hasta me dio pena. Nunca me vencí. Me iba mal y encontraba un pretexto para convencerme de que debía continuar.

“Después de un mal resultado, lo difícil era regresar y hablarle a los amigos y a la familia y decirles ‘necesito otros 2 mil dólares’. ‘¿Cómo te fue la vez pasada cuando te di mil dólares?’. La respuesta era fatal. Pedía dinero para un proyecto que iba a ninguna parte. Pero yo sabía que sí calificaría, aunque los resultados me dijeran lo contrario”, cuenta Germán Madrazo.

En su proyecto rumbo a Pyeongchang, Madrazo compitió en 18 carreras oficiales y en otras 15 no oficiales. La más larga fue de 50 kilómetros, y la más corta, un sprint de 1.1 kilómetros. Consiguió la puntuación menor de 300 que necesitaba para estar entre los competidores olímpicos.

Los últimos meses participó dos veces por semana, tratando de obtener los puntos. Se recuerda ya sin fuerzas, casi desmayado, repitiéndose en voz alta con sus compañeros: “¡Pelea un día más!”.

Aunque es difícil pronosticar a qué aspira en la prueba que se realizará el 16 de febrero, Madrazo considera que si la pista tiene nieve “fría”, será muy rápida y podría hacer su recorrido entre 47 y 48 minutos. Si por el contrario la nieve es “caliente”, entonces, estará suave y lenta. Como los participantes arrancan en intervalos de 30 segundos, la velocidad, según las condiciones climáticas, también varía. Conseguir una medalla no es un objetivo real.

Pero Germán Madrazo considera que es motivo de orgullo para el país tener representación en los Juegos Olímpicos invernales dado que, a diferencia de los países con nieve, él comenzó a practicar el esquí de fondo a una edad que para el común de los atletas está cercana al retiro.

“El verdadero espíritu del olimpismo es donde se abre la posibilidad de que haya representación de países que no son potencia. El mensaje que quiero transmitir es que no hay límites, que todo se puede y que nunca hay que darse por vencido. No tener dinero o no saber hacer algo no te impide realizarlo. Perder no es un límite. Me enamoré del Cross-Country Ski y estoy convencido de que es el deporte que quiero practicar hasta que se me acaben las fuerzas.”

Rechazó a Estados Unidos

Robert Franco comenzó a esquiar cuando apenas tenía dos años. En las montañas nevadas imitaba a su hermano mayor. Un lustro pasó para que el niño mostrara sus habilidades en el Free style, el esquí acrobático en el que se suben y bajan rampas, hay saltos y se realizan trucos.

La familia Franco tiene sus raíces en Guadalajara y Guanajuato. El padre de Robert nació en Michigan, pero su niñez la pasó en la Ciudad de México, donde cursó la primaria hasta que se lo llevaron a vivir para siempre a California. Ahí nacieron sus hijos. El más pequeño, Robert, creció esquiando en la zona de Lake Tahoe. Después se movió hacia Breckenridge, Colorado, cuando decidió que se convertiría en un atleta destacado.

Franco nunca ha tenido un entrenador profesional. Los recursos familiares no alcanzan para pagarlo. Sus mentores han sido su hermano y su padre. Y en cada competencia aprende de sus compañeros, de pedirle consejo a los entrenadores y de tratar de imitar lo que los demás hacen.

Robert Franco, de 24 años, tuvo la opción de representar a Estados Unidos, pero asegura que se decantó por México pues quiere que sus abuelos y tíos mexicanos se sientan orgullosos de él. También porque quiso ser el pionero de este deporte en el país. Es la primera vez que un mexicano participará en el Free style.

Para costear la práctica de su deporte, Franco trabaja en el negocio familiar y con unos amigos de Colorado que lo contratan como asistente personal. El dinero que ha ganado hasta ahora, unos 55 mil dólares, los ha invertido en su deporte. Sus padres han pagado lo que él no puede cubrir y consiguió un patrocinador que le obsequia el uniforme y el equipamiento deportivo que requiere.

El objetivo de Franco en los Juegos Olímpicos es ganar una medalla. Asegura que en la prueba en la que competirá –Slopestyle, el 18 de febrero– no existen favoritos. Si logra calificar entre los 12 mejores a la final, cualquiera puede subir al podio, explica.

El atleta dice que ningún competidor tiene más ganas que él, y aunque es consciente de que por falta de recursos no tiene acceso a las mejores condiciones para prepararse, eso no lo frena para conseguir un resultado exitoso. Va por el mundo buscando la nieve para entrenar cinco horas diarias y competir para lograr la calificación olímpica.

El año pasado viajó a Australia, Francia y Suiza. Todos los gastos corrieron por su cuenta. Afirma que no defraudará a los mexicanos y pide que no se descalifique a la delegación olímpica porque no viven o no nacieron en México.

Texto: apro / Foto: Redes Sociales