Acapulco, Guerrero, a 24 de noviembre de 2025.- Miles de familias de residentes y visitantes disfrutaron del Airshow en las playas de la zona Dorada de la bahía de Acapulco, donde la Fuerza Aérea concluyó el domingo las actividades con el sobrevuelo de un helicóptero con las y los paracaidistas surcando los cielos.
El domingo el primer show que comenzó a las 11 de la mañana atrajo a las playas principalmente a los visitantes que bajaron de los autobuses que los dejaron en la Costera y de inmediato ocuparon las sombrillas que se rentaron entre 200 y 250 pesos con cuatro sillas, y los toldos con hasta ocho sillas entre 400 y 500 pesos.
El intenso sol no inmutó a nadie a estar en la zona de arena, lejos de la sombra de las sombrillas. Adolescentes, jóvenes y los adultos trataban de capturar y videograbar con sus celulares las mejores tomas, algunos tardaron hasta 40 minutos tratando de tomarse una fotografía en la bahía, con las aeronaves pasando a sus espaldas, cuando lo lograban, había gritos de triunfo.
Las aeronaves que realizaban diversas maniobras, paralizaban por algunos minutos a las familias que se encontraban en las playas, y cuando se acercaban, el ruido estruendoso provocaba que muchos saltaran y gritaran de la emoción.
La familia del señor Delfino Serrano Chamoro llegó el viernes a Acapulco, procedente de Nativitas, Tlaxcala. Este domingo fueron unos de los primeros en llegar a playa Papagayo donde rentaron una sombrilla en la primera línea frente al mar, donde vieron el espectáculo antes de regresar a su casa.
El hombre comentó que quedaron maravillados con Acapulco, el clima, la ciudad que la vieron muy repuesta, después de lo que vieron en la televisión con el huracán Otis. Dijo que no sabía del show, y los agarró por sorpresa, y consideró que éste se debe de realizar más seguido.
En playa El Morro, estaba la familia del señor David Acevedo Ávila de la Ciudad de México, quienes vienen cada año a Acapulco, y quien dijo que vio la ciudad casi como antes del huracán Otis. “Acapulco es lo máximo, el sol, el mar, Caleta”.
Dijo que este evento del show aéreo es muy bueno para que venga más gente y se dé a conocer que Acapulco ya está reconstruido luego de los huracanes, y señaló que hay una gran diferencia de la ciudad que vio hace un año.
En las playas también llegaron decenas de familias de las colonias de la ciudad, quienes llevaron sus sombrillas, toallas y alimentos, quienes se colocaron en la zona de arena, incluso frente a las sombrillas que rentan los prestadores de servicios de mobiliario, sin ningún conflicto.
También disfrutó del show la familia del señor Carlos Daniel, quien se colocó bajo la sombra de una sombrilla con su esposa y sus tres hijos. El hombre compartió que este show le recordó al primero que hubo en Acapulco, cuando aún era adolescente.
Dijo que además de que este evento fomenta la llegada de visitantes a la ciudad, es una actividad recreativa para las familias, que como la de él, salieron a la playa este domingo con sus hijos, quienes estaban muy emocionados.
En la playa durante el show y una vez que concluyó se observó el ir y venir de elementos de la Guardia Nacional, en motos o caminando, así como marinos, y en la Costera de la Policía del Estado. En la playa personal de guardavidas estuvo pendiente de los bañistas.
El sábado también miles de personas disfrutaron las dos exhibiciones del espectáculo donde los pilotos de los aeronaves surcaron el cielo de la bahía de Acapulco para llevar a cabo diversas maniobras de acrobacias y también de paracaídismo.
Hubo dos presentaciones del espectáculo con 23 aeronaves y sus pilotos, tres de ellas mujeres, una de 11 a 12:30 y la otra de 2:30 a 4 de la tarde.
A las 11 en punto de la mañana del sábado dio inicio el show, después de siete años de ausencia, según reportes de Turismo del estado.
El primer avión que realizó sus acrobacias fue de la Fuerza Aérea del Ejército y de donde se lanzaron por lo menos siete paracaidistas extremos, que aterrizaron en playa El Morro.
Luego continuaron las avionetas que hicieron acrobacias, trucos peligrosos y llenaron de nubes artificiales el cielo para deleitar la vista de los asistentes. Uno de los que llamó más la atención entre los asistentes fue un avión rosa, que durante su vuelo y demostración dejaba humo de ese color en el cielo, a diferencia de las otros aviones que era blanco.
En algunos accesos a playa, como plaza Quebec y en el Asta Bandera se dispuso de la colocación de equipo de sonido para que los asistentes escucharan la narración oficial además de que ponían música para hacer más ameno el ambiente.
Por la tarde también hubo una gran afluencia de bañistas en las playas que observaron el espectáculo.
Estampas del Airshow desde el Asta Bandera
Miles de personas, acapulqueños sobretodo, nos reunimos el pasado sábado por la mañana en la playa Papagayo para ver avioncitos volar sobre la bahía y olvidarnos por hora y media que vivimos en pobreza y pobreza extrema, que nuestra percepción de inseguridad sigue siendo elevada (78.9 por ciento) y que el agua es un sueño no necesariamente húmedo.
Usted podrá decirme: Ay, señor, qué pesimista, porqué empieza así su relato, mire nomás qué Sol, qué espectáculo, cuántos aviones, cuánta gente, todo bien bonito pero yo le diré: Estimado lector con qué poquito atole se llena usted porque mire, aquí, del otro lado de la calle está el parque al que el gobierno estatal le metió 96 millones de pesos y sólo se ve una nueva fachada con hartas lucecitas de colores y una lenta reforestación luego del madrazo del Otis.
No hay mallasombra, parasoles o pérgolas para proteger del sol a quienes venimos y tampoco se han recuperado las albercas, ni reconstruidas las islas comerciales, ni mejorado a la pista de roller y sus baños, oh, sus baños…
–Pinches baños sucios, –gritó molesta la hermosa princesa que pasó frente a su servilleta luego de ir a buscar donde orinar.
–No debes tomar agua si no hay donde miar, –contestó su valiente príncipe mientras la jalaba cariñosamente hacia la sombra que ofrecía un pedazo de árbol de una jardinera y que compartíamos como 17 y medio (un bebé de brazos).
Pero bueno, no nos desviemos. Cerca de las once de la mañana y bajo los rayos de un sol de más de 31 grados esperamos pues, lo mismo nosotros que otros cientos en otros lados de Acapulco, a que pasaran un grupo de avioncitos por el cielo que apenas y veríamos.
Junto al Asta Bandera, entre la multitud, pusieron unas bocinas para que escucháramos una bonita voz femenina diciendo algo así como: “Estamos muy contentos, estamos ya a unos minutos, a casi nada son las diez con 53, a escasos minutos de que inicie el Air Show 2025…”, que tenía siete años que no se presentaba en Acapulco.
–“¡Viva, viva, uh, uh!”, celebrábamos todas, todos, todes, (ajá, sí…) cuando de repente, un grupo de paracaidistas desde el cielo marcó el arranque oficial del evento.
“Vvvvvvzzzzhhhhwwww” del primer jet, “Vvvvvvzzzzhhhhwwww” del segundo y otro “Vvvvvvzzzzhhhhwwww” del tercero y cuarto y…
–¡Pa’ su mecha, Marimar!, pudo haber exclamado un viejito que ni de chiste vio a los Albatros L-39, el Edge 540 de la norteamericana Melissa Burns o el Pitts special del canadiense Jason Flood porque ya dormitaba bajo la sombra de aquel pedazo de sombra.
“No veo ni madres”, “no le pude tomar la foto”, “qué rápido van, mamá” “se oyen reduro”, fueron algunas de las primeras impresiones.
Aviones tipo Christen Eagle, Rv7 y Rv 8, Go EZ de doble ala y el Aero L-39 Pink Jet de Stephanie Goetz y Olga Sannikova –el domingo– pintado de color rosa brillante como símbolo de la lucha contra el cáncer de mama desfilaron después haciendo giros, recortes, piruetas, rizos, bucles, barrenas, picadas, tostadas, tamales…
¿Hambre? Por supuesto. ¿Sed? Claro que sí, mire nomás a aquellos turistas tumbados en las sillas junto al mar, sobre la arena, sudando al igual que uno y lo confieso, la triple cruda acapulqueña (la física por el alcohol, la económica por el varo que se perdió y la moral porque luego uno no sabe qué pasó –te debo el envase de caguama, Josué); mire nomás cómo devoran con harto gusto aquel coctelito, las pescadillas, el vuelve a la vida… Y las cervezas, mire usted qué claras, que frías que muertas están y yo que nomás no disfruto de nada.
Usted podrá decir que es mi trabajo, que para eso me rento, que debo aguantar bajo el rayo del sol, a pie firme, pero podría argumentarle que efectivamente para eso me rento pero soy humano como cualquiera, con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, suave como gaviota, pero felino como una leona, que diga, león… Por cierto, ¿cómo va a parar lo de la Secretaría de Cultura de Guerrero? ¿Pedirán perdón por el homenaje que le hizo a aquel represor? Oh, Dios cuánta ansiedad…
Sería un grupo de paramotores el que cerraría el espectáculo, el primero del día y al que le seguirían otro más tarde y dos más el domingo con la inclusión de otros avioncitos como los de la Fuerza Aérea Mexicana que estaría presente con la Escuadrilla Águilas Aztecas con cinco aviones T-6C Texan II más uno de reserva y dos en exhibición estática, además de un avión Airbus Military C295 que apoyaría la exhibición del equipo de paracaidismo Guerreros Águila de la Brigada de Fusileros Paracaidistas de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Usted podrá decirme de nuevo: ¿Cómo es que supe qué tipo de aviones y pilotos y madre y media para hacer su relato? Bueno, le confesaré que minutos después de que empezó el show, después de las primeras impresiones y un pequeño recorrido mejor me fui a mi casita a verlo por televisión, cerveza en mano y con el aire acondicionado a 22 grados centígrados.
Más de 23 aeronaves, informó el boletín del gobierno del estado, incluyendo 10 aviones acrobáticos, cuatro jets de combate, un warbird (lo que sea que signifique) y aeronaves históricas, realizaron exhibiciones durante el fin de semana con la participación de pilotos de México, Canadá, Estados Unidos, Australia, Polonia, El Salvador y Guatemala.
Oiga, reclamará usted con justa razón, cómo es posible, no disfrutó del ambiente, no vio a la gente celebrar el paso de los aviones, el humo, el “Vvvvvvzzzzhhhhwwww” en vivo que usted describió; no se fijó en que además de los abuelitos que no vieron nada había cientos de niños emocionados, miles de gentes que apenas sortean la vida con lo poco, diría la compa Brenda Ríos, y fueron felices aunque sea ese ratito y yo le contestaré: Como sea. Al final del día no tuve que preocuparme mucho sobre cómo quitarme esos litros de sudor de los ojos, del cuerpo entero porque sí, seguimos sin agua. Y chínguele, ya es lunes.
Jacob Morales Antonio / Aurora Harrison / Óscar Ricardo Muñoz Cano – Foto: Jesús Trigo


