
La bebida indígena permite resistir mucho tiempo en travesías prolongadas, remarca la tabasqueña Karla Santander
Ciudad de México, 6 de octubre de 2025. Así como los antiguos viajeros indígenas resistían sus prolongadas travesías tomando pozol, los próximos migrantes interplanetarios también podrían valerse de esta bebida tradicional del sureste mexicano en su larga odisea espacial.
Esta es al menos la propuesta de Karla Santander (Villahermosa, 1992), ingeniera industrial que no sólo sueña con convertirse en la siguiente astronauta del país, sino que busca inscribir a su natal Tabasco en el sector aeroespacial.
“Mi meta es hacer que Tabasco brille en el espacio”, afirma en entrevista telefónica la joven certificada como astronauta análoga por la Universidad Federal de Río Grande Do Norte, en Brasil, institución que opera el complejo conocido como Habitat Marte.
Fue a inicios de año, durante su última estancia en dicho espacio, en el que se llevan a cabo misiones análogas –simulaciones– al planeta rojo, donde Santander ideó la posibilidad de que los astronautas puedan llevar entre sus provisiones pozol deshidratado, debido a que es comestible hasta por seis meses, el tiempo más corto que, según se estima, tomaría llegar al planeta vecino.
“Yo me enteré de que el chocolate estaba probado como alimento para tripulación. Entonces, dije ‘bueno, el chocolate y el pozol tienen el mismo origen’. Por eso decidí proponerlo”, relata la ingeniera que colabora de forma voluntaria como líder local, en Ciudad del Carmen, para el programa NASA Space Apps.
El pozol es una bebida de origen prehispánico que el pueblo maya yokot’an tabasqueño, también conocidos como chontales, preparaba con maíz y cacao; “ahora el pozol deshidratado se pone en agua, se deja un rato reposar, y se puede menear con la mano; obviamente, la mano limpia”, se echa a reír Santander.
Si bien la preparación ha evolucionado con el tiempo, añadiéndose ahora azúcar, canela, vainilla, leche, horchata u otras cosas, el pozol –del nahual pozolli, que quiere decir espumoso– persiste en la alimentación básica de muchos grupos del sureste como una bebida refrescante que ayuda a hacer frente al intenso calor de la región.
“Tiene propiedades energetizantes. Aquí en Tabasco es muy conocido que los que se dedican a trabajos como jornaleros, albañiles, lo utilizan para soportar las largas jornadas en el calor (…) Además, es beneficioso para la salud del ser humano”, destaca la astronauta análoga próxima a titularse como maestra en Administración.
Debido a su largo proceso de fermentación, la variante agria del pozol ha resultado ser rica en microorganismos benéficos, como lactobacilos que promueven la salud intestinal. Además de que también puede contener penicilina –por el crecimiento del hongo del género Penicillium–, lo que le otorga propiedades antibacterianas y medicinales.
Por medio de aminogramas y bioensayos, en algún momento se determinó que la proteína del pozol era de mejor calidad que la del maíz.
Curiosamente, el astronauta guerrerense Rodolfo Neri Vela, quien hizo historia como el primer mexicano y latinoamericano en participar en una misión espacial de la NASA, llevó consigo tortillas durante su viaje a bordo del transbordador Atlantis, en noviembre de 1985, ya que este insumo básico de la alimentación mexicana no genera residuos sólidos flotantes que pudieran dañar los instrumentos.
“Hay muchas cosas que Tabasco le puede dar al espacio”, subraya ahora Santander, quien también propuso en Habitat Marte la inclusión de cultivos hidropónicos de matalí y maguey morado, plantas de uso medicinal.
“Son plantas que aquí en Villahermosa, donde hace demasiado calor, pueden estar en el asfalto y les puede dar el sol de frente, y esas plantas no mueren”, agrega la joven. “El matalí es muy usado para las vías urinarias; con el maguey morado se hace un té para desinflamar”.
Así como la tortilla terminó siendo adoptada en la dieta de los astronautas, quizás un día los colonizadores de nuevos mundos acometan tal empresa nutriéndose con la bebida que tanto orgullo da a los “chocos –como se llama a los tabasqueños–, al grado que hasta un corrido le han dedicado.
Candidata al cosmos
Las tardes que pasaba de niña junto a su abuela, viendo documentales del espacio o programas sobre la naturaleza, signaron el destino de Santander.
“Tengo muy marcada mi infancia por Zoboomafoo”, un popular programa infantil sobre el mundo animal, recuerda con cariño la joven que luego fue apoyada por su abuela para formarse como ingeniera industrial.
Y aunque la insuficiencia económica ha sido el principal obstáculo con el que ha debido lidiar la tabasqueña, el soporte del resto de su familia ha posibilitado sus incursiones por Habitat Marte, que posteriormente redituarían en invitaciones para participar en la Feria Aeroespacial México, organizada por la Secretaría de la Defensa Nacional.
Actualmente, Santander participa en un proceso como candidata a astronauta para la misión Unity, una iniciativa espacial de la Space Exploration & Research Agency en colaboración con Blue Origin. El objetivo es llevar a ciudadanos al espacio utilizando la tecnología de cohetes reutilizables, como el sistema New Shepard.
“Se van a elegir seis candidatos a astronauta de países con poca representación en exploración espacial. Ese es el fin. Están concursando chicos de todo el mundo, aproximadamente somos 20 mil participantes. Yo me encuentro en el puesto 116”, comparte la tabasqueña.
“La verdad, hay muchos candidatos que cuentan con un extraordinario perfil”, prosigue. “Creo que cualquiera que quede de México va a hacer un gran papel ya que la mayoría somos astronautas análogos”.
Mientras mantiene su mente y esfuerzos enfocados en conseguir ser seleccionada, Santander tiene claro que, aún si no fuera el caso, ella seguirá persiguiendo su sueño. Sus siguientes pasos, tal cual adelanta, serán hacer un doctorado en ingeniería espacial, y también buscar realizar misiones análogas aquí mismo en el país.
“Me gustaría buscar lugares o entornos que tengan las cualidades del piso marciano”, expone la astronauta análoga, fanática del rap en español.
Israel Sánchez / Agencia Reforma


