
Humberto Musacchio
Hace varios años, los magnates de la computación de Silicon Valley crearon una escuela que prohibía a sus hijos (y supongo que todavía prohíbe) el uso de celulares. Lo hicieron porque, mejor que cualquiera, conocían los enormes perjuicios que puede causar en las mentes infantiles el empleo del pequeño aparato, que si bien les da acceso al conocimiento, también los somete a la recepción de mensajes mentirosos, a la pornografía o a los peligros derivados de la pederastia, entre muchos otros problemas, como la dependencia.
El lunes de esta semana, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que se realizarán foros regionales para analizar el empleo de dispositivos electrónicos, plataformas, redes sociales e inteligencia artificial, el otro gran peligro contemporáneo, como lo confirma el hecho de hace unos días en que dos modelos de IA “se salieron de un entorno de prueba aislado, accedieron a internet y hackearon por cuenta propia los servidores de la firma Hugging Face”.
Clément Delangue, director ejecutivo de Hugging Face, agregó que “no hubo una intención maliciosa por parte de las máquinas, sino una autonomía extrema”, lo que era parte de un experimento de su empresa y de OpenAI dizque “para reforzar los sistemas de defensa ante el comportamiento imprevisto de agentes autónomos avanzados”. Pero si eso ocurre a empresas especializadas en el tema, las que operan al más alto nivel tecnológico, queda claro que nadie está a salvo.
Y si se trata de alterar la tranquilidad, en la Expo Mundial de Shanghái acaba de irrumpir otro invento preocupante: lentes con inteligencia artificial que toman fotos, graban videos, responden a preguntas sobre el entorno, traducen textos y hasta reconocen lo que tienen enfrente, lo que permite al usuario saber dónde se encuentra, traducir textos, realizar llamadas, reproducir música y averiguar datos de otras personas, como el NIP de una cuenta bancaria o información sobre la intimidad.
Otro hecho que nos debe poner en guardia es lo sucedido en el examen de admisión a la UNAM, donde la tecnología le ganó la partida al conocimiento personal, pues contra lo ocurrido en años anteriores, esta vez casi se triplicó el número de jóvenes que lograron un puntaje perfecto, lo que elevó los puntajes mínimos para obtener el ingreso a la máxima casa de estudios y se estima que los afectados son unos cinco mil muchachos, quienes sin la competencia desleal e ilegal que enfrentaron hubieran podido obtener la calificación necesaria.
Desde que el examen dejó de ser presencial, hubo quienes advirtieron del riesgo de fraude, porque con los aspirantes en sus hogares era extremadamente fácil que se auxiliaran de otras personas o de aparatos que les dieran la información requerida. Ya ocurrió, y la UNAM tendrá que volver a al examen con asistencia personal de los aspirantes, porque no se ve cómo impedirá el engaño si es de otra manera.
Los procesos cibernéticos han representado un extraordinario adelanto para la humanidad, pero en buena medida ese avance transcurre sobre terrenos desconocidos y altamente peligrosos. Por eso resulta más que oportuna la realización de foros regionales para analizar el uso de pantallas por los niños, en torno a lo cual se acaba de sentar un valioso precedente en Francia, donde antier se prohibió el uso de celulares antes de los 15 años.
Los foros anunciados por la presidenta Claudia Sheinbaum serán inicialmente tres, en Nuevo León el 19 de agosto, en Chiapas el 3 de septiembre y 17 de ese mismo mes en Guerrero, aunque parece que se requerirá la realización de varios foros más, pues el asunto tiene vertientes que no todos los especialistas conocen ni comprenden, por lo que deben intercambiar información para que los gobernantes y las familias cuenten con más y mejores elementos de juicio.
Por lo pronto, ya 16 estados de la República han prohibido el uso de celulares en las escuelas de educación básica, pero se estima que siete de cada diez niños están conectados a internet y participan en redes sociales, lo que representa hasta ocho horas diarias frente al rectángulo luminoso, algo que sumerge a los usuarios en una especie de hipnosis electrónica y afecta el sueño y el equilibrio emocional. No hay que permitirlo.


