5 noviembre,2018 8:03 am

Plasman con ironía en el libro “¡Ya supérenlo!” los hechos más significativos del sexenio de Peña Nieto

Daniel Camacho hace un retrato irónico con caricaturas de los hechos más significativos del sexenio que está por concluir.
Ciudad de México, 5 de noviembre de 2018. Daniel Camacho se considera un hartista, así, con “h”, por su habilidad para hartar a los políticos con dardos de humor que compendia su más reciente libro: ¡Ya supérenlo!, dedicado al sexenio de Enrique Peña Nieto.
“Muchos pueden hablar mal del presidente, no es mi caso porque me hizo muy fácil el trabajo: era una inspiración todos los días”.
Además, fue un gran emprendedor, opina.
“Hubo gente que vivió la violencia, la inseguridad, el desastre económico, pero hubo empresarios que se desarrollaron maravillosamente, como el Grupo Higa, o familias que prosperaron de manera sorprendente, como los Duarte. Él mismo, con la Casa Blanca, es ejemplo de superación”, señala con implacable ironía el monero jalisciense, diestro en trazar copetes que se elevan en la misma proporción que se multiplican las fosas repletas de restos óseos.
Pensó incluso que la “tinta roja” menguaría tras el fin del sexenio de Felipe Calderón.
“Lo que sucedió es que se hizo de un color más intenso, más fuerte, por las fosas, y por la tinta negra de la opacidad: tenemos una cleptocracia cínica. (Peña Nieto) dijo que iba a ‘Mover a México’, y lo hizo el 2 de julio (cuando el PRI perdió el poder): es un presidente que cumple su palabra”, dice socarrón.
¡Ya supérenlo! no sólo es una frase presidencial que da título al libro –subtitulado El sexenio de Peña en 100 caricaturas; no, menos, como 250– sino un resumen atroz de su administración.
“Me parece la frase más ruda de Peña Nieto para los padres de los 43 estudiantes desaparecidos (de la normal de Ayotzinapa), porque hay un dolor inmenso por no saber dónde están sus hijos. Los 43 es una postal terrible de su sexenio”.

Política caricaturesca
Camacho se forjó como dibujante hace más de 30 años, entonces un adolescente que no sólo ejercitaba sus trazos, sino también las piernas mientras caminaba por las calles de su matria, Guadalajara, para buscar en los puestos de periódicos publicaciones de la Ciudad de México con caricaturas de Rogelio Naranjo y Helioflores, entre otros que influyeron en su formación.
Precisamente Naranjo fungió como jurado cuando Camacho obtuvo, en 2004, el premio de periodismo José Pagés Llergo.
“Hace muchos años dibujar a un presidente requería realmente de un ingenio fino; ahora son una caricatura”, considera el monero, cuyo más reciente libro, publicado por Grijalbo, retrata los dislates financieros, políticos, legislativos, judiciales y electorales del sexenio, y los tristemente cómicos alardes de personajes que proclaman la prosperidad ante el abismo, como Agustín Carstens, ex gobernador del Banco de México.
Allí está memelandia para constatar la caricaturización de los políticos, dice Camacho, quien descubrió en sus años escolares que los monos eran antídoto contra los compañeros gandallas, y fuern efectivos también para combatir el aburrimiento, como lo testimonian sus cuadernos.
Un día un maestro descubrió, tras confiscar sus apuntes, sus dibujos, varios de ellos correspondientes a políticos.
A la siguiente clase –estudiaba Derecho en la Universidad de Guadalajara–, el profesor le entregó un periódico con tres de sus caricaturas publicadas y la propuesta de colaborar en el diario.
Crítica pareja
El presidente electo Andrés Manuel López Obrador no ostenta los rasgos grotescos que Camacho imprime a otros políticos.
“Cada quien por sus méritos”, advierte. “Yo no tengo filias y no tengo fobias. Y voy a criticar al presidente y a los hombres del presidente cuando cometan errores. Ahorita estamos en la etapa de transición y los estoy dibujando, pero no como a Peña, Calderón o Fox. Ya llegará el momento en que (López Obrador) sea presidente y comience a cometer errores, porque son seres humanos los políticos y a todos se les debe criticar”.
Tampoco son grotescos los cartones que refieren al sismo del 19S: donde caben los corazones, abrazos y una fraternidad ausente en el escenario político mexicano.
“La caricatura es un efímero momento de reflexión, en donde trata uno, como dibujante, monero o caricaturista, de provocar una risa no fácil, sino una risa que deje pensando un poquito en lo que nos está haciendo reír y en lo que estamos haciendo como sociedad para cambiarlo”.
Sus cartones, añade Camacho, buscan que el lector se vea reflejado como parte del problema.
“Dibujo para el lector, pero el lector de banqueta como lo soy yo. No dibujo para que el político cambie, no: dibujo para reírnos de quienes nos hacen barbaridad y media desde el poder político”.
E introduce en sus dibujos guiños musicales para que sus lectores canten mientras ríen a la vez que piensan –o al revés–, pues Camacho dibuja la tragicomedia nacional a ritmo de boleros, jazz o las canciones de Germán Valdés Tin Tan.
“Me divierte y me pone de buen humor escuchar a Tin Tan cuando dibujo. Y tan tan”.
Texto: Yanireth Israde / Agencia Reforma / Foto: Especial (Caricatura de Daniel Camacho).