
Adán Ramírez Serret
La más recóndita memoria de los hombres se presentaba como un libro extraordinario, fantástico; las expectativas eran altas, por no decir que estaban por los cielos, pues muchísima gente que admiro la había leído y le había encantado y, sobre todo, me habían dicho: “este libro te va a fascinar a ti, particularmente”. Y así, claro: hay muchos rasgos en esta novela que son precisamente lo que me gusta, lo que amo: está escrita en francés, habla mucho de literatura y, sobre todo, tiene un epígrafe de Roberto Bolaño, el cual, más que ser solamente una introducción, es toda una declaración poética de cual es en específico su amor por los libros y cuál es la literatura que ama quien escribe este libro, Mohamed Mbougar Sarr (Senegal, 1990), quien –leyeron bien, tiene la poca vergüenza de tener 35 años– ha escrito con esta su cuarta novela y que, hasta ahora, entre muchos otros premios, se ha llevado el súper prestigioso Goncourt, que es el más importante en Francia. Un africano que es la gloria nacional de las letras en Francia, se dice fácil, pero es todo un cambio en el mundo.
El título de la novela, La más recóndita memoria de los hom-bres, es parte de la cita del epí-grafe de la novela extraído de Los detectives salvajes de Bolaño, de hecho, me parece, es muchísimo más potente en español, pues en francés se llama La pluse secrète mémoire des hommes, la cual no es tan potente como en nuestro idioma, pues es tan sólo secreta, pero no recóndita.
Pero bueno, esto es para decir lo básico de la novela, porque por algún lugar se tiene que comenzar, ya que la historia desparrama y desparrama literatura: tiene una inmensa influencia de la Literatura Latinoamericana: están Borges, Sábato, García Márquez, Vargas Llosa y Bolaño, por supuesto. Estos nombres tan cercanos a nosotros en un joven senegalés que vive en Francia y que ha asumido toda la tradición de este país son fundamentales para la novela. Toma desde la literatura francesa a la de Latinoamérica como llave que haga girar la perilla y explote.
La trama principal, el eje que hace girar toda la novela, va sobre una novela que el narrador lee y que se vuelve el motor más importante de su vida. Quien cuenta la novela es un autor africano, nacido en Senegal, contestatario, pero que vive en Francia, escribe en francés y vive de manera cómoda gracias a una beca que le da el Estado francés. Y, un buen día, lee una nota sobre un autor senegalés al cual un crítico llama el Rimbaud africano, le pone este adjetivo por huidizo, por haber escrito una obra maestra para el momento siguiente irse a perder en el anonimato. Entonces, el narrador, escritor en ciernes, se obsesiona por el personaje, sabe que ha escrito El laberinto inhumano, pero es imposible encontrar un ejemplar. Hasta que conoce a una autora de Senegal, un poco la madre maldita de todos los escritores de Senegal, y le da un ejemplar de ese libro que siempre ha querido leer. Entonces, finalmente, lee ese libro y la novela toma un nuevo impulso, deja de ser meramente libresco para transformarse en pura historia, en mitología Serere que cuenta la ascendencia a partir de un río, un cocodrilo gigante y dos gemelos. Mohamed Mbougar tiene el deslumbrante talento de convertir una novela de pesquisas literarias borgeanas, sabateanas, macondescas y bolañescas, en historias apasionantes en donde se cuenta buena parte del siglo XX, las dos guerras mundiales, las dictaduras latinoamericanas y africanas, porque claro, la novela es puramente literaria a la vez que brutalmente contestataria con Francia, con Europa y el terrible, absurdo, actual, violento y constante colonialismo que ejercen con el mundo, al que llaman tercero, en vías de desarrollo o no industrializado, pero que explotan, exprimen y asesinan a su gente, según haga falta. Y, de todo esto, y más mucho más, habla el milagro literario La más recóndita memoria de los hombres.
Mohamed Mbougar Sarr, La más recóndita memoria de los hombres, Barcelona, Anagrama, 2024. 445 páginas.


