
Chilapa, Guerrero, 17 de abril de 2020. Óscar y Avelina son un matrimonio dedicado desde hace 14 años a la venta de bolillos con relleno de puerco en Chilapa está padeciendo la contingencia por el coronavirus. Desde principios de abril sus ventas cayeron a la mitad.
“¿De qué vamos a vivir si este es nuestro trabajo? Yo me dedico a esto, vamos al día”, comentó Óscar
Al igual que Óscar y Avelina, otros 19 de comerciantes de antojitos mexicanos, postres, aguas frescas y jugos fueron retirados del zócalo, que fue cerrado el pasado 08 de abril como medida del Ayuntamiento para evitar la propagación del Covid-19.
Dos días antes, el lunes 06 de abril, en una reunión con el alcalde Jesús Parra (PRI) se les informó a los comerciantes la decisión de cerrar el zócalo. De acuerdo a locatarios presentes el alcalde les prometió ayuda económica y una canasta básica que no les ha llegado.
Óscar Dircio desde hace 14 años empezó a recorrer las calles de Chilapa ofreciendo bolillos con relleno de puerco, luego se estableció en un punto de una transitada avenida. Desde hace 7 años su esposa Avelina atiende otro puesto en el zócalo de la ciudad. A ambos locales los mandaron a retirar ante la contingencia.
La mamá de Óscar le propuso promocionar su negocio en Facebook. Óscar, ajeno a las redes sociales, le mandó una foto de su local a su hermana que la subió a la red. Los clientes empezaron a llegar a su domicilio. Pero ya no es lo mismo.
En su domicilio, en el popular barrio de San Juan, la pareja ha habilitado uno de los dos triciclos que usaban para la venta y sólo guisan una cacerola con relleno de puerco. El triciclo tiene pegados letreros que dicen: “Favor de traer su traste para llevar su relleno y sus chilitos”, “di no al unicel y a bolsa de plástico” y “cuidemos el medio ambiente”.
De los 200 bolillos que hace unos meses vendían entre los dos, ahora logran vender 40. Y aunque la verdura y la carne de puerco y de pollo han subido, desde hace un año mantienen su precio de 20 pesos por bolillo, pues estiman que si le suben unos pesos perderán a sus clientes.
“Yo aquí no quería vender, porque está retirado del centro (de la ciudad) y a la gente no le gusta ir lejos. Con esto de la enfermedad que empezaron a difundir como que la gente tiene miedo a salir”.
Por la mañana, el local llamado Don Oscar, instalado en la entrada de un estacionamiento particular, tuvo afluencia; hasta ocho clientes llegaron a esperar su pedido. Poco después del medio día, sólo un solitario comensal degustaba un bolillo.
La cacerola del relleno de puerco ya se había agotado, pero le quedaba casi completa otra pequeña charola con una pechuga de pollo guisada. “Es la que se acaba a diario”, dice.
“La intención es ganar poquito aunque sea todos los días, pero que se vaya vendiendo; la costumbre de nuestra venta es que la gente sabe que el relleno es nuevo, preparado al día. Y yo no le puedo subir porque a lo mejor baja mi venta”.
“En este caso con esto del Covid si yo lo subo, a lo mejor lo vendo menos”, dice Óscar.
Empezar otro negocio
Debajo de su mandil rojo de la carnicería Lulú, Óscar porta una playera del equipo de fut bol Tigres y una gorra desgastada del América, su equipo favorito. Detrás de él está guardado el triciclo de su esposa que ahora hace pulseras y collares con cristal, perlas, chakira y pequeñas flores de palma.
“Me estoy dedicando a hacer pulseritas, qué podemos hacer ahora si la economía está muy mal. Tenemos que buscar la manera por que los gastos en la casa están muy fuertes, los hijos quieren comer y de dónde si no le echamos ganas”.
“Estoy haciendo esto y a ver si logramos vender un poquito, estoy empezando prácticamente”, cuenta Avelina sin dejar de hacer la artesanía.
¿Cómo vamos a sobrevivir?
Hasta antes de la Semana Santa, Óscar vendía en su puesto 100 bolillos, su esposa en el centro de la ciudad otros 100. Además de que a la semana tenían de tres a cuatro pedidos especiales a domicilio.
El jueves de la semana pasada en su local en la avenida Municipio Libre sólo vendió 300 pesos desde las 8 a las 12 y media del día.
“Le digo a mi esposa ¿cómo vamos a sobrevivir?, tenemos compromisos con algunas cosas, con la escuela de los hijos. Nosotros vamos al día, todos los ahorros no alcanzan”.
Y hace un cálculo en caso de que la contingencia se prolongue todo el mes de mayo:
“Supongamos que llegamos fines de mayo, nos vamos a ver mucho más apurados porque estamos viendo que lo poquito que tenemos se está gastando. Vamos a tener que aguantar, y si no veremos sacar un préstamo porque esto va pa’ largo”.
Los ahorros del matrimonio se van acabando, este jueves tuvieron que pagar un pedido de papa, zanahoria y chile verde, de unos mil 200 pesos y aún tienen que completar para pagar la mensualidad del refrigerador nuevo que adquirieron a crédito. Para eso también se apoyan de pequeñas tandas.
“Vamos nada más sacando para la carne, para la verdura y para ir comiendo, porque ya no da para otra cosa, así que nos vamos limitando”, comentan.
Los comerciantes pidieron a los tres órdenes de gobierno poner interés a los pequeños negocios en esta contingencia como la flexibilidad de préstamos.
Texto y foto: Luis Daniel Nava


