17 septiembre,2025 8:39 am

No olvidan en Atlamajalcingo del Monte la incumplida deuda de Vicente Guerrero

La corona de su virgen, su órgano parroquial y dos campanas de la torre de su iglesia le fueron dados al prócer de la Independencia, por la crisis de municiones que enfrentaba ante el acoso del ejército realista. Hasta el día de hoy, las necesidades de la zona son ignoradas por el gobierno

Atlamajalcingo del Monte, Guerrero, 17 de septiembre de 2025. Este pueblo no olvida que la corona de su virgen, su órgano parroquial y dos campanas de la torre de su iglesia le fueron entregados al general Vicente Guerrero para fundirlos, por la crisis de municiones que enfrentaba ante el acoso del ejército realista.

Vicente Guerrero defendía el estratégico fuerte que instaló por cerca de cuatro años en el cerro La Purísima, donde siguen esperando un camino artesanal que facilite el acceso a este punto histórico.

Cumplida la hazaña y cuando ya el prócer guerrerense se encontraba en el corazón político de la naciente república, una comisión de autoridades y principales se presentó con el acta de préstamo en mano, a recordarle al héroe independentista que los bienes de su iglesia, incluida la mismísima corona de la Virgen de la Concepción, se los habían cedido en préstamo, como él lo había solicitado y que esperaban el pago de esa deuda, dada la dimensión simbólica y emotiva de los bienes. Guerrero les extendió una carta reconociendo la deuda, pero siguen esperando su pago.

Pendientes obras y resoluciones agrarias

El orgullo con ese vínculo histórico se alimenta a diario. Es un foco que “nos recuerda que debemos luchar por nuestro país, en cualquier circunstancia y salir adelante”, señala Eulalio Madrid Simón, presidente municipal, en entrevista con El Sur.

Madrid Simón lamenta que aún no se tenga “nada de la declaratoria de pueblo histórico, porque los diputados no quisieron ni han querido sesionar allá arriba y declararlo así”.

Por otro lado, informa que espera respuesta del gobierno estatal sobre la propuesta de un museo comunitario, “unas chozas para que la gente pueda venir a hospedarse, pero esperamos también el acta de donación de la comunidad agraria”.

Por su cuenta, Victor Rojas Reyes, presidente del Comisariado de bienes comunales, dice sobre el famoso cerro, que “es algo que, híjoles, nos hace sentir muy bien, muy bien”, pues sería una muestra sobre el lado de la historia por donde ha caminado ésta y la mayoría de comunidades indígenas de la Montaña.

El líder agrario cree que los gobiernos federal y estatal deberían contribuir a dignificar la explanada del cerro La Purísima, donde el segundo presidente de México instaló campamento por cuatro años durante la guerra, que hoy “así nomás está, muy rústico, y necesita una plaza cívica, una asta bandera, un gran monumento al héroe y un camino artesanal”, para que los visitantes puedan llegar a este sitio, que es fuente de patriotismo y orgullo local.

Por otro lado, señala que las autoridades “no ven y no oyen”, sobre el viejo conflicto agrario que mantienen con Quiahuitlatzala, del municipio de Xalpatláhuac, por unas 200 hectáreas, y que mantiene enemistadas a las dos comunidades, a pesar de que ya hubo resolución del Tribunal Agrario, pero la sentencia no se ha ejecutado. “¿Qué están esperando que pase?”, pregunta.

Otro problema “grave” es la red eléctrica de constantes apagones, tanto en Atlamajalcingo como en los municipios de San Luis Acatlán, Malinaltepec y Copanatoyac, por lo que tienen más de 10 años solicitando que sea trifásica y que los cambien a la red de Tlapa, que es “menos mala”.

Otra petición relegada es la reconstrucción de la carretera que va de la desviación de la carretera Tlapa-Marquelia a la cabecera municipal y que continúa por Plan de Guadalupe hasta Zilacayotitlán, que son como 20 kilómetros, porque “no es suficiente con que sólo tapen baches, como lo están haciendo ahora”.

Aunque no ignora que se han hecho cosas, hay muchas propuestas y proyectos que siguen archivados, por lo que muchos estiman que la deuda de las campanas sigue en pie.

“Efectivo y cierto el crédito que se reclama”, escribió Guerrero

Vicente Guerrero terminó traicionado y fusilado, como sus predecesores Hidalgo y Morelos, pero consumó la Independencia cuando supo combinar fuerza y negociación, simbolizados en el famoso Abrazo de Acatempa.

Asesinados los dos grandes líderes y transitando por críticos y desangelados momentos, Guerrero se negó al indulto ofrecido por el virrey y a la súplica de su padre para que dejara las armas, con la famosa frase que hoy por hoy, recorre cada semana los patios cívicos de las escuelas. Y para resistir, se reorganizó en las montañas del sur, levantando una serie de fuertes, como el de Atlamajalcingo, desde donde reorganizaría el proceso independentista.

Arriero al fin, Guerrero Saldaña conocía las veredas más intrincadas del sur y pudo elegir puntos estratégicos, como La Purísima y Xonacatán, en los que fue nutriendo sus filas.

En los fuertes se cavaron zanjas profundas, se instalaron cercas de lanzas con flechas de protección y, cuando menos en La Purísima, investigadores apuntan que hubo cárcel, fundidora de metales, fábrica de pólvora y campo de entrenamiento, además de la infaltable capilla.

Este pueblo montañés prestó los preciados bienes religiosos, pero también entregó múltiples enseres de campo como machetes, hachas, azadones y otros, además del flujos constantes de maíz y frijol, además de los más importante: “50 mujeres y 50 hombres”, dicen algunas investigaciones, pero en la memoria del pueblo, circulan versiones de un cien y cien, o doscientos y doscientos, pero en todo caso, está documentada la suma de hombres y mujeres a las filas de la Independencia.

Concluida esa gesta histórica, una vez que se esfumo el sueño imperial de Agustín de Iturbide y ya que las aguas estaban un poco en calma, una comisión del pueblo se presentó ante el originario de Tixtla, quien al reverso del acta del préstamo, anotó y firmó: “Es efectivo y cierto el crédito que se reclama en esta exposición. Los vecinos del pueblo que representa franquearon sus campanas y órgano para que se construyesen municiones que sirvieron a la División de mi mando. Esta es una de las deudas que he tenido presentes en las exposiciones que he hecho al Soberano Congreso, para el reconocimiento y satisfacción de las que causé en la defensa de mi patria: en cuya virtud pueden los suplicantes hacer los ocursos que crean convenientes”. Y lo siguen haciendo.

La carta de reconocimiento de la deuda de Vicente Guerrero, “de puño y letra de él”, es la joya del archivo comunal.

Tiempo de cerrar pendientes

Esa deuda, entonces, simboliza también los pendientes que el Estado mexicano mantiene con los pueblos indígenas. En muchos casos, si se mira la estadística de los renglones más elementales del desarrollo humano, se verá que continúan a la zaga y que muchos están igual que antes de la Independencia. Como dice la sabiduría popular: los números no mienten.

Martín Equihua