30 junio,2019 6:00 am

“¿Por qué abrazos?… Tengo mucho amor”; la Marcha del Orgullo en la Cdmx

Para el antropólogo Ignacio Lanzagorta, la marcha existe en forma dual: la de los elevados vehículos y el goce del consumismo y las manifestaciones a pie, donde todavía hay debate y reivindicación.
Ciudad de México, 30 de junio de 2019. No fueron 41, sino 170 mil. Y todos estaban bailando de felicidad blandiendo colores en toda la ciudad, la capital del país.
La edición número 41 de la Marcha del Orgullo LGBT+ en la capital no podía desperdiciar la referencia al renombrado “baile devenido de la redada policiaca de 1901” que, en su existencia mítica y escandalosa, es dedicada a Carlos Monsiváis, hito de la visibilidad homosexual en nuestro país.
“Es un cambio radical de cuando a mí me tocó, la represión, la censura, la discriminación que se daba hace 20 años no se compara. (La marcha) es la más grande del mundo, México está haciendo historia”, señala el diputado federal por la Ciudad de México, Javier Hidalgo.
A lo largo de todo el convoy, que desde las 11:00 horas abarcaba 1.5 kilómetros desde la fuente de la Diana Cazadora hasta el Monumento a Cuauhtémoc, se pueden ver no solamente partidos políticos, que son los menos, sino marcas, decenas de empresas asociadas al lema “love is love”.
Bajo la sombra de su pequeña cartulina, Martha López Toledo ofrece “abrazos de madre” y se forma una fila para obtenerlos.
“¿Por qué los abrazos? Porque tengo mucho amor, y ellos son amor, porque los amo. No tengo hijos, pero estoy con ellos y yo los apoyo. He venido no con mi letrero porque me nació, tengo que darlo”, señala, provocando la conmoción de quien la escucha.
Muchos abrazos de madre y de padre se ofrecen a lo largo del recorrido. Tantos, quizás, como el número de carros alegóricos de asociaciones, corporaciones y organizaciones políticas, pero todos conviven y ninguno estorba al otro. Se pueden recibir abrazos y seguir en la fiesta.
Para el antropólogo Ignacio Lanzagorta, que también asiste al evento por la diversidad sexual, la marcha existe en forma dual: está la de los elevados vehículos y el goce del consumismo y las manifestaciones a pie, donde todavía hay debate, expresiones contradictorias y reivindicación.
“Abajo vemos todavía varios contingentes muy politizados, donde se nota que no todo es armonía, que no todo es esta fiesta comercial”, señala.
Las expresiones contrarias a este aspecto de la marcha son muy vivas: está un contingente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que, a cada paso de un gran carro alegórico, responde con porras incisivas. Luego se aproxima un grupo del Comité Histórico con la misma demanda pero, aunque invitan a los unamitas, estos no se unen.
Lo importante, coinciden, es que la calle siga siendo el escenario de expresiones que, aún con el patrocinio de todo tipo de industrias, siguen provocando reacciones virulentas en sectores de la sociedad. Es amor, sí, pero un amor que incomoda.
“Ése es el objetivo de la marcha. Esto tiene que incomodar. Es cierto que con tanta marca se vuelve menos incómoda”, refiere Lanzagorta.
Texto: Víctor Juárez / Agencia Reforma
Foto: Alejandro Velázquez / Agencia Reforma
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