
Tlapa, Guerrero, a 1 de noviembre de 2025.- El ritual mortuorio se consumará entre hoy y mañana en la región Montaña, una vez más, como en los distintos rincones de la geografía indígena nacional, como ha ocurrido desde el amanecer de los tiempos, con sus singularidades por aquí y por allá. Cada vez más con el creciente temor de que este ceremonial siga promoviéndose como sólo una mercancía más para un turismo carente de imaginación.
En voz de Ana Constancio Bailón, quien espera en Huiziltepec el regreso del ánima del señor Tomás, su padre fallecido hace cinco años, “a mí no me parece la promoción turística que se está haciendo, porque se trata de una conexión espiritual, sincera, en la que una cree”, y al haber mucha gente de fuera, tomando fotos, pisando tumbas, “como que te quitan esa parte íntima, a que tenemos derecho”, dice para El Sur.
Por su parte, desde Jicayán de Tovar, comunidad mixteca de Tlacoachistlahuaca, Ernesto de la Paz señala que no temen al turismo, porque “estamos tan lejos de la ciudad” que nadie se atreve a visitarlos, por lo que pueden llevar sus rituales “como es”, desde mediados de octubre, mientras las flores empiezan a abrir y las mariposas y abejorros a revolotear sobre ellas, cuando acuden al panteón encabezados por el cantor y la banda musical, para quemar velas y copal, limpiar el aire, despejarlo y dejarle franco el camino a las esperadas ánimas de sus difuntos.
Pero igual, desde días antes, se multiplican por todos lados altares y ofrendas promovidos por instituciones educativas y ayuntamientos, tanto para la aplaudida recreación cultural entre alumnos, como para la presunción de ayuntamientos como promotores de la tradición y, sin duda, como anzuelos al turismo cultural, como en Tlapa, donde poco hace su autoridad por sus extraordinarios vestigios arqueológicos, pero en cambio recarga de cempasúchil y velas el gigantesco altar a las puertas del desértico edificio presidencial.
Que no pisen las tumbas
La página oficial del gobierno estatal promueve lo siguiente: “Cuando visites Guerrero, tienes que ser partícipe de una de las tradiciones más llamativas que se celebra en el mes de noviembre, en Huiziltepec”, y agrega detalles de la celebración necrófila.
Por ello, en días pasados corrió el rumor en la comunidad de que hoy y mañana, por la tarde y noche, habría visitantes extranjeros.
Para algunos están bien esas probables visitas, pero para muchos más, como Ana Constancio, se trata de una especie de “atentado a la intimidad de que uno esté con sus seres queridos, sintiendo su presencia, hablando de ellos con la familia. Pero así, con esa gente tomando fotos, subiéndose a las tumbas, como que ya no habría respeto a nuestra parte espiritual”.
Incluso, eso de poner velas en las calles, de la iglesia al camposanto de su pueblo, es muy reciente, “ocurrencia de un padre, hace dos o tres años”, y ahora “desde las redes sociales se ha promovido como la gran atracción”, que ha hecho que el municipio también esté promoviendo “nuestras ceremonias, pero no están pensando en que yo, por ejemplo, no estoy para tomarme fotos, sino para estar espiritualmente con mi papá, mis abuelos, mi tía materna, mi tío al que enterramos hace tres meses, y para eso necesito respeto”.
“Lo propio de la comunidad no es ese camino de velas. Lo propio es ir al panteón, llevar velitas, prenderlas, poner flores y cadenas de cempasúchil a las tumbas, ofrendar y sentir a nuestros familiares que se adelantaron”, dice la originaria de Huiziltepec.
Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reconoció los festejos por el Día de Muertos como un patrimonio cultural de la humanidad en 2008. Y es que, aunque todos los países tienen sus propias ceremonias mortuorias, la diversidad cultural de México le da una potencia especial a este festejo de la vida y la muerte.
Para los participantes del festejo, éste es la fuerza escénica, vital, de una ceremonia en la que al pie o en la punta de una montaña, comunidades del pueblo ñuu savi, entre el copal, los rezos y los cantos, gritan para que sus muertos les escuchen y regresen, y desde ahí sean conducidos al escenario de su comunidad.
Lo demás, dicen, es lo ya sabido por todos, en casas y panteones, altares sincréticos, ofrendas de tamales y mole, música, danzas, tragos, reunión familiar y, por si a alguien le cabe duda, el enorme significado que estas fechas tienen para los pueblos guerrerenses: un reencuentro festivo entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
Como dice la joven Ana, que mañana estará atenta al repicar de campanas que le anunciarán a su padre, la celebración empezó con “los niños no nacidos; sigue hoy con los niños nacidos, y mañana con los adultos, y decía mi abuela, que el día tres era para las almas de los ladrones, a quienes nadie espera”. Es decir, sería bueno que ese tercer día fuera también para los aprendices de fotógrafos.
Texto: Martín Equihua


