
El poeta, traductor, investigador y profesor que se formó en estudios de género, obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía Joven Diana Moreno Toscano 2025 con una obra, presentada esta semana, que gira en torno a la construcción de la figura del hombre “desde la sed de poder, las ganas de dominar, la brutalidad” y el deseo homoerótico. El autor celebra que la literatura de la diversidad sexual pase por un momento de crecimiento en América Latina y esté dejando de ser “marginal o clandestina”
El Sur / Ciudad de México, 21 de febrero de 2026. El poemario De los hombres no recuerdo el fulgor sino la noche herida, del poeta mexicano Alejandro Miravete, fue presentado este jueves en la Universidad del Claustro de Sor Juana, tras haber obtenido el Premio Latinoamericano de Poesía Joven Diana Moreno Toscano 2025, un galardón que ha vuelto a entregarse tras casi medio siglo de ausencia.
Publicado por Editorial Cántico, de Almuzara México y promovido por la Fundación Carmen Toscano, el premio busca recuperar una tradición dedicada a descubrir nuevas voces de la poesía. En su primera etapa reconoció a autores que después serían figuras centrales de la literatura mexicana, como Elsa Cross, David Huerta, Marco Antonio Campos, Héctor Manjarrez, Adolfo Castañón, entre otros.
Miravete –nacido en Ciudad de México en 1996– es poeta, traductor, investigador, profesor y forma parte de una generación que explora la literatura desde los estudios de género y la diversidad sexual. Su libro, escrito a lo largo de siete años, propone una reflexión sobre la masculinidad, el deseo y las tensiones que existen entre ambos.
“El libro gira en torno a dos ejes”, explica el autor en entrevista con El Sur. “Uno es la construcción de la figura del hombre desde la violencia: la sed de poder, las ganas de dominar, la brutalidad, todos esos valores que culturalmente asociamos con lo masculino. Y el otro es un eje homoerótico, un eje del deseo”.
Un libro sobre violencia, deseo y contradicciones
Miravete ha participado en espacios académicos como el Seminario de Literatura Lésbica-Gay y el Seminario Interdisciplinario de Estudios Cuir de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es autor de Tablero de diamantes (2024) y El camino que nos antecede: 25 poetas gay negros (2025), publicados por Editorial Niño Down, y forma parte del colectivo Novísimxs, de poetas LGBT.
El poemario ganador, señala, nace tanto de experiencias personales como de observaciones sobre la forma en que los hombres se relacionan entre sí y con su propio deseo. En particular, le interesó explorar un terreno que pocas veces se aborda abiertamente: el erotismo masculino en espacios donde las normas sociales se suspenden o se transforman.
“Hay toda una faceta del erotismo de los hombres que permanece vedada –dice–. Pienso en espacios exclusivamente masculinos como la marina, la cárcel o las cantinas. Lugares donde se sabe que ocurren cosas entre hombres, pero donde ocurren porque no está la mirada del mundo exterior”.
Ese interés por examinar la masculinidad desde distintos ángulos llevó al autor a crear una obra fragmentaria, en la que los poemas adoptan tonos, estructuras y texturas diversas. Aunque existe una división temática clara, el conjunto funciona como un mosaico de perspectivas.
“Me dijeron que el libro era como un caleidoscopio –cuenta–. Tiene estos dos polos, pero los poemas se aproximan a ellos desde lugares distintos”.
El título, elegido al final del proceso, intenta condensar esa tensión central entre deseo y violencia. Para Miravete, se trata de una dualidad inevitable cuando se examinan las formas tradicionales de lo masculino.
El proyecto también “está atravesado” por las lecturas teóricas que marcaron su formación universitaria. Durante sus estudios en letras, el autor se acercó a la teoría feminista, los estudios de género y la teoría queer, influencias que aparecen en los epígrafes del libro y en la reflexión que lo sostiene.
Sin embargo, el objetivo del poemario no es ofrecer respuestas simples ni una condena directa.
“Lo que no quería era dar respuestas fáciles ni pintar todo de bueno y malo –explica–. La masculinidad es un asunto complejo, como muchos de los asuntos humanos, y merece ser tratada con esa misma complejidad”.
El impulso inicial del libro surgió de una pregunta personal que terminó convirtiéndose en motor creativo: por qué, aun conociendo las críticas y los análisis que desmontan las formas tradicionales de lo masculino, éstas siguen generando atracción.
“Después de leer teoría feminista, teoría queer y estudios de género, yo pensaba: si ya soy consciente de lo brutal que puede ser la masculinidad, ¿por qué sigue resultando tan atractiva? –recuerda–. No solo para mí, sino para muchas personas”.
La búsqueda de una respuesta a esa contradicción llevó al poeta a la escritura. “Tal vez sería una pregunta más común para la sociología o la antropología –admite–, pero la poesía me permitió explorarla con la profundidad que sentía necesaria”.
Quitar las etiquetas, salirse de esa “cajita”
El poemario propone también una reflexión sobre cómo se lee y se nombra la literatura vinculada con la diversidad sexual. Para el autor, las etiquetas pueden ser útiles, pero también limitantes.
“Este tipo de categorías responden a dos cosas: a una cuestión mercantil y a una cuestión más académica”, menciona. En el mercado editorial, añade, funcionan como herramientas que orientan a los lectores interesados en ciertos temas.
Hablar de literatura gay, lésbica o homoerótica permite identificar contenidos y acercarlos a determinados públicos. No obstante, advierte Miravete, cualquier etiqueta implica una simplificación.
“Como toda etiqueta, es una cajita. Sirve para catalogar, pero también puede dejar fuera cosas que no encajan tan fácilmente”.
En el ámbito académico, añade, estas categorías no necesariamente definen la obra, más bien las distintas posibilidades de interpretación. “Un texto puede leerse desde múltiples perspectivas sin que una invalide a la otra”, dice.
Para explicarlo comenta el caso del poeta mexicano Xavier Villaurrutia, cuyo poema Nocturno de los ángeles ha sido interpretado como una pieza con elementos homoeróticos, aunque esa no sea la única lectura posible.
“Sabemos por cartas y diarios que algunos autores de su generación eran homosexuales, pero eso no significa que su obra sólo pueda entenderse desde ahí. La literatura permite diferentes interpretaciones”.
Lo importante, continúa, es que esas lecturas tengan sustento crítico y no se reduzcan a afirmaciones superficiales. En ese sentido, los estudios literarios han desarrollado marcos teóricos que permiten analizar la sexualidad y el deseo dentro de los textos.
Al mismo tiempo, el autor considera que clasificar un libro dentro de la literatura de la diversidad sexual no debería poner en duda su calidad literaria.
“Que un libro se catalogue así no significa que deje de ser literatura”, afirma. “Un buen texto se sostiene por sí mismo”.
La poesía es un arma cargada de futuro
Miravete observa, además, que la literatura vinculada con la diversidad sexual atraviesa actualmente un momento de crecimiento en América Latina. A diferencia de décadas pasadas, cuando muchos textos circulaban de manera marginal o clandestina, hoy existe un campo editorial más amplio.
“Ahora ya hay un estado de esta literatura”, explica. “Hay editoriales, hay autores reconocidos, hay antologías y cada vez más circulación”.
Ese desarrollo se refleja en la traducción de obras latinoamericanas a otros idiomas y en el interés de grandes editoriales por incorporar estos temas a sus catálogos. Para el poeta, este proceso muestra que el panorama literario del continente está cambiando.
“Ya no es esa literatura clandestina que fue en algún momento”, remarca.
El autor menciona figuras contemporáneas que considera importantes para quienes buscan acercarse a la poesía de la diversidad sexual. Entre ellas destaca a la artista y poeta española Roberta Marrero, al poeta peruano Rafael García-Godos y a la escritora cubanomexicana Odette Alonso.
Más allá de las etiquetas o los debates académicos, Miravete insiste en que lo fundamental sigue siendo la experiencia humana que se plasma en los libros.
“Al final, una persona escribe de lo que conoce, de lo que ha vivido –apunta–. Y eso es lo que vuelve más potente a la literatura”.
Con su más reciente obra, el poeta busca precisamente abrir ese espacio de reflexión. No para cerrar la discusión sobre la masculinidad y el deseo, sino para ampliarla: “La poesía no nos da respuestas. Lo que hace es dejarnos con más preguntas”.
Guillermo Rivera


