
El calor intenso afecta la salud de los coyuquenses que se dedican a esta labor
Coyuca de Benítez, Guerrero, 8 de marzo de 2025. En la comunidad Rancho del Santo, de Coyuca de Benítez, pocos habitantes continúan aún con la añeja tradición de producir sal criolla debido a que los fabricantes sufren afectaciones en la salud y tienen que aguantar la “friega” de recoger el agua, filtrarla, evaporarla y recoger la sal en un campo árido y con un calor intenso.
Rufino Cruz Aparicio, conocido como La Negra, enseñó a El Sur el proceso artesanal del cual vive desde hace 10 años y que aprendió de sus familiares más grandes que se dedicaban a lo mismo en este pueblo que se encuentra entre Acapulco y Coyuca de Benítez.
El hombre de 65 años es una persona carismática que aceptó hacer una pausa en su labor para mostrar paso por paso cómo se produce la sal que se vende a la orilla de la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo, en pequeñas bolsas de plástico que no reflejan el arduo proceso por el que pasa el grano que sazona los alimentos.
Por una razón que desconocen los habitantes del área, muchos de ellos también pescadores en la laguna de Coyuca, el agua que brota naturalmente en ciertos puntos del pueblo tiene niveles altos de sal, lo cual le da un tono azulado.
Esta agua brota en un extenso terreno colindante con el cuerpo lagunero de Coyuca de Benítez, que en tiempos de secas como el que se vive actualmente sólo es tierra plana cubierta en varias partes por árboles y pastizales, pero cuando empiezan las lluvias, a mediados de mayo, queda sumergido por el crecimiento de la laguna.
Los productores coyuquenses de sal hacen algunos montones pequeños de tierra, que le llaman salitre, y que acarrean al tapeite, un filtro artesanal montado sobre pequeños pilares de madera en el que embarran encima la tierra y sobre ella derraman el agua salinizada.
De la capa de lodo van cayendo poco a poco las gotas de la salmuera, líquido rojo conducido por un tubo hacia un pozo de más de un metro de profundidad en el que se va formando un cuerpo de agua con un color parecido a la sangre.
La salmuera, cuyo sabor es insoportable para cualquier paladar, es acarreada a las eras, cuadros de madera recostados en el suelo en el que se evapora el líquido hasta extinguirse, por lo que al final sólo quedan los granos de sal que son acumulados en una gran lona y luego acomodados en las pequeñas bolsas de plástico que son vendidas en distintos precios.
La jornada laboral de La Negra, quien insistió en que era más conocido por ese sobrenombre, comienza a las 5 de la mañana con una taza de café, para aprovechar el tiempo en el que no hay sol para avanzar en el trabajo que realiza con su esposa.
Sólo quedan 8 productores en la comunidad Rancho del Santo de los 100 que había hace unos años porque su salud ha mermado, entre otras razones, por la constante exposición al sol.
Su piel tostada refleja la temporada de enero a mayo en la que fabrica sal, que considera redituable cuando vende un costal de 50 kilos por 800 pesos.
¿Vale la pena el esfuerzo?, se le preguntó después de sentir los estragos de una mínima fracción de su trabajo, y el hombre, que andaba sin camisa y sin calzado, afirmó sonriendo: “Sí vale la pena, pero es una friega”.
Texto: Ramón Gracida Gómez


