
Resalta “su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”. Béla Tarr llevó al cine dos de sus novelas y ambos redactaron el guión de El caballo de Turín
Madrid / Ciudad de México, 10 de octubre de 2025. La Academia Sueca ha otorgado el Premio Nobel de Literatura al húngaro László Krasznahorkai por “su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”, según ha anunciado este jueves el secretario de la institución, Mats Malm.
“Incluso en su obra, la visión pesimista de la vida de Krasznahorkai se fusiona con su extraordinaria vitalidad lingüística”, ha señalado el comité del Nobel.
Malm ha asegurado que ha hablado con el autor, quien se encontraba en Frankfurt (Alemania), por teléfono para concretar los detalles y preparativos para la entrega del galardón en diciembre.
“Es un gran escritor épico de la tradición centroeuropea, que se extiende desde Kafka hasta Thomas Bernhard, y se caracteriza por el absurdo y el exceso grotesco (…) Tiene más recursos, y también mira hacia Oriente al adoptar un tono más contemplativo y refinado”. ha continuado el comité.
Precisamente, el escritor húngaro, de 71 años, recordaba el pasado año durante la entrega del Premio Formentor de las Letras 2024 en Marrakech (Marruecos), a Franz Kafka, cuya novela El castillo leyó a los 12 años para que le aceptara el círculo de amigos de su hermano seis años mayor que él, con lo cual, según cree, quedó sellado su destino.
László Krasznahorkai nació el 5 de enero de 1954 en Gyula (Hungría). Estudió Derecho y Lengua y Literatura Húngaras y, después de algunos años como editor, se convirtió en escritor. Abandonó la Hungría comunista en 1987, cuando viajó a Berlín occidental para obtener una beca. A principios de la década de los 90 pasó largos periodos en Mongolia y China, y más tarde en Japón, escenarios que trajeron cambios estéticos y estilísticos en su escritura. Mientras escribía la novela Guerra y guerra (1999), viajó por Europa y vivió en el departamento de Allen Ginsberg en Nueva York.
Su primera novela, Sátántangó (1985) traducida como Tango satánico, lo llevó al centro de la vida literaria húngara y sigue siendo su obra más conocida. También destaca Melancolía de la resistencia (1989), ambas novelas llevadas al cine por su amigo, Béla Tarr, considerado uno de los mejores directores de este siglo.
Otras obras traducidas al castellano son: Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río; Ha llegado Isaías, Y Seiobo descendió a la Tierra, Relaciones misericordiosas y El último lobo.
En marzo de 2004, el autor recibió del gobierno húngaro el Premio Kossuth, uno de los más prestigiosos de su país, por el conjunto de su obra; en mayo de 2015, el Man Booker Internacional; en abril de 2021, el Premio Austriaco de Literatura Europea y, en 2024 el Premio Formentor de las Letras.
Ante la vida acelerada, la literatura lenta
Krasznahorkai es el gran cronista de la Hungría comunista y la que emergió después, el retratista perfecto de ese país imperfecto que heredó las cenizas de un imperio deshecho en el siglo XX, y del universo indefinido en que se convirtió esa nación tras abrazar la democracia, aún renqueante.
El escritor es un hombre tranquilo, afable, apasionado de la conversación y dueño de una literatura sin prisa y de cocción lenta. El máximo galardón literario premia así la hondura, la capacidad de profundizar y un alto en el camino en este modo de vida de aceleración sin fin. En España publica toda su obra la editorial Acantilado, traducida por Adan Kovacsics, informó El País.
¿Aún hay sitio para la literatura sin prisa en el mundo de hoy?, fue la pregunta al hoy premiado cuando recibió a El País hace un año en Marrakech, donde se celebraron en septiembre de 2024 las Conversaciones de Formentor. “No, en absoluto”, respondió el autor húngaro. “La vida está muy acelerada, recibimos tanta información y con tanta rapidez que se nos olvida todo. Se han hecho estudios con niños que han concluido que, después de media página, se cansan y no se pueden concentrar. Esta literatura lenta, aunque luego coge ritmo, es para una islita muy aislada de lectores”.
El autor ha iluminado el panorama literario con sus personajes rotundos y perdedores, también oscuros. Su principal libro es Melancolía de la resistencia, una joya para retratar un mundo que libra batallas escondidas contra las imposiciones del régimen y la alienación vital en un registro que nunca logra abrazar la terapia correcta de la libertad.
A pesar de la democracia, mantiene la decepción con su país: “Yo ya estaba decepcionado de Hungría cuando aún vivíamos en el comunismo. No ha sido ninguna sorpresa que los húngaros seamos incapaces de construir una democracia. Conocía bien a los húngaros en la época de János Kádár y nunca entendí que mis compañeros intelectuales de los noventa pudieran pensar que aquella gente que aceptó esa dictadura fuera capaz de construir una democracia.
Aquel libro fascinó a una generación y a un mundo hambriento de historias del Este, que lo acogió lentamente, pero con especial interés. Poco a poco, el autor fue añadiendo libros excelentes.
Lo felicita el primer ministro ultranacionalista de Hungría
“El orgullo de Hungría. El primer Nobel de Gyula”, afirmó el primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor Orbán, tras el anuncio de la Academia Sueca, en alusión a la ciudad natal del escritor. “Felicidades”, agregó Orbán en su breve mensaje en la red social Facebook.
Krasznahorkai es un firme opositor de Orbán, y recientemente declaró que “no queda esperanza en Hungría hoy y no es sólo por el régimen de Orbán. El problema no es solo político, sino también social”.
Un futuro que no llega
“Krasznahorkai está muy atento a la desesperanza, al desconsuelo que viene cuando nos vamos dando cuenta de que el futuro, o aquello que se nos ha prometido como el futuro, no llega. O sea, todo se va a acabar, todos nos vamos a morir, pero nos vamos a morir muy despacio”, dijo en entrevista el escritor Alberto Chimal.
“Estamos obligados a vivir. Incluso cuando de veras estamos en una situación caótica, espantosa, terrible, estamos obligados a vivir cada segundo de ella”, agrega el autor de títulos como La visitante y La torre y el jardín.
Calificado por Susan Sontag como “el maestro contemporáneo del apocalipsis”, Krasznahorkai es artífice de un corpus literario que se nutre de la amargura y suele caracterizarse por el absurdo y lo grotesco.
Precisamente con la narración del colapso de Friedrich Nietzsche ante un caballo siendo azotado por su cochero, sobre quien posteriormente se concentra una trama de decadencia cósmica, es como inicia la película El caballo de Turín (2011), la última de las colaboraciones entre Krasznahorkai y Béla Tarr.
Ambos redactaron el guión sobre una idea original del escritor.
Europa Press / Redacción / Agencia Reforma


