
El Paraíso, Atoyac, Guerrero, a 9 de octubre de 2025.- Un proyecto de investigación de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) está promoviendo la organización de los caficultores de la Sierra de Atoyac para que adopten medidas de mitigación al cambio climático como la agroecología y la comercialización de su producto con “valor agregado”.
El proyecto aprobado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) se enfoca en los efectos del cambio climático, que “afecta a todos, pero afecta más a los sectores más vulnerables, a los pobres del campo y la ciudad”, expuso a El Sur el responsable técnico, Alfredo Pineda Gómez.
Se titula Organización Social y Agroecología: Estrategias de Resiliencia Frente al Cambio Climático en el Sistema Café de Atoyac de Álvarez y Coyuca de Benítez, Guerrero, está integrado por ocho profesores y 13 estudiantes de las Facultades de Economía, de Ciencias Químicas y Biológicas, y de Ciencias Agropecuarias y Ambientales de la UAG.
Es un retorno al “compromiso social” de la academia como en tiempos de la Universidad-Pueblo porque “lamentablemente la universidad ha cambiado de rumbo y ha abandonado el proyecto de vinculación con los sectores populares y el compromiso con los sectores más marginados, y se ha encerrado en su zona de confort de los maestros y los estudiantes en las escuelas, aislados de los problemas sociales”, dijo Pineda Gómez, universitario que vivió aquella época.
Desde su perspectiva, los grupos políticos han utilizado a los productores de la Sierra de Atoyac como clientela electoral sin el ofrecimiento de un proyecto que impacte en su calidad de vida, cuando “el café es una de las grandes oportunidades para el campesino minifundista en la Montaña y en la Sierra”.
El precio internacional del café está subiendo por las sequías y las heladas en Brasil y por los aranceles del gobierno estadunidense de Donald Trump, pero en Guerrero sigue baja la producción.
“El café es un producto netamente comercial que genera altas ganancias, pero quien gana no es el productor, es el intermediario, es el comerciante, las grandes empresas”, expuso el profesor de la maestría en Economía Social tras el cierre del foro llevado a cabo en la comunidad El Paraíso el miércoles de la semana pasada en el Día Internacional del Café.
El compromiso de los profesores participantes es “fomentar la organización de los cafetaleros, la conciencia de los cafetaleros, para que adopten estrategias que mitiguen, que disminuyan el efecto del cambio climático, que son la agroecología y la comercialización de su producto de manera que le dé valor agregado”.
Se trata de cambiar la tradicional forma de vender el café capulín a precios bajos para obtener mejores ganancias, “el café es una alternativa para elevar el nivel de vida, lograr la paz, evitar que los jóvenes opten por el camino de la delincuencia y que encuentren en el café una oportunidad para que no abandonen el campo y fortalezcan el ingreso de las familias campesinas”.
El recién presentado Café Bienestar del gobierno federal ha resultado en un beneficio “muy limitado, no suficiente”, por lo que se necesita abrir nichos de mercado, no sólo en el resto del país, sino en Estados Unidos y en Europa.
El diagnóstico inicial de la investigación parte de que los caficultores de la Sierra de Atoyac tienen una fuerte tradición organizativa que se fue deteriorando con el transcurso de los años por varios factores, entre ellos la inseguridad, entonces actualmente “cada quien busca comercializar su producto por su cuenta”.
Además, los campesinos siguen utilizando agroquímicos pese a la capacitación en bioinsumos que reciben de los programas federales Sembrando Vida y Escuelas de Campo.
“Lamentablemente los técnicos, los funcionarios de los diferentes programas no se coordinan, no hay una unidad de trabajo y hay un plan conjunto de acción, entonces existe una descoordinación en la operación de los programas de gobierno y eso debilita el cambio que se debe de generar”.
En el proyecto de la UAG también participan la Universidad Tecnológica y Politécnica de la Sierra de Guerrero y distintas instituciones de los gobiernos federal, estatal y municipal, al foro acudieron productores de 16 comisariados ejidales, 12 escuelas de campo y 22 unidades aprendizaje campesino de Sembrando Vida.
Se busca la creación de tres fábricas de bioinsumos y laboratorios equipados “con personal capacitado y con algunos campesinos que se apropien que abastezca la demanda de bioinsumos a las parcelas a precios bajos y que se mejore la producción”.
Asimismo, una organización financiera, como los casos de éxito de Puebla y Chiapas, y no de fracaso como en Guerrero “por la corrupción, por los malos manejos, por la complicidad de los gobiernos, y mezclar los intereses políticos con la producción, con la economía”, como pudiera ocurrir el siguiente año con el inicio de las precampañas electorales, advirtió Pineda Gómez.
“Seguimos con el café por tradición”: Ángel Vázquez de La Estancia
Ángel Vázquez Hernández es integrante de la Escuela de Campo de La Estancia. Como parte del programa Cosechando Soberanía, en el área de acompañamiento técnico está innovando con variedades nuevas, café de calidad como el Honey, y haciendo bioinsumos con el fin de transitar a huertas orgánicas.
Otros integrantes de su familia también participan en la Escuela de Campo, “seguimos con el café por tradición, por amor al café y más que nada con estos foros cafetaleros se pretende lograr ahora sí que haya algunas propuestas de parte de todos nuestros compañeros productores para llegar a las mesas y estar frente a los gobiernos para ver cómo se nos puede apoyar”.
En 2024 “se vino muy tarde la lluvia, floreó la planta muchísimo, pero engüeró la flor, y ahorita no, ahorita la lluvia se vino muy temprano y ahorita sí se aprovechó al máximo, tenemos buena producción en todo el territorio”.
La Estancia es una comunidad enclavada en medio de un sinfín de árboles, por ello el productor tiene la sensibilidad para observar que “se nos vino la sequía muy fuerte por el cambio climático, esto influye en tanta tala de árboles que tenemos en nuestro territorio”.
Tuvo pérdidas económicas, pero “ahorita están muy buenos los precios del café, se habla que en el acopio (federal) no hubo mucha participación, no lo hay porque muchos productores ya tenemos nuestros propios mercados con cafés de especialidades, y por esa razón no se ve reflejado en el mercado del acopio que tiene el programa”.
“Pero este año, si Dios quiere, ahora sí hay mucho café, todos los productores estamos contentos porque va a haber producción y yo creo que el acopio del café va a ser de mayor cantidad”.
“Yo soy mi propia distribuidora”, dice Salomé Martínez de Rincón de las Parotas
Salome Martínez Vázquez tiene 63 años, empezó a sembrar café porque es la “reliquia” que sus padres le dejaron, “el café es muy sabroso, además que lo consumimos, sabemos que el café te da energía, aparte te relaja el café y pues lo consumimos, nos lo daban hasta en mamila”.
Originaria de la localidad Rincón de las Parotas, el primer pueblo de la carretera al subir de la cabecera municipal a El Paraíso, desde 2016 se dedica de lleno a la siembra del café en El Porvenir-Limón y lo vende procesado para obtener más ganancias.
“El acaparador nos afecta porque ellos nos los compran en un precio muy bajo y pues ahorita el peón está a 300 pesos el día y ya no nos alcanzaría para limpiar nuestras huertas; el acaparador compra el kilo como a 80 pesos y el precio que a nosotros vendemos anda entre 150 pesos el Oro Natural, y en polvo el más bajito en 250”.
Ella lleva personalmente su producto a Zihuatanejo, arduo trabajo porque “lo que más falta a los productores es sacar nuestra cosecha porque no tenemos caminos para que llegue un carro, tenemos que sacar el producto con bestias y eso se nos dificulta”.
En la Escuela del Campo del Rincón de las Parotas está aprendiendo a aplicar bioinsumos en vez de los agroquímicos que afectan al suelo y a la salud, “el ser campesina es duro, pero también es un trabajo honrado porque te desarrollas en el campo y pues ahora sí que no andas acá haciendo trabajo y andas trabajando para otras personas”.
La productora de 6 hectáreas observa más mujeres participando en el campo gracias a los apoyos oficiales, por ejemplo, el dinero anual que les da la Secretaría de Bienestar federal para sembrar café, “uno se tiene que desarrollar como mujer en el campo para ir también desarrollando el trabajo, es difícil, pero no es tan difícil”.
Pero las nuevas generaciones no se están involucrando, “el chamaco ya no quiere café”, los jóvenes migran, no les gusta el campo “porque el sol está caliente”.
Sembró hace unas semanas plantas de café con el apoyo económico que le dieron, tardan tres años para cosechar, pero tiene más plantas de años anteriores que va a empezar a cosechar en diciembre próximo hasta febrero.
Ramón Gracida Gómez / Foto: El Sur


