
Chilpancingo, Guerrero, a 29 de mayo de 2025.- La obra De naos de olvido, altares sin tumbas e imaginarios de la guerrilla, de Judith Solís Téllez, denuncia una época atroz en Guerrero, el agravio a partir de los caciques y las carencias de servicios básicos que desde 1960 a la actualidad parecen no mejorar, coincidieron comentaristas ayer durante la presentación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro) en Chilpancingo.
El libro fue presentado al medio día de ayer en el auditorio Jesús N. Samper de la facultad de Filosofía y Letras en la Semana de las humanidades, en el marco de la celebración del X Aniversario de la Maestría en Humanidades de la UAG.
De naos de olvido, altares sin tumbas e imaginarios de la guerrilla. Desmemoria e identidad del pacifico mexicano (Atoyac y la costa grande), editado por la UAG en 2023 fue presentado por su autora Judith Solís Téllez y comentado la académica Maribel Nicasio González y el periodista Rosendo Betancourt, editor de El Sur. Moderó la charla, el maestro egresado del programa de Humanidades, Yat Zil Hernández.
Asistieron alumnos de la maestría, catedráticos y Gil Arturo Ferrer Vicario, coordinador de la Maestría.
Hubo público que llegó desde la región Costa Grande, estuvo también Judith Radilla, hija de Rosendo Radilla Pacheco, detenido de manera ilegal y desaparecido por el Ejército en 1974.
Rosendo Betancourt Radilla, sociólogo de formación, hijo de Judith y nieto del emblemático Rosendo Pacheco Radilla, dio su postura desde el periodismo.
“Con varios colegas hemos discutido el papel histórico del periodismo. Qué debemos escribir, cómo abordar la violencia criminal, la persecución a periodistas y defensores de derechos humanos y sobre el fenómeno de la desaparición de personas para mejorar la situación que se vive en Guerrero”.
Hay miles de casos documentados de desaparición desde 1 de octubre 1967 hasta la actualidad que ubican a la entidad en los primeros lugares de ese delito, dijo.
También comentó pasajes contenidos en el libro acerca de la vida cotidiana en la Costa Grande, y dijo que el texto es una herramienta para entender de donde vienen sus palabras, su acento, su gastronomía, la cultura que vive y llegó desde África y Asia.
Además, consideró, el escrito “es una lucha, una postura política contra el racismo que todavía se promueve como punta de lanza”.
Betancourt Radilla expresó que otro elemento importante de la obra es la denuncia de una época atroz.
“Es un ejercicio de recuperación de la memoria histórica, es un esfuerzo para evitar el olvido. Es una postura política firme que dice ya basta, no más desapariciones, un clamor de justicia”.
Frente al auditorio leyó la definición de la autora acerca de “terrorismo de Estado”.
“Un periodo en que la población del municipio de Atoyac sufrió diferentes delitos ejecutados por un Estado y su Ejército que se comportaron peores que delincuentes porque contaban con todo un aparato represor, se cometieron crímenes de lesa humanidad, masacres, desplazamiento de poblaciones, tortura, muertes de inocentes, violaciones de mujeres, niñas y niños.
“Una de las consecuencias de la militarización fue tratar a la población en general como sospechosa de pertenecer o ayudar a la guerrilla. Se vivió un estado de sitio y las personas de la sierra sufrieron de hambre ya que no podían pasar alimentos”.
“¿Qué es lo que implica la desaparición de 450 personas?, la angustia de hijos, padres, hermanos, de la mujer, de la hermana, de la hija, la pérdida de ese familiar, el dolor, el miedo, la rabia de la perdida de los familiares ya que en esos años era imposible presentar una denuncia en los ministerios públicos, el peligro de buscar a sus familiares implicaba que ellos mismos podían ser detenidos”, dice parte de la definición.
El texto, agregó, documenta una serie de agravios contra campesinos y obreros a partir de caciques a través de sus estructuras militares y paramilitares.
Carencia de servicios de salud, de educación, vivienda, caminos, que desde 1960 a la fecha parecen no mejorar, sobre todo en la región de la Sierra, se documentan en el libro, comentó.
“Las condiciones de marginación y violencia por las que se levantaron en armas Lucio Cabañas y Genaro Vázquez se mantienen, así como un aparato de Estado que le apuesta al olvido”, cerró.
Yat Zil Hernández opinó que el libro debe de estar en las librerías de las escuelas y también debería ser de cabecera de estudiantes de filosofía para conocer primero “nuestra casa” que es Guerrero.
Ejemplificó que hasta 1976 se habían cometido mil 350 desapariciones forzadas en el país de las cuales 650 se llevaron en el estado de Guerrero, y 450 en su municipio de Atoyac.
Otro ejemplo de resistencia, dijo, es la palabra “guerrillero” porque esa palabra no existe en una definición formal, se les conoce como gavilleros o bandoleros.
“Parte del libro, dice, explica porque el país y Guerrero están tan sumergidos en la violencia”.
La antropóloga Maribel Nicasio González se refirió al imaginario popular en torno al maestro y líder guerrillero Genaro Vázquez.
El libro contiene un artículo que Nicasio González escribió en 2015 en la Montaña de Guerrero.
“La gente hablaba de Lucio Cabañas. Cómo y cuándo llegaba en la colonia Cuba (de Tlapa)”.
De Genaro Vázquez, dijo, se hablaba más en la Costa Chica donde hay población afro e indígena.
“Cómo se teje en la cosmovisión y el campamento José María Morelos y Pavón que se movía de la Costa Chica hacia la Montaña”.
Las imágenes de los profesores revolucionarios de Guerrero aparecen también en la bandera de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
“La vigencia de las imágenes. Cuando Lucio y Genaro mueren físicamente ellos renacen de otra manera”, dijo.
Lo interesante del imaginario, agregó, es cómo se explican los pueblos a Genaro Vázquez como alguien que se convertía en un árbol o en una piedra cuando los soldados pasaban.
La autora Judith Solís Téllez, originaria de Atoyac, mencionó que el libro parte desde las raíces coloniales y asiáticas, población negra e indígena hasta el actual mestizaje cultural.
La parte sentida de la obra, mencionó es “Altares sin tumbas” que trata de las desapariciones.
El caso emblemático de Rosendo Radilla Pacheco, dijo, es tratado en el libro.
“Esa gran lucha que dio la familia durante 17 años y que pudo culminar en la sentencia de la Corte Internacional de los Derechos Humanos porque aquí, en México, no le dio para hacer justicia”.
Al Estado mexicano, dijo, no le quedó mas que reconocer precisamente que era un delito y que era culpable y se condenó a cumplir la sentencia.
La lucha dijo la dio la familia, entre ellos su hija Andrea Radilla, ex catedrática de sociología y que escribió un libro sobre su padre Voces acalladas, vidas truncadas.
Rescató la lucha incesante de Tita Radilla por la presentación de los desaparecidos.
Texto y foto: Luis Daniel Nava


