21 enero,2019 7:26 am

No buscamos justicia, sólo buscamos saber dónde están, dicen familiares de desaparecidos

Tener a un familiar desaparecido acaba con la magia, dejas de sonreír a carcajadas y provoca un dolor más fuerte, incluso, que ver morir a otro familiar, dice Mayra Vergara, que busca a su hermano desaparecido desde hace más de cinco años.
Huitzuco, Guerrero, 21 de enero de 2019. Tener a un familiar desaparecido acaba con la magia, dejas de sonreír a carcajadas y provoca un dolor más fuerte, incluso, que ver morir a otro familiar, dice Mayra Vergara, que busca a su hermano desaparecido desde hace más de cinco años.
Ella forma parte de la cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas que inició sus actividades ayer en esta cabecera municipal con una misa y una marcha por la paz, con la participación de más de 200 miembros de 60 colectivos de 22 estados del país.
“No buscamos justicia, tampoco queremos saber quién y por qué se los llevaron, sólo les pedimos a esas personas (delincuentes) que nos digan dónde están para darles una sepultura digna”, dice un familiar entre las mujeres y hombres que buscan a sus hijos, hijas o hermanos.
La Cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas llegó este sábado a la casa de la cristiandad de la iglesia del Señor Santiago en la cabecera municipal de Huitzuco a convocatoria de la organización de Enlaces Nacionales que aglutina a 60 colectivos de familiares de víctimas de desaparición.
Duele más la desaparición de mis hijos que la muerte de otros familiares
María Herrera Magdaleno, del colectivo Familiares en Búsqueda y Enlaces Nacionales, desde hace más de 10 años busca a sus cuatro hijos desaparecidos en dos hechos distintos, lo que cambió completamente la vida a toda su familia.
Cuatro de sus hijos están desaparecidos, dos de ellos, Jesús Salvador, de 24 años, que dejó dos hijos, un niño de cuatro años y una bebé de cuatro meses, y Raúl, de 19 años,  desaparecieron en Guerrero el 28 de agosto de 2008 junto a otros cinco jóvenes en Atoyac de Álvarez, y dos años después, otros dos de sus hijos Gustavo, de 27 años, que tenía un niño, y Zamando, de 25 años, que dejó dos hijos, desaparecieron el 22 de septiembre de 2010 en Poza Rica, Veracruz.
“Es un dolor que no tiene comparación y que no se puede ni describir”, narra la mujer que durante el tiempo que ha buscado a sus hijos perdió a sus padres y a su esposo, quien murió de un infarto a los seis meses de la desaparición de sus dos primeros hijos. “Yo te puedo decir que nada de eso de lo que pasó en esos momentos, todas esas muertes que han ocurrido en esos años, ninguna me ha dolido tanto como la desaparición de mis hijos”.
“El hecho que le arrebaten a uno sus hijos de esta forma, es el dolor más fuerte que puede uno recibir como madre, y no sólo lo digo yo, sino todas las madres que vivimos por esta situación”.
Cuenta que hoy sus nietos, hijos de sus hijos desaparecidos, ya tienen la inquietud de participar en la búsqueda de sus padres, “para mí esos es un dolor, ya quisiera yo que me entregaran los restos de mis hijos para podérselos entregar a mis nietos y a mis nueras”, dice llorando y al momento que aclara que ellos como familiares ya no quieren saber quién los desapareció ni porqué, “lo único que pedimos es que nos digan dónde están”.
“Para nosotros jamás habrá resignación, pero sí será un poco de paz y consuelo saber dónde están o donde quedaron sus restos, y a mis nietos, darles esa satisfacción de que ya no van a salir a buscarlos como lo están pidiendo, yo quiero que mis nietos tengan al menos los retos de sus padres para que ellos puedan realizar su vida sin estar en esto, porque estas búsquedas son muy desgastantes”.
Tener a un familiar desaparecido te lleva a una vida totalmente incierta y vacía, ya no puedes entregarte a nadie de tu familia con la misma naturalidad con la que se debe de hacer, narra la mujer al describir que la desaparición de sus cuatro hijos la ha alejado de sus nietos, tanto de los hijos de los desaparecidos como los que aún están con vida y que la acompañan en estas búsquedas, “como abuela, siento que les he fallado a mis nietos, porque ahorita todas mis ilusiones y mis intenciones están centradas en buscar y encontrar a mis hijos”.
Herrera Magdaleno, informó que hay altas expectativas de esta jornada de búsqueda, pues ven que ha tenido más relevancia y participación que las tres anteriores, dos realizadas en Amatlán de los Reyes y Poza Rica, Veracruz y una más en Sinaloa, donde participaban entre 50 y 65 personas.
En las tres primeras Brigadas Nacionales han localizado más de 4 mil restos humanos en Poza Rica, Veracruz, así como en Sinaloa hallaron restos y fueron identificados dos cuerpos localizados. Asimismo han logrado localizar a personas desaparecidas con vida, gracias al apoyo de los enlaces que has entre los colectivos de todo el país que tienen un trabajo permanente en la búsqueda de personas.
Puntualizó que tener más familiares de desaparecidos es un mal indicador, pues eso significa que en México la gente sigue desapareciendo y que cada vez se están sumando más personas con este mismo problema y para nosotros es muy doloroso no poder hacer algo para detener esta situación.
Dijo que de poco sirve que ellos sigan sacando cuerpos y restos de entierros clandestinos cuando las personas siguen desapareciendo en distintos estados del país, “es una angustia y un dolor el saber que esta gente que sigue desapareciendo a las personas no se miden, y no se fijan que al llevarse a una persona destruyen a todo el núcleo familiar”.
Indicó que la llegada del nuevo gobierno federal que preside Andrés Manuel López Obrador genera buenas expectativas para las familias de los desaparecidos, pues señala que funcionarios de su gabinete los han estado recibiendo con frecuencia siempre que han solicitado apoyo y audiencia. Y en esta cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas cuentan con el respaldo del gobierno federal en materia de seguridad y facilitar la búsqueda.
Se acaba la magia, dejas de sonreír a carcajadas
“Tener a un familiar desaparecido te cambia la vida completamente, y no solo a ti, sino a todos los miembros de la familia”, describe Mayra Vergara a más de cinco años del secuestro y la desaparición de su hermano Tomás Vergara Hernández, ocurrido el 5 de julio de 2012 en Huitzuco, quien dijo que todos los días tienen la esperanza de que llegue a su casa vivo, y que llegue caminando.
Ya con lágrimas señala que para su familia ha sido muy difícil en todos los aspectos, desde lo económico, moral y social, “hasta en la diversión porque teniendo a un familiar desaparecido se acaba con esa magia, en los convivios familiares él (Tomás) siempre está presente, ya dejas de reír a carcajadas porque él me falta”.
Lamentó que siga habiendo un silencio tan grande de muchas personas a pesar de tantos años de dolor y de ver que cada vez son más las familias que tienen a un desaparecido, con autoridades indiferentes con este problema “que no los buscan”.
–¿Cómo logra una familia sacudirse el miedo de levantar la voz, denunciar y decir que tiene a un familiar desaparecido?
–Por muchos meses no salí de mi casa, y hasta la fecha vivimos con miedo pero la vida sigue. Llega el momento en que te detienes o todos los días te detienes y preguntas dónde estará. Definitivamente la vida no sigue igual, sales porque tienes que salir, aparentemente tu vida es normal porque la vida tiene que seguir, pero te falta ese pedazo de corazón de saber dónde está.
Para Mayra la Cuarta Brigada Nacional significa como si todo el pueblo y gente de todo el país “me ayudara a buscar a Tomás”, y no pierde la esperanza de poder localizarlo.
Narra que como hermana de un desaparecido en su afán de poder encontrarlo, ha recorrido a todos los medios para su búsqueda, hasta ir con brujos, videntes y toda clase de persona que ofrece usar ciencias ocultas para localizar a su hermano, lo cual no ha dado los resultados esperados.
Los hermanos Mayra y Mario, son de los iniciadores del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala, participaron desde las primeras búsquedas de fosas clandestinas en cerros de Iguala, y quienes con el ansia de localizar a su hermano encararon a las autoridades estatales y federales para obligarlos a realizar el trabajo en campo de la excavación de fosas clandestinas.
Mario, junto al ahora presidente del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala, Joel Díaz, y los hermanos Jesús y Raúl Cannan, militares retirados que se unieron a la búsqueda de los dos hijos del segundo, fueron los creadores de aquella varilla con punta, herramienta rústica que era clavada en la tierra con la ayuda de un mazo para ubicar entierros clandestinos a través del olor que dejaban en el metal los cuerpos inhumados en los cerros. Decanas de cuerpos fueron recuperados así.
Texto y foto: Alejandro Guerrero