
Ciudad de México, 11 de octubre de 2023. “Desde hace casi una década que comencé a leer la obra de Hugo Valdés y la razón por la que continúo haciéndolo es su mirada sobre la ciudad, pues el tema mayor que se presenta en su literatura es Monterrey”, comentó Michelle Monter ayer en la presentación de la más reciente novela del autor: ‘El virus al oeste del Nilo’, publicada por la editorial An.alfa.beta, en la Feria Internacional del Libro.
“Por ahí del 2012, en un foro estudiantil lo escuché decir que quería capturar el alma de Monterrey, de plasmar la ciudad a través del papel. Con ‘El virus del oeste del Nilo’ se actualiza esa vocación y se ensaya también sobre el oficio de escribir en una ciudad como esta.
Valdés estuvo acompañado por Monter y por Jonathan Gutiérrez Hibler, quienes hablaron de la nueva novela del autor de “El crimen de la calle Aramberri”.
Gutiérrez comentó: “‘El virus del oeste del Nilo’, de Hugo Valdés, relata la historia de un hombre que un día recibe amenazas anónimas por parte de quien él sospecha es una antigua empleada: Susanna. El narrador, cuyo nombre no conocemos hasta muy entrada la novela, decide tomar venganza de estos mensajes tratando de entrar en la cuenta que Susanna usaba antes de que la ‘renunciaran’ de su trabajo: ‘Sin advertirlo, me empecé a convertir en una suerte de intruso en la vida de otro, si bien sólo merodeaba aventurando nombres de usuario y probables contraseñas’.
“A partir de esta premisa, la obra apuesta a una enumeración que va del capítulo uno al veinticuatro, pero los intercala con la finalidad de construir la ironía del final, casi como un virus que se inocula en las palabras y poco a poco muestra sus síntomas hasta el desenlace de esta obra”.
Gutiérrez dijo que queda en manos de quien lea la novela de Hugo Valdés el criterio crítico: entender el juego de este texto, su impresión, si llega a comprarlo o recibirlo como regalo en sus manos.
“Debe valorar las diferentes lecturas que le preceden como parte de un horizonte siempre en movimiento, y juzgar las aportaciones que le da a la literatura, tanto a su biblioteca personal como las diferentes bibliotecas que accionan los cuerpos de nuestro tiempo por medio de sus narrativas”, comentó.
Por su parte, Monter expresó: “Usualmente no me gusta caracterizar de bote pronto una obra literaria; no obstante, estoy tentada a llamar a la novela una suerte de ‘farsa misógina’, pues en efecto, estamos ante una farsa que satiriza lo más grotesco de la experiencia humana; pero el recurso de la retórica misógina en voz de Leovigildo es congruente con la manufactura de su personaje: un pobre diablo”.
Texto y foto: Agencia Reforma


