
(Primera de dos partes)
Tlapa, Guerrero, a 9 de diciembre de 2025.- La contaminación del río Tlapaneco crece ante la complacencia de autoridades y la población, y en flagrante desacato de normas ambientales, que obligan a la intervención institucional, tanto para recolección y confinamiento de residuos sólidos como para tratamiento de aguas residuales, antes de ser vertidas al cause principal de este importante afluente del río Balsas.
El drenaje diario, de más de 105 mil habitantes de Tlapa, más el drenaje de otras poblaciones medias de la región, se vierte al cien por ciento sin tratamiento alguno, al río que, entre otros usos, sigue regando cientos de hectáreas de diversos cultivos.
La única planta tratadora de aguas residuales de este municipio fue construida en 2011 y está inservible. Entró en funcionamiento sólo para la inauguración y los discursos verdes, pero inmediatamente después su equipo fue saqueado y dejó de operar, y luego, sus cimientos fueron barridos por uno de tantos huracanes que han azotado la Montaña.
Hoy, a cinco kilómetros del centro de esta población, río abajo, esa planta sólo es cascajo embrocado, un monumento a la irresponsabilidad ambiental, sin consecuencias legales para quienes decidieron construirla en el punto menos indicado.
Sus dos módulos, que tratarían 100 litros por segundo, y otras estructuras de cemento, están separadas por 200 metros, pues primero fueron saqueadas, arrancadas de sus cimientos y después removidas por la fuerte corriente que alcanza el afluente durante los huracanes y grandes tormentas de temporada.
En Huamuxtitlán, otra planta similar también está abandonada e inservible, siendo la segunda del único par que se ha construido en la región, que deberían estar activas por norma, para beneficio del río que se forma de pequeños afluentes de Oaxaca y de los municipios montañeros de Atlixtac, Malinaltepec y Zapotitlan Tablas, en Guerrero.
El caudal del Tlapaneco se alimenta también del río Coicoyán y de otros manantiales, así como de escurrimientos menores, además de los ríos Atlamajac, Salado e Igualita.
En algunos tramos de su trayecto por Copanatoyac, Tlapa, Huamuxtitlán, Cualac o Alpoyeca, sus aguas riegan entre mil 500 y 2 mil 300 hectáreas de diversos cultivos, según la estadística que se consulte.
El río, además, es fuente del abastecimiento del vital líquido en el consumo humano y en pequeños segmentos de los municipios citados, permite la pesca y hasta el turismo regional que disfruta de algunas pozas para la recreación acuática.
Consuelo de tontos
“Para consuelo de tontos, se dirá que los altos niveles de contaminación son más o menos los mismos de todos los ríos del estado”, dice el académico Homero Salgado Burgos, para quien resulta “incomprensible tanta desatención de los gobiernos municipales y del estatal con el saneamiento de las aguas, porque recursos hay para ese fin”, tanto del gobierno federal como de algunas “fuentes internacionales, que sólo esperan proyectos”, dice.
Considera que la infraestructura de saneamiento de Guerrero “no resistiría una auditoría ambiental, pues difícilmente un municipio cumple con lo que marca la norma oficial como niveles permitidos” de contaminantes en las aguas residuales que se depositan en los ríos, señala Salgado Burgos, estudioso de los sistemas hídricos.
Sin embargo, cree que es un “problema de consciencia, tanto de los políticos como de la ciudadanía en general”, porque si la ley prevé sanciones que “pueden llegar hasta la clausura de las descargas”, se antoja imposible que esto se pueda aplicar a sistemas de drenaje como el de Tlapa, por donde se desfogan los desechos de más de 100 mil habitantes.
De esta forma, mientras continúe la indolencia, seguirán las descargas de decenas de miles de habitantes de Tlapa, Huamuxtitlán, Alpoyeca y Cualac, a lo que se suma el manejo igualmente inadecuado e irresponsable de los desechos sólidos.
El tiradero de basura a cielo abierto, en Tlapa, mal recibe el 60 por ciento de las casi 100 toneladas de basura que genera al día esta ciudad, el que al no contar con la tecnología adecuada para el confinamiento, deja correr sus fluidos por la red de afluentes que desembocan en el río Tlapaneco.
En tanto que el “relleno sanitario” ubicado en Ahuatepec Pueblo, a 15 kilómetros de esta población, en el cual se habrían invertido entre 15 y 20 millones de pesos, permanece como monumento a la nulidad e irresponsabilidad ambiental, por el pleito entre políticos que sólo han visto al gobierno municipal como botín.
Ante esta crítica situación ambiental, los funcionarios municipales brillan por su penosa ineptitud. El director municipal de Agua Potable, Aurelio Moreno Montalvo, no sabe ni cuántas tomas de agua hay en el municipio; mientras que la directora de Medio Ambiente, Meztli Mooam Ramirez Zavaleta, no puede ocultar su profunda ignorancia en la temática ambiental, tanto del problema en sí como del entramado de normas y obligaciones que la institución municipal debe atender en la materia. Aunque subraya, “trabajamos todos los días del año”.
Los pozos, el agua y el estudio
“Yo decía que teníamos buena agua aquí en Tlapa, pero resulta que unos estudios dicen que no estamos bien, o sea, no salimos tan bien, pero tampoco salimos tan mal”, asegura Aurelio Moreno Montalvo, director de Agua Potable y Alcantarillado del municipio.
El sistema de abastecimiento público cuenta con 10 pozos, que proven de “agua potable” al municipio, “porque afortunadamente hay mucha agua al lado del río que tenemos”, presume el funcionario, quien estima que para cubrir la necesidad de la demarcación municipal se requieren tres pozos más, con todo su equipamiento y ampliación de tubería de la red pública.
El directivo desconoce la cantidad exacta de tomas de agua que abastece el sistema que administra, pero calcula que “hay entre 14 y 15 mil o un poco más”, pero argumenta que es porque muchas tomas estarían duplicadas o serían conexiones clandestinas que se cuelgan de la red pública. El director tampoco sabe cuánto recurso ingresa por concepto de pago del servicio, “es muy variable, porque luego llega que el regidor, que el líder, a pedir condonaciones para su gente”, y entonces no se podría saber, aunque “calculo que sólo paga un 30 por ciento de los usuarios”.
Aunque tampoco sabe el destino del recurso captado por el servicio, sí está convencido de que falta más inversión pública para mejorar el sistema de abastecimiento a la población, con al menos tres pozos más, con todo su equipamento de bombas, tuberías, electricidad y otros.
Del saneamiento del agua que desechan los más de 105 mil habitantes, informa que “tenemos una planta en la localidad, y se están haciendo gestiones para que se pueda rehabilitar”, en referencia a la planta tratadora que irresponsablemente instalaron en el lecho del río, cuya corriente llega a alcanzar volumen y fuerza suficientes para, como ocurrió, levantar cualquier obstáculo que se construya en su camino.
Pero “de ese tema, vuelvo a repetir, se encarga la Dirección de Obras Públicas, o la de Medio Ambiente”, ya que en su caso, sólo administra la proveduría de agua potable, sin saber qué pasa después que ésta se desecha por los usuarios.
Si bien sabe que la contaminación crece y es grave, también encuentra una justificación. “A ver, ¿quién contamina? No contamina el gobierno, contaminamos todos, por eso le pedimos a la ciudadanía que tenga mucho cuidado”, recomienda.
Aprovechando la presencia de El Sur en sus oficinas, el directivo hace entrega de un rotomartillo y un par de teléfonos celulares a una brigada de trabajadores, con discursos innecesarios de por medio. Terminada la entrevista y el show de los celulares, a través de un auxiliar pretende entregar dinero al reportero, “para el almuerzo o lo que se necesite”, mismo que le es rechazado, no sin escuchar que “ahí te encargamos”.
Martín Equihua


