
Pide el histrión espacios para que los manifestantes sean escuchados por las autoridades. Recuerdan en la ceremonia su larga trayectoria como activista de la izquierda mexicana.
Ciudad de México, 24 de octubre de 2019. Héctor Bonilla es actor, director, productor, intérprete, padre, hijo, abuelo, esposo, maestro, amigo, chilango y, desde el martes, Patrimonio Cultural Vivo.
La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México otorgó la distinción al histrión por sus 55 años de trayectoria artística, en una ceremonia en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, marcada por dos de sus grandes pasiones: el arte y la política.
Fue su esposa Sofía Álvarez y sus hijos, Fernando y Sergio Bonilla, quienes, con una peculiar semblanza, contaron los orígenes del actor, de su gusto por el futbol americano, el tequila y unos buenos tacos al pastor.
Entre los invitados estuvieron el actor Damián Alcázar, el secretario de Cultura de la Ciudad de México, Alfonso Suárez del Real, y Bertha Luján, Lilia Rossbach y María del Consuelo Sánchez, con quienes colaboró en la Asamblea Constituyente, que se encargó de la creación de la primera Constitución de la entidad.
El talento, profesionalismo, calidad humana y compromiso político fueron cualidades que distinguieron en Bonilla.
Y como regularmente no puede evitar hablar de política, después de agradecer la distinción, aprovechó el micrófono para hablar de su propuesta del “manifestódromo”, un espacio para que aquellos que se manifiestan sean escuchados.
“La catarsis no logra el objetivo central, cuando vemos lo que está pasando con Barcelona y Chile en este momento, de pronto éste vomitar, pintar grafitis y explotar, simplemente cataliza. Los manifestantes se desahogan, pero nunca aparece la contraparte.
“Necesitamos un ámbito amplio para albergar a los manifestantes, pero el chiste es que este provisto de cabinas, para todas las estaciones de radio y televisión, que garanticen la difusión de los motivos que originaron la manifestación. Y aunado a esto, la obligatoriedad de comparecer de la contraparte”, explicó.
También dijo que “nunca he tenido más aspiración que la de ser un ciudadano: he declinado tres veces la petición de ser diputado y dos veces la de ser delegado; pero sí me honra haber sido diputado honorario en el Congreso Constituyente de la Ciudad de México”.
El reconocido actor también recordó que participó en “la icónica manifestación del silencio en 1968 durante el movimiento estudiantil, la cual fue perfecta; es decir, se logró el objetivo porque se llamó la atención de que expresábamos que no nos dejaban hablar”.
En la ceremonia, Sofía Álvarez, junto con Sergio y Fernando Bonilla, leyeron una semblanza del actor en la que recordaron que nació en 1939 en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México, y que su padre, Rodolfo Bonilla, fue el fundador de la Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero.
También recordaron que estudió en la Escuela de Arte Teatral del Centro Cultural del Bosque y que “siempre ha sido activo políticamente y ha luchado por su gremio”; asimismo, que en 1968 participó en varias movilizaciones estudiantiles y que actuó y coprodujo Rojo amanecer, cinta que “visibilizó para el gran público el crimen cometido por el Estado mexicano”.
Además, resaltaron su participación en la “Asamblea Constituyente que redactó la primera Constitución Política de la Ciudad de México” y que, “aunque nunca se afilió a un partido, toda su vida ha votado por la izquierda”.
Texto: Fidel Orantes / Agencia Reforma / Redacción / Foto: Especial


