8 abril,2026 8:59 am

Operación Tejido o el arte como refugio para la niñez víctima de la violencia en Acapulco

Un grupo de promotores culturales trabaja en el zócalo de la ciudad con infantes de 6 a 12 años que atraviesan por el duelo de tener familiares fallecidos o desaparecidos

Acapulco, Guerrero, 8 de abril de 2026. Bajo el nombre de Operación tejido: memorias y sueños, un grupo de promotores culturales trabajan un proyecto desde el fin de semana anterior en el zócalo de Acapulco con niños de entre 6 y 12 años que tienen un familiar en condición de desaparición forzada o que lo hayan perdido a causa de la violencia que campea el puerto.

La idea es ofrecer herramientas que permitan abordar las memorias personales, familiares y comunitarias a través de actividades lúdicas y artísticas para nombrar y resignificar la complejidad de sus situación.

Dicho proyecto fue seleccionado este año para el proyecto nacional Laboratorios Lúdicos de Artes 2026 de la Coordinación Nacional de Desarrollo Cultural Infantil Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura federal.

En breve charla, el escritor Abisaí Benítez explicó que junto con los promotores culturales Luis Miguel Castrejón Serna y Nadia Romero Gil trabajan desde el pasado sábado 4 de abril en “un proyecto de laboratorio lúdico que busca, a través de la participación activa y pedagogía del cuidado, trabajar la memoria comunitaria, la memoria familiar y la memoria personal de infancias en duelos suspendidos”.

Esto es, explicó, trabajar con niños o niñas que tienen un familiar en condición de desaparición forzada o que hayan tenido una pérdida familiar; “digamos que ese es el fondo o la idea central del laboratorio lúdico, sin embargo, no se les cierra la puerta a las infancias que lleguen, porque estamos en pleno zócalo”, indicando que todo aquel niño que desee participar es bienvenido.

Operación tejido, abundó, pretende propiciar un espacio para ofrecer herramientas que permitan abordar las memorias personales, familiares y comunitarias en infancias de familias buscadoras a través de actividades con lenguaje lúdico-artístico para nombrar y resignificar la complejidad de esas ausencias en niños de edades tempranas.

Lo anterior, de la mano de tres ejes claros, que puntualizó: memoria personal, memoria familiar y memoria colectiva, a lo largo de nueve sesiones, y cada eje integra tres sesiones distribuidas en diversos momentos del laboratorio.

Así, por ejemplo, en la primera sesión se trabajó con La caja de las historias, explicó el escritor, “en ella tenemos un conjunto de elementos que los niños van tomando a manera de descubrimiento y ese descubrimiento nos lleva a una narrativa”, con la idea de generar, entre otras cosas, empatía y reflexión mientras se explora en el recuerdo el valor de quienes están presentes pese a la ausencia y el duelo, generando además círculos de convivencia entre los participantes.

Más adelante y con la misma intención “vienen otros talleres, ya sea de títeres con calcetines (para explorar la individualidad desde la ficción), un taller de portarretratos (y evocar a la familia como sitio de pertenencia y origen) y otro de máscaras de emociones en cartonería (para identificar las diversas emociones para introspeccionar el yo), entre muchos otros”.

Un primer resultado que esperan, comentó, “es el de poder fortalecer los lazos colectivos entre infancias que tengan un familiar en condición de desaparición forzada u otro tipo de ausencia. De alguna manera, también promover un espacio de acompañamiento a través de lenguajes lúdicos y artísticos”.

De hecho, destacó que este proyecto tiene su origen de la mano de dos colectivos sociales “con los que estamos organizados: Comunidad Crea (que aborda el enfoque de construcción de paz, específicamente paz en cada una de las acciones y actividades) y la colectiva Memoria, Verdad y Justicia, con quienes ya previamente estuvimos desarrollando actividades.

Óscar Ricardo Muñoz Cano