
Octavio Klimek Alcaraz
Los gatos son compañeros cautivadores y, como dueños, naturalmente deseamos su felicidad. Pero ¿cómo podemos saber con certeza que nuestros amigos felinos son verdaderamente felices?
Consideramos que un gato que es curioso y activo está feliz. No obstante, los propietarios tienden a ignorar otros elementos relevantes para su bienestar.
La mayoría de los propietarios de gatos creen que sus gatos son felices, ya que comen adecuadamente, duermes en el sofá y ronronean cuando los acarician. ¿No debería sentirse contento? Sin embargo, estas impresiones diarias tan evidentes pueden ser engañosas en ocasiones. Numerosas personas ignoran elementos que son igualmente relevantes para la calidad de vida de los animales. Esto lo demuestra una investigación de un equipo encabezado por Andrea Sommese, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, que fue divulgada en la revista Applied Animal Behaviour Science. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0168159126000535?via%3Dihub).
Más de 400 dueños de gatos de Alemania y Austria participaron en el estudio. Ellos evaluaron la calidad de vida de sus mascotas felinas con un notable promedio de 89 sobre 100. Se les consultó acerca de la conducta, el estado de salud, el ambiente donde viven y la interacción que sus gatos tienen con los humanos en su casa. Se solicitó a los participantes que evaluaran la calidad de vida global de su gato. Estas evaluaciones individuales se contrastaron con un análisis estructurado del bienestar, el cual se fundamenta en 54 indicadores distintos, entre los que se encuentran el estado de ánimo, la calidad de la interacción entre humanos y gatos, el nivel de energía, el apetito y la condición física.
En base a esto, los científicos desarrollaron una evaluación estructurada y menos subjetiva del bienestar de los gatos, que comprende seis campos: 1. Vitalidad; 2. Comportamiento placentero, atención y apetito; 3. Emociones negativas; 4. Aspecto saludable; y 5. Afecto o seis, Agresión contra individuos conocidos.
La evaluación inicial, según reveló el análisis, fue determinada mayormente por las señales evidentes de los propietarios. La impresión de una calidad de vida alta se transmite a través de un gato que parece alerta, curioso, activo o que come tranquilamente. En cambio, las personas valoran menos el bienestar de los animales que muestran signos de ansiedad, retraimiento o problemas de salud.
Los resultados indicaron que, aunque las calificaciones intuitivas de los propietarios estaban vinculadas con la calificación estructurada, no siempre se correspondían de manera exacta. Esto indica una diferencia sistemática entre las percepciones de los propietarios y los resultados de un análisis minucioso.
Los dueños de gatos son especialmente perceptivos a las señales directas y visibles, según lo que reveló la investigación. Se considera que un gato es feliz cuando es curioso, alerta y dinámico. En cambio, si se presentan señales de malestar, enfermedad o ansiedad, la calificación será más baja. No obstante, hay ciertos factores significativos que afectan considerablemente al bienestar de un gato y que a menudo se pasan por alto.
Un ejemplo es el peso corporal del animal, que no tuvo un gran impacto en la evaluación de los dueños. Los científicos lo definen como una especie de “ceguera en la valoración”. Aunque está bien documentado que la obesidad en los gatos disminuye su actividad y reduce su esperanza de vida, los efectos negativos del exceso de peso sobre el bienestar animal son prácticamente indetectables en el día a día. La edad también es un caso similar. Los gatos de edad avanzada, que pueden ser menos activos y vitales, recibían frecuentemente calificaciones igual de positivas por parte de sus dueños que los más jóvenes, probablemente porque los cambios son graduales y menos notables. “Los propietarios de gatos prestan mucha atención a sus animales, pero nuestros hallazgos indican que las situaciones que tienen más posibilidades de no ser notadas son aquellas que se acumulan calladamente con el tiempo”, señala la principal autora, Andrea Sommese, del Centro de Nutrición Animal y Ciencias del Bienestar Animal de la Universidad Veterinaria. “El aumento de peso, la ralentización propia de la edad y la reducción gradual de las oportunidades para comportarse con naturalidad. Aunque ninguno de estos factores suele generar alarma, todos son importantes para el bienestar” (https://idw-online.de/de/news866747).
La relación entre humanos y gatos es un descubrimiento especialmente prometedor del estudio. Las interacciones cariñosas, como hablarles, acariciarlos o sentarse con ellos, contribuyen positivamente a su bienestar. Un ambiente que posibilita actitudes naturales como trepar, investigar, cazar y jugar ayuda también a que el gato se sienta cómodo.
La evaluación estructurada captó estos factores relacionales y ambientales, pero en gran medida los juicios intuitivos de los propietarios no los incluyeron. Según Sommese, esto no es una crítica, sino que es una explicación de cómo opera la percepción en los seres humanos.
Solemos notar lo que se ve de inmediato, como un gato que nos saluda en la puerta, come bien o se acomoda con tranquilidad en nuestro regazo; todos ellos son indicios de satisfacción. Y, en realidad, pueden ser felices. No obstante, en el día a día hay muchos factores que afectan la calidad de vida y son menos visibles. Inés Windschnurer, una de las autoras del estudio, sostiene: “Esto nos muestra que el bienestar de un gato está determinado por factores que no siempre percibimos conscientemente”. El bienestar de los gatos depende del vínculo silencioso que tienen con sus propietarios, su medio ambiente y las mínimas alteraciones vinculadas a la edad o el peso. Cuando unimos las observaciones de los propietarios con análisis estructurados, conseguimos una visión más abarcadora y tenemos la capacidad de ayudar a los gatos de un modo más efectivo y temprano.
Tal vez sea útil recordar amablemente observar la vida de nuestros gatos desde un punto de vista nuevo, con curiosidad en vez de preocupación. Los autores sugieren preguntas simples de observación para la vida cotidiana: ¿El gato se ve tan activo hoy como hace unos meses? ¿Mi gato sigue manteniendo la agilidad que tenía antes? ¿Dispone de suficientes momentos de calma y actividades que lo estimulen en su entorno? ¿Exhibe la misma regularidad el comportamiento de exploración y de juego? ¿Ha experimentado un cambio de peso? ¿Le gusta pasar tiempo con él en momentos tranquilos y relajantes? Los autores destacan que estas preguntas tienen el potencial de detectar con anticipación cambios graduales y de contribuir al bienestar del animal a largo plazo. Esto asegura que no sólo parezcan felices, sino que lo estén de verdad.
Los investigadores siguen creando instrumentos útiles para mejorar la evaluación del bienestar de nuestros compañeros felinos y actuar con prontitud. Mientras tanto, podemos tomar acción por nosotros mismos: al observarlos con atención, ofrecerles un ambiente enriquecedor y fomentar la relación, garantizamos que no sólo aparenten estar felices, sino que realmente lo estén.
Esta investigación revela que las percepciones de los cuidadores sobre la calidad de vida de sus gatos representan solamente una porción del cuadro general. Con frecuencia, nuestras evaluaciones son valiosas, pero a veces se pasan por alto aspectos importantes. Se define, en términos generales, un marco basado en pruebas que describe la manera en que las valoraciones subjetivas de los cuidadores se complementan con las estructuradas del bienestar. Al integrar ambas perspectivas, este enfoque multidimensional brinda un soporte más sólido para supervisar y mejorar el bienestar de los gatos en situaciones cotidianas y la calidad de vida a lo largo del tiempo.
PD: Agradezco, a nombre de los seres queridos del Doctor Ricardo Klimek Gamas, mi padre, y en el mío propio, las condolencias recibidas.


