
Al hacer una copia de la obra, para ponerla fuera de su espacio original, se busca observar si la pieza mantiene el mismo efecto, explican
Ciudad de México, 7 de abril de 2023. Durante el próximo Festival Mextrópoli, a los paseantes del Centro Histórico les aguarda una visión insólita: la terraza de la Casa Estudio Luis Barragán, a nivel de piso y accesible para todos, recreada a escala real a mitad de la Alameda Central.
Con esta propuesta de cambio de contexto, ilustrativamente llamada Fuera de lugar, Álvaro Martín Morales, Manuel Alejandro Alemán y Rubén Aldair Bermúdez ganaron el concurso de Arquine para diseñar el pabellón del encuentro de arquitectura y ciudad.
Sucederá en septiembre cuando este espacio emblemático de Tacubaya, una de las obras más emblemáticos de Barragán (1902-1988), se “mude” de sitio para generar preguntas y discusiones sobre la relación entre el proyectismo y su contexto.
“Lo que queremos es plantear preguntas desde una postura muy honesta y sencilla, porque creemos que la arquitectura necesita empezar a generar preguntas, necesita empezar a generar, desde otro lado, los cuestionamientos”, plantea en entrevista Alemán.
“Aparte de que sea Barragán, la pregunta iba más allá, sobre el contexto. ¿Si una obra la cambias de lugar, llámese cualquier otra, sigue manteniendo las mismas características? El contexto le inyecta cosas”, abona Bermúdez.
No obstante, la elección del único arquitecto mexicano que ha ganado el Premio Pritzker no fue casual, y también plantea preguntas de otro tipo, puesto que la Casa Luis Barragán ha sido declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.
“¿Por qué Barragán? Pues por la fuerza que tiene, la fuerza que emite esa terraza a nivel universal, que ya que es patrimonio cultural. Entonces, (se trata de) llevarla a otro contexto y, de cierta manera, desacralizarla”, reflexiona Morales en la entrevista.
“¿Vamos a faltarle el respeto? De cierta manera no, porque lo que queremos también es que más gente pueda conocer la terraza, como que reviva Barragán, que los tengamos de vuelta en otro contexto”, afirma.

Como un monumento de la lista de Patrimonio Mundial, la Casa Luis Barragán es conservada con medidas estrictas, y para visitarla se requiere de la compra de un boleto que va de los 200 a los 400 pesos, con recorridos obligatorios limitados a seis personas y en la que no pueden entrar niños menores a los 12 años.
En la Alameda, la réplica de la obra no tendrá restricción alguna, como una forma de discutir sobre lo público y lo privado.
“Lo elegimos porque la terraza es bastante reconocible (para el gremio y la gente del arte), es bastante icónica, y aparte se presta mucho porque es un espacio abierto que en realidad es privado, pero lo pasamos a algo público, entonces eso abre otra conversación”, explica Bermúdez.
Para el grupo de arquitectos, que comenzaron a colaborar en proyectos juntos a partir de la pandemia de Covid-19, sin conocerse en persona, la figura de Barragán está envuelta en mito, por lo que será interesante acercar uno de sus trabajos más emblemáticos al público.
“Barragán es una figura, como dirían por ahí, ‘el muy nombrado’, y quizá el menos entendido; es él más famoso (arquitecto mexicano), pero generalmente no se le profundiza demasiado, más allá del cliché del muro, del cliché de la ‘gargolita’, del cliché de las cosas que típicamente se consideran algo de Barragán”, cuestiona Alemán.
“Nosotros en el equipo sabemos que es la figura más trascendental de la arquitectura en México, quizá, del siglo 20, sin embargo está envuelto en el mito; está, de alguna manera, con esta aura celestial”, amplía.
La terraza, que por un golpe de buena suerte tiene la medida exacta que planteaban las bases del concurso del Pabellón Mextrópoli, podrá ahora ser evaluada por un público que podría no tener noticia de su existencia.
“Es ahí donde entran las preguntas. La gente normal, el señor que vende las papas, se va meter, ¿y cómo va a saber que es Barragán? A lo mejor en el gremio sí podrías reconocer fácilmente la obra, por eso la elegimos también, porque es fácilmente reconocible, es una arquitectura bastante fuerte”, expone Alemán.
“Lo que nos interesa es generar la pregunta de: ¿Qué sucede con esa terraza como un órgano indivisible del cuerpo de la casa? Si de alguna forma la casa es un organismo vivo que tiene distintas partes, la biblioteca, la terraza, y le sacas una parte, ¿qué sucede al insertarla en otro contexto?”, complementa.
De acuerdo con una de las interpretaciones que más comúnmente se han dado a la Casa Barragán en su conjunto, la terraza es el punto cumbre donde queda manifiesta la intención del arquitecto de crear un espacio de recogimiento y contemplación, alejado del ajetreo de la Ciudad, un aspecto hasta hace poco amenazado ante la pretensión del Gobierno de construir una nueva línea de Cablebús cercana que afectaría su visión y paisaje, trayecto que finalmente se modificó.
Reconstruir ese espacio en uno de los sitios más transitados de la capital revierte por completo su aislamiento.
“Queremos que el espacio de alguna manera se vea casi igual a como lo vemos cuando visitamos la casa, también que los que ya la hayan visitado puedan reflexionar si se siente igual el espacio o no, y las nuevas personas que lo vean lo conozcan tal cual es”, propone Bermúdez.
Actualmente, los arquitectos estudian la mejor manera de replicar la terraza tal cual se encuentra en Tacubaya, tal vez con algunos elementos adicionales, como un texto explicativo.
“Tampoco queremos caer en maromas intelectuales. No me gustaría que se nos tome como tipos pretenciosos; simplemente (es algo) desde la no pretensión. A lo mejor (haremos) un texto informativo y que cada quien saque sus propias conclusiones”, considera Alemán.
Será un ejercicio lúdico, pero realizado con seriedad, para ver la obra de Barragán de una forma hasta ahora insólita, planteando preguntas sobre la arquitectura y contexto.
Texto: Francisco Morales / Agencia Reforma / Foto: Agencia Reforma


