
Llama a los pobladores y feligreses a que se despojen de sentimientos de rencor, de venganza, de odio, “porque eso sólo va a provocar más violencia y pérdida de vidas”.
Alcozacán, Chilapa, Guerrero, 20 de febrero de 2020. El obispo Salvador Rangel Mendoza pidió ayer aquí que el asesinato de los 10 músicos indígenas ocurrido el 17 de enero se investigue, que las autoridades hagan verdadera justicia con esta comunidad y con las familias afectadas, y sobre todo que busquen la paz, la tranquilidad, la concordia y el respeto entre las personas.
En tanto que a los pobladores y feligreses les recomendó despojarse de sentimientos de rencor, de venganza, de odio, “porque eso sólo va a provocar más violencia y pérdida de vidas”.
En una misa que oficio a petición de los pobladores y de los familiares de las víctimas, dijo además que acontecimientos como éste llenan de tristeza, y que la presencia de él y los sacerdotes de la región que lo acompañaron fue para expresarles su solidaridad y el compromiso de la Iglesia con ellos.
Rangel Mendoza llamó a los presentes a olvidarse del rencor y la venganza porque dijo que eso sólo traerá más violencia y muertes.
Expresó que ojalá, “del sacrificio de nuestros hermanos salgan cosas buenas y positivas para ustedes”.
También prometió que la Iglesia siempre va a estar con ellos y les pidió que a través de la fe salgan adelante de este episodio.
Durante su mensaje pidió a Dios que se haga una verdadera justicia a los familiares de las víctimas y a este pueblo.
El obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa vino a este pueblo nahua a un mes dos días del asesinato de los 10 músicos en Mexcalcingo.
La masacre motivó que a partir del 17, cuando fueron los asesinados, al 24 de enero, indígenas de las 16 comunidades que integran el territorio de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores (CRAC-PF) bloquearan la carretera Chilapa-Hueycantenango, en exigencia de justicia y castigo a los responsables.
El múltiple asesinato fue también la causa de que la CRAC-PF haya presentado el 22 de enero a 19 niños y adolescentes armados y preparados para la defensa de sus pueblos y familias, imágenes que se difundieron a nivel internacional.
Una oportunidad para que actúen las autoridades
“Lo que ha sucedido aquí merece que se investigue grandemente y Dios quiera que la muerte, el sacrificio de estos hermanos sea una bonita oportunidad para que los ojos de los gobiernos municipal, estatal y federal vean a estas tierras, a estas gentes, pero con una solución global y total”, demandó el prelado católico.
Añadió que hay necesidades en estos lugares, “y ojalá que del sacrificio de estos hermanos salgan cosas buenas y cosas positivas para todos y cada uno de ustedes y que su sacrificio no sea infecundo”.
Expresó que acudieron como embajadores de Dios, como embajadores de paz, “porque para nosotros estos acontecimientos que sucedieron aquí, como obispos y como sacerdotes nos llenan de tristeza”, dijo en la homilía.
Explicó que su presencia fue para expresarles su solidaridad y acompañamiento y agregó que al celebrar la misa por los difuntos “queremos cumplir con esta obligación que está en nuestras manos”.
Para el obispo la celebración de la misa puede ayudar a estos señores que murieron, además para dar consuelo a sus familias.
La celebración se realizó en la explanada de la iglesia del pueblo y acudieron unas 500 personas. No asistieron representantes de la CRAC-PF y en el pueblo tampoco se vieron policías comunitarios.
El obispo pidió en esta misa “de una manera muy especial” por las familias de los 10 asesinados y manifestó que la intención es que haya paz, entendimiento y para que sepamos valorar este gran regalo que Dios nos ha dado: la vida”.
Salvador Rangel acudió acompañado del vicario general de la diócesis, Benito Cuenca Mayo, y sacerdotes que ofician en la región, así como el director del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia Minerva Bello (Centro Minerva Bello), José Filiberto Velásquez.
Entre los asistentes a la misa había funcionarios del Ayuntamiento de Chilapa, a ellos y a las autoridades de los tres niveles de gobierno el obispo pidió que ayuden a pacificar la zona y que no prendan más lumbre ni echen más leña al fuego, “sino que nos ayuden”.
También asistió el sacerdote Félix Ignacio, quien oficia en Mexcalcingo ubicado cerca donde fueron asesinados los 10 músicos de Alcozacán.
Él dijo que: “la gente allá sufre mucho como ustedes por esto que desafortunadamente ocurrió, no hay nadie allá que se haya alegrado por lo que pasó”.
Al término de la misa el obispo Salvador Rangel recibió obsequios de decenas de humildes y empobrecidos indígenas, quienes se formaron en cola para entregarle huevos de gallina de rancho, frijol, colorines (una flor de la región para preparar guisados), moras e incluso dinero en efectivo, algunos le entregaron billetes de 20 pesos, otros de 100.
La mayoría, al entregarle el obsequio se postraba ante el jerarca, le tomaba la mano y la besaba. Después comió en el curato. Los vecinos lo agasajaron con cecina.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Lenin Ocampo Torres


