
Octavio Klimek Alcaraz
En Santa Marta, Colombia, se llevó a cabo el 28 y 29 de abril la Primera Conferencia sobre la Transición hacia la Eliminación Progresiva de los Combustibles Fósiles. La conferencia fue convocada de manera conjunta por Colombia y los Países Bajos. En ella, 57 naciones y representantes de comunidades indígenas, sindicatos, organizaciones civiles y ONG, se enfocaron no en establecer nuevas metas, sino en hallar maneras de implementar más rápidamente los compromisos del Acuerdo de París. En el texto de conclusiones de los coanfitriones se enfatiza que el cambio climático y la inestabilidad geopolítica hacen evidente la vulnerabilidad de depender de estos combustibles, lo que hace necesaria una transición energética justa (https://transitionawayconference.com/press-releases).
Cerca de tres cuartos del total de emisiones globales de gases de efecto invernadero son atribuibles a los combustibles fósiles. No obstante, las decisiones globales en torno al clima apenas han tratado la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. Durante décadas, este silencio estuvo presente en las negociaciones respecto al cambio climático. Sin embargo, la cuestión fue promovida por una coalición compuesta por más de 80 naciones durante la cumbre de cambio climática de Belém, Brasil, en el año 2025 (COP30). Estos países hicieron presión para que se adoptara una decisión oficial sobre la transición hacia fuentes de energía distintas a los combustibles fósiles. Por otro lado, se fueron con una hoja de ruta no oficial que la presidencia brasileña de la cumbre había anunciado. Al mismo tiempo, 24 naciones fueron más allá y firmaron la Declaración de Belém, en la que se comprometieron a colaborar en una transición equitativa, ordenada y justa, que estuviera en línea con las trayectorias de 1.5 grados centígrados. Para ello, los Países Bajos y Colombia se ofrecieron como coanfitriones de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición hacia Fuentes de Energía Alternativas a los Combustibles Fósiles.
La meta de la Conferencia es establecer una “coalición de naciones dispuestas a actuar” al ofrecer un espacio político para aquellas que estén listas. Lo más importante es la implementación. La Conferencia no compite con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), sino que la complementa.
Aunque los precios de las energías renovables han disminuido, hay varios obstáculos macroeconómicos e institucionales para la acción. Se examinaron tres de ellos:
El primero consiste en vencer la dependencia económica. Los gobiernos están lidiando con una dependencia fiscal profunda de los ingresos obtenidos por medio de los combustibles fósiles, particularmente debido al incremento de la deuda pública después de las crisis geopolíticas y sanitarias más recientes. La infraestructura está concebida para perdurar por décadas y podría no desempeñarse de igual modo con las fuentes de energía renovables, las cuales aún no poseen la misma capacidad de almacenamiento. El caso de México es un ejemplo de ello, se decidió el uso del gas para producir energía eléctrica en termoeléctricas, con los riesgos de dependencia absoluta de un solo proveedor de gas, que es los Estados Unidos de América.
El segundo asunto es la modificación de la demanda y la oferta. Esto supone extender el acceso a la energía, acelerar el cambio energético y asegurar la seguridad en los sistemas de energía para un futuro con emisiones bajas de carbono. Asimismo, trata acerca de la disminución progresiva, equitativa y organizada de la extracción, los oleoductos y las refinerías, así como el cambio de rumbo de las subvenciones a los combustibles fósiles hacia opciones más limpias.
El tercer tema fue la promoción de la colaboración internacional tanto dentro como fuera de la gobernanza climática global. Las cláusulas que resuelven los conflictos entre inversores y Estados fueron parte de la discusión. En más de 2 mil 500 tratados de inversión se encuentran estas cláusulas, las cuales conceden a los inversores no nacionales la facultad de demandar a los gobiernos cuando sus políticas impactan sobre sus ganancias, incluidas las medidas legítimas en materia climática. Esta amenaza ejerce un efecto disuasivo. Los gobiernos vacilan en regular o eliminar progresivamente los activos de combustibles fósiles, ya que esto podría dar lugar a arbitrajes costosos.
La conferencia admitió progresos relevantes: aunque los combustibles fósiles producen más del 75 por ciento de las emisiones a nivel mundial, el uso de energías renovables va en aumento y la inversión en transición energética alcanza cifras récord, lo que indica que esta ha sobrepasado un “punto de no retorno”. Sin embargo, subsisten dependencias estructurales (fiscales, deudas, arquitectura financiera e inercias comerciales) que obstaculizan la transición. Por esta razón, se propone una transición más extensa que simplemente reemplazar tecnologías: supone una reestructuración económica, un planeamiento con trabajadores y comunidades, en una transición equitativa, justa y ordenada fundamentada en derechos.
En la conferencia se determinó lo siguiente:
1.- Realizar una segunda conferencia en 2027 a realizarse en Irlanda y Tuvalu.
2.- Establecer un grupo de coordinación para evitar la duplicación y conectar con procesos de la pasada COP30.
3.- Proporcionar un informe a la COP30 y a espacios internacionales relevantes.
4.- Abrir tres líneas de trabajo:
–Elaboración de hojas de ruta nacionales para la transición hacia la erradicación de combustibles fósiles: abarcará el cambio energético y cómo cesar la producción de combustibles fósiles, que estén en consonancia con las Contribuciones Nacionalmente Determinadas;
–Enfocarse en la arquitectura macroeconómica y las dependencias, prestando atención a las trampas de deudas, de subvenciones y fiscales. Examinar los procedimientos que necesitan modificarse en el sistema financiero para realizar la transición fuera de los combustibles fósiles.
–Equilibrio comercial y de inversión para la descarbonización a través de sistemas de comercio sin combustibles fósiles.
5.- Hasta el año 2035, un Panel Científico para la Transición Energética Global dará recomendaciones cada año, para facilitar rutas compatibles de no sobrepasar los 1.5 grados centígrados de aumento de temperatura en el planeta y eliminar obstáculos políticos, financieros y legales.
La Conferencia no persiguió un resultado negociado; en cambio, buscó fomentar una comprensión compartida y directrices prácticas que contribuyan a agilizar una transición equitativa, justa y ordenada hacia la eliminación del uso de combustibles fósiles. En medio de la crisis energética, transmiten con la conferencia un mensaje claro: dejar de usar combustibles fósiles y ampliar las energías renovables es esencial no solo para proteger el clima, sino también para robustecer la seguridad y soberanía energética, y la capacidad de recuperación económica. Los resultados de la conferencia serán el fundamento de la hoja de ruta global para eliminar progresivamente los combustibles fósiles, que fue anunciada antes por Brasil, país presidente de la COP30. La próxima cumbre de cambio climático (COP31) tendrá lugar del nueve al veinte de noviembre de 2026 en Antalya, Turquía, bajo la presidencia turca y con Australia al frente de las negociaciones donde la hoja será parte de las discusiones.


