
Acapulco, Guerrero, a 21 de abril de 2025.- De regular a mala así consideraron la primera semana de la temporada vacacional de Semana Santa los comerciantes de playa de Puerto Marqués, viernes y sábado fueron los días en que hubo más gente, los otros días estuvieron “flojos”.
Puerto Marqués es una zona de playa donde los vecinos del lugar tienen la actividad turística como su principal fuente de ingresos, la mayoría son comerciantes o prestadores de servicios turísticos, pero también se dedican a actividades primarias como la pesca.
Este domingo de Pascua en una visita a esta zona de playa, se pudo ver a decenas de vendedores de playa caminar de un lugar a otro por la estrecha franja de arena que hay en este lugar luego de que se construyó un muelle que alteró la zona.
El lugar es muestra de resistencia de los vecinos del lugar ante el clima y el desplazamiento forzado por la introducción de proyectos que afectan el entorno como el muelle que les quitó la playa y los restauranteros construyeron galeras sobre el mar para no perder visitantes, el huracán John destruyó 13 restaurantes, ahora son accesos a playa, estacionamiento o ya reconstruyeron galeras para seguir con la venta de alimentos.
Otra característica del lugar es que no hay límites legales, los marquesanos se dan permiso para hacer todo aunque se violente la norma. Pueden tomarse los lugares públicos y rentarlos, utilizar animales exóticos como fuentes de ingresos o bloquear la calle para impedir el paso.
Los tiradores
En Puerto Marqués todo es comercio, los tiradores, como les llaman a los promotores que invitan a los vacacionistas que llegan al lugar a los restaurantes de playa son los que distribuyen a los visitantes en los restaurantes en la zona de playa frente a la cancha.
La cancha de basquetbol que estaba techada, la cubierta se la llevó Otis y ahora es un estacionamiento que tiene un costo y para evitar que los automovilistas lleguen de repente sobre la vialidad hay postes tirados que sólo se mueven cuando se autoriza que dicho vehículo puede pasar previo acuerdo con los tiradores.
Los tiradores están en las banquetas de la costera Miguel Alemán, tienen un estilo agresivo para invitar a los vacacionistas, se atraviesan sobre la carretera cuando se acerca un vehículo y se le ponen enfrente, con una mano le marcan el alto para obligar al conductor a bajar la velocidad y detenerse para ofrecerle espacios en la playa y lugar para estacionarse, ese es el primer filtro que deben pasar los visitantes una vez que esquivan a los tiradores, mas adelante están los promotores de los restaurantes hombres y mujeres que con menú en mano invitan a los vacacionistas a pasar a sus restaurantes, ofrecen alberca, vista al mar y playa, luego sigue una valla que impide el paso a Majagua, en el lugar están apostados otro grupo de prestadores de servicios que impiden a los automovilistas transitar libremente, cierran el paso y les dicen ya está lleno, que ya no pueden pasar para obligarlos a quedarse, los que van en vehículos dan la vuelta en el retorno y los que van a pie siguen de frente sin atender a los promotores que bloquean el paso.
Toda la costera Miguel Alemán que cruza por el poblado está llena de puestos de diferentes mercancías y pequeños restaurantes donde venden comida de playa, realmente es imposible que un vehículo se pueda estacionar en el lugar, la zona para estacionarse está del lado de la laguna, donde también se paga por el espacio en la calle.
Una mala temporada para Acapulco
Las palapas que estaban sepultadas de arena luego del huracán John ya no están construidas con palapas de palma, ahora son de lámina roja de plástico, los espacios en la sombra tienen un costo de 500 pesos, con cuatro sillas.
Del lado izquierdo de la cancha está la cooperativa de pescadores que construyeron sus propios restaurantes, pero que los tiradores no les llevan gente, ellos indicaron que reciben visitantes locales que no se quedan en la entrada y que buscan la zona de playa menos saturada, de acuerdo con los restauranteros, esa zona de playa tiene mala fama, les dicen a los vacacionistas que de ese lado de la playa hay asaltos, pero los cooperativistas sostienen que los robos ocurren en las zonas de playa más saturadas.
Consultados sobre la temporada vacacional, los restauranteros de esta parte de la playa en Puerto Marqués opinaron que la temporada va regular, el sábado hubo mucha gente pero hay poco consumo porque los vacacionistas traen sus alimentos y bebidas y sólo les rentan las sillas y las mesas. Algunas personas solicitan alimentos a otro restaurante.
Un pescador opinó que la temporada vacacional de Semana Santa ha sido mala para Acapulco por las noticias “diario hay muertos” y por el mar de fondo.
El comercio
En Puerto Marqués se contaron medio centenar de diferentes productos en venta, el comercio en playa es una actividad que realizan principalmente las mujeres, que recorren kilómetro y medio de playa cargando su mercancía en la cabeza y en los brazos.
Los artículos en venta en la playa van desde los tradicionales aceites de coco hasta fotografía con boas. Ayer un hombre, paseaba con una boa de poco más de un metro de largo entre sus brazos y la ofrecía para tomarse fotos, 30 pesos la experiencia, el animal buscaba enroscarse lo llevaba sujetado de la cabeza y con la boca cerrada con diurex para darles más confianza a los vacacionistas, algunos gustosos pagaban para posar frente a su celular con la boa enroscada en su cuello.
Otro tipo de producto en venta es escribir el nombre en un granito de arroz. El éxito de la temporada son los camarones hervidos, se sirven con salsa picante, limón y sal y se venden en bolsa por la cantidad que deseen, ayer se vio a más de una docena de mujeres con este producto en venta, anteriormente era usual en las playas de Acapulco vender los charales en bolsa como botana, ahora son los camarones hervidos. Una de las vendedores de esta botana dijo que tienen más demanda que los charales y en la playa se vio en muchas mesas las bolsas con los camarones.
Pero en la playa también se venden cocteles de fruta, el mago acompañado de sandia, melón con salsa, limón y sal, donas, tatuajes, tapetes, salvavidas inflables, ostiones, algodones de azúcar, collares, gelatinas y cremas, quesadillas, pay de queso, huevo de codorniz, peluches, llaveros, llaveros, iguanas de goma, pulpas de tamarindo, dulces de coco, plátanos fritos con leche condensada, juguetes de playa, pulseras, tamales, hamacas, ropa de playa, llaveros, destapadores, dulces, nieves, chicharrones, chilate, arroz con leche, plata, empanadas, artesanías de barro, plantas en macetas hechas con conchas de coco, sombreros, sandalias, brochetas de camarón, volcanes, paletas de hielo. Además de las actividades típicas de playa como paseo en lancha, renta de motos acuáticas y paseos en la banana, meseros y meseras.
De los más de 50 artículos en venta, sólo una docena de ellos son ofrecidos por hombres, la mayoría son mujeres quienes encuentran en el comercio una manera de generar ingresos.
En una conversación entre comerciantes de playa, una mujer vendedora de empanadas de arroz, contó a uno de sus compañeros que a las 12 del día, en Majagua con playa llena, sólo vendió dos empanadas, a manera de reflexión dijo: “quizá llegué temprano, todavía no tienen hambre”, su compañero, vendedor de hamacas le hizo notar que los visitantes ya no consumen, que traen todo de fuera.
Con los vacacionistas que se pudo conversar, dijeron que vienen de la Ciudad de México, que ven que Acapulco está más recuperado.
El impacto de John
Los daños causados por el huracán John aún son visibles en Puerto Marqués, los restaurantes afectados por la gran cantidad de agua que arrastró el meteoro siguen en ruinas con el riesgo que eso implica para los vacacionistas y los mismos restauranteros, algunos removieron los escombros y construyeron cabañas de madera como el caso de los restaurantes Celia y Lucerito, otros retiraron el escombro, rellenaron con tierra y habilitaron el espacio como estacionamiento y acceso a playa, pero junto a ellos están las construcciones inclinadas que no derribó el huracán pero están en riesgo de colapso.
Uno de los trabajadores del restaurante Celia, dijo: “el gobierno dijo que nos iba a ayudar, pero no sabemos cuándo”.
Texto: Daniel Velázquez/ Foto: Jesús Trigo


