
Ciudad de México, 24 de diciembre de 2017. En México, decenas de madres cultivan en sus casas plantas de mariguana para preparar los aceites terapéuticos que requieren sus hijos con epilepsia.
A unos días de que la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) publique el reglamento de cannabis medicinal, integrantes de la agrupación Mamá Cultiva piden a Julio Sánchez y Tépoz, titular de la dependencia, que se incluya la preparación doméstica para que la norma beneficie a toda la población.
Permitir sólo a las empresas el manejo de la cannabis medicinal implica dejar a pacientes epilépticos de escasos recursos sin acceso legal a un remedio que les garantiza calidad de vida, además de que condena a las madres al clandestinaje, sostienen.
Las integrantes de la agrupación afirman que no cuentan con recursos para importar cada mes un frasco de medicina con cannabis, que cuesta 6 mil 500 pesos, mientras que el autocultivo de la planta no supera los 300 pesos para un tratamiento de tres meses.
“Muchas mamás se endeudaron muchísimo con el gasto de esos aceites de laboratorio, por eso pedimos el derecho al autocultivo”, explica Adriana, originaria de Oaxaca y madre de una niña de cuatro años con epilepsia de difícil control.
En entrevista, detalla que durante 18 meses probaron fármacos convencionales para reducir las 200 crisis que sufría su hija al mes y que, al ver que la menor no mejoraba, recurrieron al CBD, un aceite medicinal sin efecto psicoactivo.
La mujer comenzó a comprarlo en Estados Unidos, pero no le alcanzaba para adquirirlo mensualmente, así que aprendió a cultivar la planta y a elaborar los aceites de manera artesanal.
“Con el aceite con CBD, mi hija bajó a 50 crisis al mes. De los medicamentos de laboratorio tenía que tomar 12 mililitros al día, dos frascos al mes”, recuerda.
Como ella, otras 200 madres mexicanas en la misma situación han comenzado a cultivar cannabis en sus casas, según datos de la asociación Mamá Cultiva; mientras que la fundación Autocultivo Medicinal en México (Amem) reporta que unos 10 mil pacientes lo hacen en el país.
“Nosotras nos atrevemos a romper las reglas por la salud de nuestros hijos, porque hemos visto mejorías increíbles con la cannabis”, indica Adriana.
Sin embargo, reconoce que temen no tener certeza jurídica, por lo que continúan exigiendo a la Cofepris que regule el autocultivo.
María, de la Ciudad de México, es madre de un adolescente con epilepsia, de 16 años, y también cultiva cannabis en su casa desde hace seis meses.
“Somos varias mamás las que estamos aprendiendo”, sostiene.
En el Estado de México, Diana, madre de un niño con TDAH, de 5 años, que padecía crisis de autoagresión, cultiva cannabis en su casa desde hace dos años, pues es la única medicina, afirma, que ha ayudado a su hijo.
“Nunca más se volvió a golpear ni contra el piso, ni contra las paredes, ni contra los cristales”, afirma.
Margarita, mamá de un niño de 10 años con epilepsia, también hace cultivo doméstico. Pese a los riesgos, sostiene que no dejará de hacerlo.
“No podrán detener a ninguna mamá que ya vio que su hijo sana con algo. Hay niños, pacientes, familias que se están beneficiando con esto”.
No se aprobó el autocultivo en la Ley General de Salud: Cofepris
Aunque organizaciones de pacientes solicitaron incluir en el reglamento para el uso de la cannabis medicinal el cultivo doméstico de la planta, Julio Sánchez y Tépoz, titular de la Cofepris, externó la semana pasada que el autocultivo no se incluiría en el reglamento, pues no se aprobó en la reforma a la Ley General de Salud.
“Desde la legislación de salud quedó claro que no se iba a poder realizar siembra y cosecha, sino solamente para fines de investigación científica y esto supone que tiene que haber un protocolo clínico”, sostuvo.
Aunque se preveía que el reglamento de cannabis medicinal se publicaría antes del 16 de diciembre en el Diario Oficial de la Federación, esto aún no ha ocurrido.
De acuerdo con Saúl Garza, neuropediatra que atiende a la niña Grace, en México hay, por lo menos, 120 mil niños con epilepsia que no responden a medicamentos anticonvulsivos.
Texto: Dulce Soto / Agencia Reforma/ Foto: Reforma.


