2 octubre,2025 8:17 am

Pierde el mundo animal a la inglesa Jane Godall, aliada de las causas ambientales

La pionera en la investigación de la inteligencia de los chimpancés falleció a los 91 años, mientras dormía, durante una gira de conferencias en Estados Unidos, justo cuatro días después de dar una charla en la Ciudad de México. La académica buscó sensibilizar sobre los ataques a la biodiversidad y a tomar acciones contra el cambio climático. Su legado es “extraordinario para la humanidad y nuestro planeta”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres

Los Ángeles, California, EU, 2 de octubre de 2025. La primatóloga inglesa Jane Goodall, pionera en el estudio de los chimpancés y figura icónica de las causas ambientales, murió este martes a los 91 años.

Falleció mientras dormía, “pacíficamente”, en Los Ángeles, durante una gira de conferencias por Estados Unidos, luego de presentarse, cuatro días antes, en la Ciudad de México, según informó en un comunicado el instituto que fundó y que lleva su nombre.

Su visita fue organizada por el podcast Elemental, con el apoyo de Arturo Islas Allende, Fundación Azteca y la Universidad de la Libertad. En el Centro Cultural Mexiquense Anáhuac, la etóloga británica remarcó que “nunca ha sido más urgente que todos trabajemos juntos para proteger la increíble diversidad de vida en nuestro planeta. Cada uno de nosotros marca la diferencia cada día, y juntos podemos cambiar el rumbo”, frente a un auditorio lleno.

En un último video publicado antes de su muerte, la célebre primatóloga dijo al público: “Algunos podemos decir ‘Bonjour’, otros ‘Guten morgen’, pero yo puedo decir ‘¡Hoo-hoo-hoo-hoo-hoo-hoo-hoo!’. Eso es ‘buenos días’ en chimpancé”.

A sus 91 años, esta gran figura de la ciencia del siglo XX seguía recorriendo el mundo acompañada de un chimpancé de peluche, buscando sensibilizar sobre los ataques a la biodiversidad y buscar acciones contra el cambio climático.

“Deja un legado extraordinario para la humanidad y nuestro planeta”, dijo en X el secretario general de la ONU, António Guterres.

Goodall, nombrada en 2022 Mensajera de la Paz por el organismo mundial, “fue capaz de compartir los frutos de su investigación con todos, especialmente con los más jóvenes, y cambiar nuestra perspectiva sobre los grandes simios”, declaró, por su parte, Audrey Azoulay, titular de la UNESCO.

Nacida el 3 de abril de 1934 en Londres, su pasión por los animales comenzó en su infancia, cuando su padre le regaló un chimpancé de peluche, que conservó toda su vida.

También era lectora ávida de los libros de Tarzán, aquel niño criado en la selva –creado por el escritor Edgar Rice Burroughs en 1912– por por simios que se enamora de una mujer llamada Jane, como ella.

“Cuando tenía 10 años, soñaba con ir a África, vivir con animales y escribir libros sobre ellos”, declaró a la cadena CNN en 2017.

En 1957, cuando había trabajado como secretaria y luego para una empresa cinematográfica, aceptó la invitación de una amiga para visitar Kenia, donde comenzó a trabajar para el reconocido paleontólogo Louis Leakey.

Su gran oportunidad llegó cuando éste la envió a estudiar chimpancés en libertad en Tanzania, convirtiéndose en la primera de las tres mujeres que él designó para estudiar a los grandes simios en su hábitat natural, junto con la estadunidense Dian Fossey (gorilas) y la canadiense Birute Galdikas (orangutanes).

Goodall imitaba a los chimpancés, se sentaba con ellos y compartía sus bananas.

Su descubrimiento más famoso fue que los chimpancés utilizan tallos y ramitas de hierba como herramientas para extraer termitas de sus nidos.

Fue también la primera científica en darse cuenta de que esta especie siente emociones y tiene capacidad para la violencia.

La primatóloga rompió las normas científicas de la época, poniendo nombres a los chimpancés en lugar de números, observando sus personalidades distintivas e incorporando sus relaciones familiares y emocionales a su trabajo.

Gracias a la solidez de sus hallazgos, Leakey la animó a cursar un doctorado en la Universidad de Cambridge, donde se convirtió en la octava persona en obtenerlo, sin tener previamente una licenciatura.

Si bien interrumpió sus investigaciones para obtener el doctorado en Etología, Goodall permaneció en la selva durante años. Su primer marido y colaborador habitual fue el camarógrafo Hugo Van Lawick.

Llamó la atención del público, asociándose con la National Geographic Society para llevar a sus queridos chimpancés a sus vidas a través del cine, la televisión y las revistas.

Gracias a esta cobertura, los chimpancés del arroyo Gombe pronto se convirtieron en nombres muy conocidos; el más famoso era uno al que Goodall llamó David Barba Gris, por su mechón de pelo plateado.

En 1977 fundó el Instituto Jane Goodall para promover la investigación y la conservación de los chimpancés, y en 1991 lanzó Roots & Shoots, un programa ambiental dirigido por jóvenes que hoy opera en más de 60 países.

Su activismo se disparó en los años ochentas, tras asistir a una conferencia en Estados Unidos sobre chimpancés, donde se enteró de las amenazas que enfrentaban: la explotación en la investigación médica, la caza para obtener carne de animales silvestres y la destrucción generalizada de su hábitat.

A partir de entonces, se convirtió en una gran defensora de la vida silvestre en viajes por todo el mundo hasta el final de su vida.

Goodall escribió decenas de libros, incluyendo algunos para niños. Apareció en documentales y recibió numerosos honores, entre ellos la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos, de manos del entonces presidente Joe Biden. Incluso fue inmortalizada con una figura de Lego y una muñeca Barbie.

“El tiempo de las palabras y las falsas promesas se ha acabado si queremos salvar el planeta”, declaró a la agencia AFP el año pasado en una entrevista previa a una cumbre de la ONU sobre la naturaleza, en Colombia.

Su mensaje también era de responsabilidad personal y empoderamiento: “Cada individuo es importante. Todos tenemos un papel que desempeñar. Cada uno de nosotros tiene un impacto en el planeta cada día. Y podemos elegir el tipo de impacto que tenemos”.

Y siempre abrió un espacio a la esperanza: “Todavía hay tiempo. El tiempo de las palabras y las falsas promesas se ha acabado si queremos salvar el planeta”.

Agencia Reforma