18 marzo,2025 7:49 am

No hay empresas recicladoras que cumplan con las normas oficiales en Chilpancingo

 

Chilpancingo, Guerrero, a 18 de marzo de 2025.- A la actual crisis de la recolección de basura en la capital, se suma la falta de una empresa recicladora que cumpla con las normas oficiales mexicanas, como las hay en otras ciudades del país.

Especialistas, recicladores en pequeño, pepenadores y trabajadores del basurero ubicado en el cerro del Huiteco, que está a punto de cerrar por saturación, opinaron que la falta de una empresa en la capital, tiene que ver con intereses políticos y presiones del crimen organizado que en los últimos años ha atacado e incendiado bodegas de material reciclado, ha ejecutado y desaparecido a empresarios del ramo.

Derivado de ello, el temor aflora entre quienes se dedican al “negocio de la basura”.

“Aquí, a lo que vienes: te metes, pepenas, juntas, viene la empresa a comprarte, vendes y a desafanarte, para que mañana te vengas otra vez temprano”, dijo el 28 de febrero uno de los pepenadores del basurero del cerro del Huiteco, a manera de explicación del por qué no deben andar husmeando en el negocio.

El temor tiene justificación

El 1 de septiembre de 2020, un grupo de hombres armados atacó a balazos e incendió una bodega de reciclaje de cartón en Tierras Prietas, al norte de Chilpancingo, frente al tiradero de basura que funcionaba de manera provisional.

El ataque ocurrió alrededor de las 9 de la noche y de acuerdo con el peritaje, en el lugar fueron encontrados alrededor de 30 casquillos percutidos de rifles AK-47, para rifles de los conocidos como Cuernos de Chivo.

El 1 de mayo de 2021, otro incendio provocado consumió dos bodegas donde se almacenaba cartón y plástico reciclado, ubicadas en la lateral de la carretera federal México-Acapulco, cerca de Petaquillas.

Uno de los establecimientos funcionaba como empacadora de cartón y adjunto estaba una recicladora de PET.

El 12 de agosto de 2021 fue encontrado asesinado a golpes Eduardo, propietario de una recicladora, así como Fernando y Julio Alejandro, dos de sus trabajadores.

Sus cuerpos estaban arriba del remolque de una camioneta, en la que recolectaban el material reciclable y que estaba estacionada en el interior de la recicladora de plástico, ubicada en el fraccionamiento Real del Valle, al sur de Chilpancingo, cerca del cuartel de la Guardia Nacional.

La madrugada del 28 de marzo de 2022 fue incendiada una bodega recicladora de plástico y de cartón, así como un automóvil en Prolongación 5 de Febrero, de la colonia Caminos, a una cuadra del mercado Baltasar R Leyva Mancilla.

Hasta el 2 de marzo pasado, el establecimiento seguía funcionando pero con el portón cerrado.

A las 7:20 de la noche del 6 de junio de 2022 fue atacada a balazos una recicladora de cartón y plástico, ubicada a orillas de la carretera federal México-Acapulco, a un costado del hotel Bugambilias, cerca de Petaquillas.

En el ataque resultaron heridos una mujer y dos hombres, pero la primera murió en el trayecto hacia el hospital Raymundo Abarca, de Tierras Prietas.

La madrugada del 7 de mayo de 2023 un incendio consumió una recicladora de plástico y fierro viejo, ubicada en el crucero hacia Chichihualco, al norte de Chilpancingo.

El 24 de agosto de 2024, hombres armados interceptaron en la calle Llano Largo, de la colonia Industrial, al norte de la capital, al empresario del reciclaje César Ojeda Cano, de 57 años, a fuera de su negocio.

Los hombres armados se lo llevaron frente a algunos de sus familiares, que fueron amagados con armas largas, según éstos los agresores tenían aspecto de policías.

César Ojeda llevaba 20 años dedicado al reciclaje de PET, cartón y papel, y antes de ser levantado había sido víctima de otros ataques.

Dos días antes, el 20 de agosto, cerca de las 8 y media de la noche, llegaron frente a su negocio, donde también vivía, siete hombres armados y apuntaron con armas largas a todos los que estaban con él, pero después se fueron.

El 28 de abril, cuando el empresario y su familia se preparaban para inaugurar una nueva bodega recicladora cerca de Petaquillas, entre las 9 y media de la mañana, fue atacado a balazos y resultó herido del brazo, según denunciaron sus familiares el día que informaron de la privación de su libertad.

Tres días después, un incendio consumió su bodega que estaba a punto de abrir cerca de Petaquillas.

David Melchor Alcaraz, uno de los acopiadores, informó el 3 de marzo que ahora el acopio se realiza como en “operación hormiga”, pues ya no hay bodegas grandes en las que llegue el material reciclado para su venta, “porque, o trabajas para el crimen o te atienes a las consecuencias”.

Su negocio de compra-venta de material reciclado, ubicado en una de las principales avenidas de la capital, lo combina con la venta de tinacos, tambos y ánforas de plástico para el almacenamiento de agua.

Estos productos cubren las costalillas llenas de botes de aluminio, cobre y fierro que le llevan a vender y que arrincona al fondo de su local.

Reconoció que el negocio tiene que hacerse casi a discreción, por la presión del crimen organizado, debido a que se centra en este tipo de actividades porque no están reglamentadas por la autoridad, a pesar de sí deja ganancias a quien se dedica a ellas.

Por ejemplo, un kilo de botes de aluminio, en su presentación de envases de cerveza o refresco, cuesta 20 pesos; y el del cobre fluctúa entre 15 y 20 pesos.

El PET o plástico cuesta 2.50 y hasta cuatro pesos el kilo, según su presentación, y el fierro en 2 y hasta 3 pesos. En tanto que el precio del cartón varía mucho, entre 80 centavos, 1 y 1.50 pesos.

Influyen protestas sociales

La jefa del Departamento de Sostenibilidad de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), María Guadalupe Díaz Salazar, quien tiene un pequeño centro de acopio en la avenida Benito Juárez, frente a las instalaciones de la Cruz Roja, donde se dedica al acopio de material reciclado sin fines de lucro desde 2013, reconoció que los empresarios del reciclaje no se establecen en Chilpancingo por los conflictos sociales que generan constantemente bloqueos de calles y cierre de carreteras.

Pero también admitió que las organizaciones criminales no dejan trabajar a quienes se dedican al reciclaje. “Les caen y tienen que darles, entonces, los recicladores dicen ‘nomás voy a estar trabajando para ellos’. La verdad es triste pero es la realidad que se vive en Chilpancingo y así no pueden trabajar muy bien que digamos”.

“Nadie le quiere invertir porque no tienen la certeza de que van a recuperar su inversión”. Explicó que, por eso, los acopiadores juntan sólo una determinada cantidad y venden el material prácticamente al menudeo a empresas que vienen de otros estados.

“A mí me ha llamado de Guadalajara, de Ciudad de México y Monterrey, porque el centro de acopio lo tengo registrado en el ámbito nacional. Me dicen que si les puedo juntar una determinada cantidad de plástico, pero les digo que no junto mucho y les aclaro que yo no lo vendo, que lo dono, que no trabajo con fines de lucro”.

Sin embargo, dijo que la basura “es dinero”, sólo que autoridades y ciudadanos no lo ha querido ver de esa manera.

Opinó que para resolver el problema de la basura en la capital, se requiere de una empresa recicladora que cumpla con la Norma Oficial Mexicana (NOM) y que se establezca legalmente, para hacer la separación de cada uno de los elementos.

Explicó que de acuerdo con estudios, el 50 por ciento de las 400 o 500 toneladas de basura que se recogen en Chilpancingo llega a los camiones recolectores del Ayuntamiento o a las camionetas de La Basura Jefa, sin la separación del material reciclable, y un 25 por ciento es basura orgánica con la que se pudiera hacer composta.

Insistió, por tanto, en que la solución está en la separación correcta de la basura, “pero para eso se tiene que reeducar a las personas”.

En su centro de acopio reciben casi de todo: papel, cartón, plástico, aluminio, vidrio, apartaros eléctricos, medicamentos caducados, colillas de cigarro, tapitas de plástico, cartuchos de tonher de todas las marcas, prendas de vestir, calzado, aceite de cocina colado, pilas alcalinas de computadoras y de celular y todo lo que reciclan lo donan. El objetivo es contribuir al saneamiento del medioambiente.

Por ejemplo, las llantas actualmente las envían a la empresa Holcim en Acapulco, pero en las primeras campañas las utilizaron para construir una barda en Huiziltepec, municipio de Eduardo Neri, y una casa en la colonia Nueva Esperanza, de Chilpancingo.

De acuerdo con las autoridades, no existe una cultura en la población para separar su basura, lo que ocasiona que casi todo vaya a parar al basurero, opinión que compartió la universitaria.

Pero el 28 de febrero, pepenadores del basurero ubicado en el cerro del Huiteco, denunciaron que negocios que funcionan al amparo de políticos y funcionarios separan la basura antes de que llegue al tiradero, lo que provoca que ya no tengan ganancias como antes.

Contaron que en la administración de la ahora ex alcaldesa Norma Otilia Hernández, ella adquirió 20 camiones recolectores y los equipó con cuatro o cinco chalanes, que van separando la basura en la calle y cuando llega al basurero ya va toda escogida, “y a nosotros nos dejan sin nada”.

Estos 10 camiones, según dijeron, siguen operando al día de hoy.

La disminución de sus ganancias, argumentaron, es la causa de que de los 135 pepenadores que trabajaban cuando el basurero estaba cerca de La Cinca, al sur de la capital, hoy sólo hay 25.

Los pepenadores separan en especial plástico, fierro, cartón, papel, aluminio, cobre y bronce y con su venta tienen ingresos de 200 a 250 pesos diarios, según la cantidad que recojan.

Uno de los pepenadores informó que tres empresas del Estado de México y Puebla vienen a comprarles, que ya no venden a empresas de Chilpancingo “porque ya no hay”.

Los pepenadores fueron consultados en el basurero del cerro del Huiteco que comenzó a operar en 2018, en el periodo del alcalde Antonio Gaspar Beltrán.

En un recorrido ese día se constató que se encuentran al tope.

“Ya nos dijeron que aguantará hasta este marzo, que después nos vamos a pasar al de Matlalapa”, informó José Rojas Maldonado, operador de una máquina que compacta la basura que llega.

El trabajador reconoció que el tiradero fue “mal planeado”, porque la entrada quedó en medio de los montones de desechos, lo que “robó espacio”.

Advirtió que el tiradero está “saturadísimo y nomás lo estamos haciendo aguantar este mes”.

Mientras hablaba, otras tres máquinas acomodaban los desechos para abrir más espacio, “vea, ya no tenemos dónde”, dijo señalando uno de los camiones que llegaba y que de inmediato era rodeado por los pepenadores sin mascarillas, guantes, ni botas, en espera de encontrar algo de valor.

Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Jesús Eduardo Guerrero – Archivo