
Francisco Barragán era originario de Coatepec de la Escalera, y falleció de un infarto la mañana del viernes. “Todo se le juntó: se le bajó la presión por el cansancio, el estrés, y también le afectó el malestar por las condiciones en que vivía en el plantón”, dice Crescencio Pacheco.
Chilpancingo, Guerrero, 25 de marzo de 2019. El desplazado originario de Coatepec de la Escalera, municipio de Leonardo Bravo (Chichihualco), Francisco Barragán Nava se encontraba en plantón afuera del Palacio Nacional en la Ciudad de México y falleció de un infarto la mañana del viernes pasado, tras convalecer 14 días en el hospital Balvuena.
Francisco era uno de los desplazados que se encontraban en plantón desde el 19 de febrero afuera del Palacio Nacional en demanda de una audiencia con el presidente Andrés Manuel López Obrador, para pedirle el regreso a su pueblo del que fue desplazado por policías comunitarios de Heliodoro Castillo que tomaron Filo de Caballos y comunidades vecinas, entre éstas la de él, el 11 de noviembre.
“El viernes regresó a su pueblo no en las condiciones que él quería, y con eso a todos nos dio el bajón, porque no sabemos quién sigue, la verdad vivimos en situaciones muy complicadas”, declaró ayer vía telefónica el representante de los desplazados de Chichihualco, Crescencio Pacheco González.
El occiso se encontraba en plantón con cuatro de sus hijos, su esposa y dos nietos, quienes a pesar de los riesgos de violencia en su contra tuvieron que regresar a su pueblo con su familiar muerto, a quien sepultaron la tarde del sábado.
Barragán Nava tenía 54 años, de pronto, el 8 de marzo se puso mal.
Sus compañeros del movimiento no se dieron cuenta de inmediato porque Francisco era “bien relajisto”, contó Crescencio. Dijo que a las 8 de la noche de ese día lo vieron entrar a su carpa y en seguida comenzó a sacudirse con sus pies afuera de su casa de campaña.
“Estaba sacudiendo sus pies alzados hacia arriba”, dijo Pacheco González, y agregó que nadie le hizo caso porque al ahora difunto le gustaba mucho el relajo, hasta que uno de sus compañeros que dormía al lado fue por su chamarra y lo vio que estaba en un estado “como dándole un infarto”, y comenzó a gritarles a sus compañeros quienes le dieron respiración de boca a boca y le hablaron para que reaccionara, también le pusieron alcohol en nariz y nuca, pero no reaccionaba y llamaron a la ambulancia que ya casi a las 9 y media se lo llevó al hospital Balbuena.
En el hospital le hicieron una tomografía y en ella descubrieron que tenía coágulos de sangre en el cerebro, a consecuencia de un derrame cerebral.
“Todo se le juntó: se le bajó la presión por el cansancio, el estrés, y también le afectó el malestar por las condiciones en que vivía en el plantón”, dijo ayer Pacheco González.
Entre el miércoles y jueves de la semana pasada Francisco comenzó a recuperarse, en una de las visitas conoció a su hijo mayor que estaba al pendiente de él, no hablaba pero ese día abrió los ojos y sus familiares le hacían preguntas a las que reaccionaba satisfactoriamente.
Sin embargo entre las 4 y 5 de la madrugada del viernes sufrió el infarto que le quitó la vida.
Crescencio informó que el mismo viernes por la tarde se lo trajeron a Coatepec de la Escalera, a donde llegaron como a las 11 de la noche y el sábado por la tarde lo sepultaron.
“El viernes regresó a su pueblo no en las condiciones que él quería, y eso a todos nos dio el bajón, porque realmente no sabemos quién sigue, la verdad vivimos en situaciones muy complicadas”, contó Pacheco González.
Francisco Barragán Nava estaba en el plantón con sus cuatro hijos, su esposa y dos nietos, con los que salió de Coatepec de la Escalera el 12 de noviembre, un día después de que los policías comunitarios de Heliodoro Castillo irrumpieron violentamente en Filo de Caballos.
Su pueblo se encuentra a unos 25 minutos de allí y temiendo que también su comunidad fuera invadida la abandonó con otros de sus vecinos con quienes se fueron a refugiar al auditorio de Chichihualco, a donde se alojaron pobladores de unas nueve comunidades.
Para el traslado del difunto sus familiares solamente recibieron 8 mil pesos de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), pero el costo total fue de 22 mil pesos, el resto lo consiguieron y otra cantidad fue del boteo de sus compañeros desplazados.
Francisco fue integrante de la Unión de Comisarios de la Sierra y en vida hizo declaraciones a los medios de comunicación en las que denunció la negligencia de los gobiernos estatal y federal, que no garantizaron la seguridad en la zona de la sierra.
Pacheco González dijo que a pesar del riesgo sus familiares tuvieron que trasladar el cuerpo a su pueblo, Coatepec de la Escalera, en donde lo sepultaron la tarde del sábado.
El representante de los desplazados dijo que como Francisco hay muchos desplazados que sufren de tensión arterial, de estrés, de cansancio, de preocupación por la inseguridad en que vive el resto de sus familiares.
En su caso dijo que su madre, a quien tiene resguardada en otro estado, está delicada, “ha tenido muchas complicaciones, le afectó bastante su desplazamiento, bajó de peso, no come, todos los días está llorando. Los días pasados se desmayó, se golpeó la cabeza, la dieron de alta pero sigue sumida en la depresión”. Dijo que igual les está afectando a todos su desplazamiento, por el cambio de lugar y las condiciones en que ahora viven.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: El Sur


