
Texto y foto: EFE
Nairobi, Kenia, 4 de mayo de 2018. El periodista etíope Eskinder Nega, ganador de premios internacionales, salió hace poco de la cárcel tras seis años y medio entre rejas, pero, según explica en una entrevista con EFE, cree que sólo será “completamente libre cuando Etiopía lo sea”.
En septiembre de 2011, la Policía lo arrestó y le acusaron de cargos de terrorismo y de pertenecer a una organización política considerada terrorista, Ginbot 7.
Aunque él denuncia que es “100% mentira”, que su detención fue una “medida preventiva” porque entonces se hablaba de una posible expansión de las primaveras árabes a Etiopía, y el Gobierno usó su detención como amenaza para la gente, denuncia en Nairobi, donde acudió esta semana a un acto de Amnistía Internacional (AI).
“Y funcionó. Y asustó a la gente y paró la difusión de las primaveras árabes a Etiopía (…). Funcionó entonces, pero no pudo prevenir que pasase seis años después”, dice refiriéndose a las constantes protestas que se suceden en los últimos meses en el país.
Era la octava vez que lo arrestaban, pero en esta ocasión pasó seis años y medio en prisión, hasta que el Gobierno lo liberó el pasado febrero en la amnistía de presos políticos que anunció el entonces primer ministro, Hailemariam Desalegn, a principios de año como gesto de reconciliación nacional.
“No sólo es la reclusión física, lo importante es otro aspecto de la cárcel: que te quieren quebrar el ánimo”, explica Eskinder, que el año pasado fue galardonado con el premio Héroe Mundial de la Libertad de Prensa del Instituto Internacional de la Prensa (IPI).
En 2013, Eskinder escribió “una carta desde el gulag etíope” que fue publicada en el diario estadounidense The New York Times, donde contaba que estaba encerrado con otros 200 presos en un espacio que se asemejaba a un almacén.
“Para todos los que somos, sólo hay tres baños. Muchos internos duermen en un suelo que nunca ha sido barrido. Unos mil prisioneros están hacinados en la prisión de Kaliti”, radicada en Adís Abeba, contaba entonces en la misiva.
Sin embargo, con él y su ánimo –asegura– no pudieron. Y por eso, un mes después de su liberación en febrero, lo volvieron a arrestar cuando celebraba una reunión con otros compañeros periodistas y activistas. Esta última vez pasó doce días en prisión.
Eskinder no sólo se considera periodista, sino también activista defensor de los derechos humanos y la democracia, ya que, según asegura, si no hay democracia no se puede ejercer el periodismo.
“Si tuviéramos una situación como en España, yo sólo sería periodista –reconoce a EFE–, pero como tenemos una dictadura, como vosotros con (Francisco) Franco, no puedo ser sólo periodista”.
“Etiopía es un mal lugar para ser periodista”, pero cree que la libertad ahora “está un paso más cerca”.
El país vive un proceso de transición desde la renuncia de Hailemariam el 15 de febrero y la jura como nuevo primer ministro el 2 de abril de Abiy Ahmed, un joven político considerado reformista y procedente de la etnia oroma (mayoritaria en el país).
El sentimiento en Etiopía es de un “optimismo prudente”, dice Eskinder, que explica que Abiy está “en la luna de miel de los 100 primeros días” al frente del Gobierno.
Tras este periodo, asegura el periodista, el nuevo líder afrontará dos grandes retos: acabar con el estado de emergencia impuesto por Hailemariam un día después de dimitir, y convocar un diálogo nacional donde participen también los partidos políticos de oposición considerados como terroristas por el Gobierno.
Bajo el estado de emergencia se ha vuelto a detener a opositores políticos y disidentes –incluido Eskinder, entre otros– y han muerto varias personas en manifestaciones violentas, pero Abiy aún no se ha pronunciado sobre el levantamiento de esa medida.
El activista asegura que devolver la democracia a Etiopía es fundamental también para influir en las democracias de África del Este: “no sólo nos hemos convertido en un país antidemocrático, sino que hemos hecho que toda la región –menos Kenia– lo sea”.
“Si Etiopía se vuelve democrática, tarde o temprano la región será democrática; a lo mejor no de la noche a la mañana, pero lo será”, opina el periodista.
Eskinder se niega “a someterse a la tiranía” o a callar sus ideas mientras en su país no haya libertad y, por ello, confiesa no tener miedo a sufrir una nueva detención.


