
DE NORTE A SUR
Silber Meza
Si alguna conclusión en materia de seguridad ha sido generalizada esta semana en México, es que el gobierno federal ya no pudo con el conflicto criminal en Sinaloa, lo que ya habíamos adelantado en esta columna.
Han sido demasiadas tragedias en tan poco tiempo y tan ineficaz la acción de la autoridad, que nos hace creer que, de verdad, no estamos pudiendo con el reto que representan los grupos de la delincuencia organizada, ni siquiera enviando a miles y miles de militares, guardias nacionales y, como les dicen algunos, “policías de Harfuch”. Ni con toda la fuerza del Estado se logra calmar una zona en conflicto, una escisión de un cártel.
Recordemos el ataque a los diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres Félix y Elizabeth Montoya. Él aún se encuentra muy grave con un pronóstico incierto, y ella fuera de peligro pero con la pérdida de un ojo. El caso no ha sido esclarecido realmente. No se conoce el móvil.
La desaparición de 10 mineros de la empresa canadiense Vizsla, en Pánuco, Concordia, es otro caso de alto impacto. Las versiones más realistas, desde mi experiencia, son las que apuntan a la represalia de un grupo criminal por inconformidades en un proceso de extorsión. Ya localizaron e identificaron cinco cuerpos de estos trabajadores, pero aún falta la mitad. El gobierno federal se aventuró a decir que los confundieron, pero esa versión tiene poca credibilidad, por no decir que nadie se la creyó. Este caso en particular es extremadamente delicado para el gobierno de Claudia Sheinbaum porque puede ahuyentar cientos de millones de dólares en inversión extranjera inmediata y futura. ¿Quién quiere invertir en un lugar donde extorsionan y secuestran y matan a tus trabajadores? No muchos.
Apenas hace unos días asesinaron a Ricardo Misael, un estudiante de preparatoria, deportista, que salió de su casa a comprar un biberón para darle de comer a unos gatos que tomó en adopción, cuando se topó con las balas de un grupo criminal.
Cuatro hombres de una familia procedente del Estado de México fueron desaparecidos en Mazatlán, puerto que en este momento festeja el carnaval, la fiesta más importante del municipio. Iban en unos vehículos todo terreno cuando se les perdió el rastro.
Esta semana también hallaron a cinco personas privadas de su libertad en Ahome y abandonadas en Navolato. Unas tres horas de distancia por carretera y nadie los detectó.
Los criminales operan sin recato. No digamos a placer, porque la presencia militar los obliga a cambiar estrategias, pero éstas han sido más efectivas que la de la autoridad.
Esto pasa en una entidad donde domina el Cártel de Sinaloa, o lo que sea que éste sea. Una estructura delictiva compuesta de células y familias poderosas que a lo largo de los años han construido acuerdos –no aceptados– con las autoridades para mantener la llamada pax narca. Una entidad donde dominan tres, cuatro grandes facciones que no quieren perder dinero sino hacer negocio, y saben que la guerra no deja dinero.
Si esto pasa ahí, todavía más complejo será en Jalisco, donde está asentado el Cártel Jalisco Nueva Generación; lugar en que al Ejército ni siquiera se le permite entrar a zonas críticas sin ser atacado de todas las maneras posibles. El CJNG es la estructura más adinerada de México, con mejor armamento y aún más predispuesta a enfrentar a las autoridades mexicanas, y para ello se han armado con la mayor tecnología posible.
Mientras que en Michoacán y Guerrero hay una diversidad mayor de estructuras criminales y una orografía intrincada.
Es notable que Omar García Harfuch y el gabinete de seguridad tienen la intención de mejorar las condiciones de paz en México. Sueltan cifras de disminución de asesinatos que ellos controlan, difíciles de escrutar y creer cuando en las calles vemos tanta sangre derramada.
Inquieta saber que si en la zona donde han puesto todos los esfuerzos, donde Estados Unidos ha pedido más presión, donde incluso “se fue a vivir” García Harfuch y donde están acostumbrados a hacer acuerdos de pax narca con la autoridad en turno no han podido controlar el crimen, entonces qué podemos esperar de las otras regiones. La desesperanza.


