
Tamakún el protector de los saurios en playa Linda, muere entre el olvido y la enfermedad. Su partida marca el fin de una era para el turismo y la cultura popular de Zihuatanejo, dejando un vacío en el estero de Ixtapa que fue su hogar y escenario por poco más de cuatro décadas
Zihuatanejo, Guerrero, 28 de diciembre de 2025. El hombre que domaba a los cocodrilos ha dejado de existir. El sábado 27 se confirmó el fallecimiento de Roberto Pizá Ríos, conocido internacionalmente como Tamakún, el icónico protector de los saurios en playa Linda, ubicada en la zona hotelera II de Ixtapa, a la edad de 75 años, debido a complicaciones en su deteriorada salud.
Su partida marca el fin de una era para el turismo y la cultura popular de Zihuatanejo, dejando un vacío en el estero que fue su hogar y escenario por poco más de cuatro décadas.
Pizá Ríos, originario de Atoyac, durante más de 50 años se ganó el asombro de propios y extraños por su insólita capacidad de convivir, alimentar y acariciar a cocodrilos de más de tres metros de largo. Murió tras una batalla contra complicaciones de salud que lo habían mantenido alejado de su amado cocodrilario en los últimos meses.

Una vida entre colmillos y olvido
A pesar de ser uno de los principales atractivos visuales de Ixtapa-Zihuatanejo, la vida de Tamakún no estuvo exenta de carencias.
En múltiples ocasiones, a través de las páginas de El Sur, Roberto denunció la falta de apoyo de las autoridades de los tres órdenes de gobierno; una de ellas fue en 2013, luego de que su vivienda, ubicada en la colonia Los Pinos, en uno de los cerros de esta ciudad, quedara entre piedras y lodo, por las fuertes lluvias ocasionadas por la tormenta tropical Manuel. Nunca pudo volver a recuperarla en su totalidad.
Sobrevivía de las propinas de los turistas y del cariño de la gente local, siempre firme en su labor de cuidar a los ejemplares que él consideraba su familia, “ellos me conocen, saben que no les haré daño”, solía decir mientras se adentraba en el fango ante la mirada atónita de los visitantes, quienes lo miraban montar el lomo de los grandes y jugar con ellos como si de animales domésticos se tratara.
Fue conocido en todo el mundo por la singularidad que tenía para interactuar con los saurios, algunos de ellos de casi cuatro metros de largo.
Tamakún fue fanático del equipo de futbol América y en honor a algunos de los famosos jugadores que ha tenido ese equipo, “bautizó” con sus nombres a algunos cocodrilos, los más recordados, “Zague”, “Luis García” y “Cuauhtémoc Blanco” quienes al escuchar su voz, salían de entre el agua fangosa a encontrarse con él.
Su destreza y valentía le valió reportajes de todo el mundo, pero en lo local Tamakún siempre luchó por la dignificación del área de los cocodrilos, pidiendo mejores mallas y condiciones para los animales, lo que ocurrió en abril de 2022, cuando el ahora ex alcalde Jorge Sánchez Allec remodeló el cocodrilario, el cual, desde entonces, oficialmente lleva su nombre.
En diciembre de 2014, un cocodrilo lo atacó, afectándole la tibia y el peroné. A partir de entonces, para proteger su integridad física, las autoridades de los tres órdenes de gobierno le prohibieron la entrada al estero y que siguiera alimentando a los cocodrilos, pero Tamakún, una vez que se recuperó, siguió yendo al cocodrilario, al que se metía muchas veces de manera furtiva, pues podía más el cariño que le tenía a los saurios, que las llamadas de atención a las que muchas veces se hizo acreedor por desobedecer. Por ello, las autoridades terminaron cediendo, hasta que en julio de 2018, de nueva cuenta fue hospitalizado después de que otro cocodrilo lo mordiera.
Durante la pandemia, del 2020 a principios del 2023, cuando las actividades no esenciales se suspendieron por completo y se cerraron todas las playas de este lugar, con un gran esfuerzo físico, pues su salud ya comenzaba a mermar, Tamakún siguió llevándole alimento a los cocodrilos de manera frecuente, pedaleando un triciclo en el que llevaba retazos de pescado, recorriendo más de 10 kilómetros de distancia desde Zihuatanejo hasta la zona hotelera II de Ixtapa, “ellos no saben qué es eso del Covid”, decía.
Lo avanzado de su edad y por complicaciones de salud, Tamakún ya no tenía la misma energía para acudir diariamente a visitar a sus queridos cocodrilos y pese a que estaba jubilado como velador de un plantel educativo en esta ciudad, su situación económica era precaria, lo que lo orilló a vivir, por temporadas, de juntar botes de aluminio por la carretera, en el tramo de las comunidades El Coacoyul-Aeropuerto, en este municipio, así como a veces traer consigo un cocodrilo o una boa constrictor, con los que recorría los sitios frecuentados por los turistas y éstos podían posar con ellos a cambio de unas monedas.
El último adiós
En los últimos años, su salud se vio mermada, y aunque en diversas ocasiones se solicitó el apoyo de la comunidad para sus gastos médicos, el cuerpo del también conocido como “el rey de los cocodrilos” finalmente cedió por una litiasis vesicular que lo mantuvo en el hospital de esta ciudad desde septiembre de este año y en donde falleció durante la mañana del sábado 27 de diciembre.
Este domingo, sus familiares llevaron su féretro al cocodrilario, a modo de despedida. El cortejo fúnebre atrajo a una veintena de turistas, quienes una vez que supieron de quien se trataba, decidieron quedarse a escuchar y a capturar el momento con sus teléfonos celulares.
Ahí, su hermano mayor, Práxedis Pizá Ríos, dio un emotivo mensaje, recordando la labor de promoción turística a este lugar de playa que durante tantos hizo su hermano menor, a través del espectáculo de alimentar a los cocodrilos, que llegó a ser la principal atracción en ese balneario.
Una de sus hijas, Rocío, visiblemente conmocionada por la pérdida de su padre, con un tono de voz que denotaba reproche e impotencia, lamentó que en las redes sociales “estalló” la noticia de la muerte de Tamakún y cientos de personas se volcaron escribiendo que sentían la pérdida, “pero es aquí donde deberían de estar, y no están”.
Dijo que “mucha gente habla sin conocer”, pues pese a que el domador de cocodrilos pasó sus últimos años viviendo en condiciones paupérrimas, “fue porque él así lo quiso, él así era feliz, protegiendo a sus animales, a sus cocodrilos. Porque estos cocodrilos son de Tamakún. Mi padre así fue feliz, pero él tenía una familia, una esposa, hijos, nietos, que estamos aquí y que estuvimos con él cuando más lo necesitó”.
También se dolió que durante los tres meses que su padre estuvo en el hospital, “nadie lo fue a ver, lo dejaron solo, sólo estuvimos nosotros, su familia”.
Con su muerte, Ixtapa-Zihuatanejo pierde a uno de sus personajes más auténticos. Se va el hombre, pero se queda la leyenda del hombre que, con una vara y una voz firme, lograba domar a la naturaleza salvaje, recordándonos que el respeto por la fauna es la base de la convivencia. Descanse en paz, Roberto Pizá Ríos, el eterno Tamakún, el rey de los cocodrilos.
Brenda Escobar


